Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SEGOVIA ARTÍSTICA. E L PARRAL i L Noroeste de la ciudad, en cí pintoresco valle que fertiliza el Eresma, a ¡pie de las peñas grajeras y medio oculto entre la fronda de secular alameda, hállase emplazado este ruinoso monasterio, que en 1447 hiciera construir el príncipe D. Enriciue, a instancia del poderoso D. Juan Fernández Pacheco, el ir. írig ante marqués de Villena. Según la tradición cuenta, salió un día desafiado el aventurero marqués á estas afueras de la población, donde desde remotos tiempos existía una pequeña ermita dedicada á la Virgen del Parral. Llegado adonde esperaba encontrar solo á su adversario, le haüó acompañado de dos más. Al verse sorprendido, invocó el nombre de la imagen, y con voz entera dijo: infame; no te valdrá tu cobarde estratagema, porque si uno de esos en quien fias no me engaña, lucharemos dos á dos. A este rasgo de ingenio q. ue desconcertó á sus adversarios, sembrando la desconfianza entre ellos, debió el turbulento magnate salir con bien de tal aprieto. Y en agradecimiento á la Virgen, concibió la idea de substituir la humilde capilla por un grandioso convento, encargando de la traza general del edificio al segoviano Juan Gallego. Al exterior, ofrece grande y severo aspecto. Domina la caliza en su construcción: esa piedra que bañada por el sol adquiere áureos reflejos. Edificado en época de transición, en él aparecen hábilmente combinados los estilos ojival y plateresco. En el sencillo hastial se perciben ya muestras de ello al admirar la elegante portada gótica de doble entrada, no llegada á terminar; junto á la cuadrada torre de felices proporciones, rematada por Juan Campero, una espléndida diadema que orgullosa luce las primorosas galas del renacimiento. Dedicado el convento á los Jerónimos, no es de extrañar que la iglesia sea grande, clara y de una sola lave; con capillas laterales, como acostumbran á serio todas las de la Orden. Ostenta bóvedas de crucería, y al entrar, el presbiterio absorbe por completo la atención del visitante. Enfrente, el grandioso retablo, bien distribuido en cinco cuerpos y varios cuadros, tallados con alguna tosquedad; pero dorado y estofado con mucho acierto. En conjunto, es una importante obra del renacimiento, en cuya construcción tomaron parte artistas tan hábiles como Francisco González, Juan Rodríguez, Jerónimo Pellicer y Diego de Urbina. A cada lado, y uno frente á otro, están los soberbios enterramientos de! fundador del templo y de su primera esposa, doña María Puertocarrero. Carecen de inscripción, son de alabastro y pertenecen al estilo pintoresco. En grandes huecos aparecen en ac titud de orar los bultos del marqués y la marquesa; los cuales reflejan con gran naturalidad el carácter hosco y altanero de él, que contrasta con el dulce y apacible de ella. A nuestro modo de ver, perjudica á tan h- ermosas esculturas la excesiva importancia que su desconocido autor dio á los fondos de las hornacinas, donde en alto relieve se hallan representado. con gran realismo el descendimiento y el entierro del sagrado cuerpo de Jesucristo. En el ala derecha del crucero y empotrado en un nicho, situado junto á la puerta de la sacristía, existe parte de un magnífico sarcófago de afiligranada labor gótica con la estatua yacente de una dama, envuelta en bien plegadas tocas. Según el trozo de epitafio que conserva, en él reposa la muy magnífica señora doña Beatriz Pacheco, hija del muy magnífico señor D. Juan Pacheco, maestro de Santiago, marqués de Villena y señor de Escalona... Por sendas goteras llora su soledad y ruina la abandonada iglesia que tantas bellezas guarda... En las jambas de los altos ventanales, y talladas por Sebastián de Almcnacid, se ven figuras de tamaño superior al natural, representando á los apóstoles... Grandes puertas adornadas de follaje dan paso á las desmanteladas capillas laterales... Por todas partes, blasonadas laudes recuerdan la ilustre estirpe de los que allí yacen... Al recorrer las soleadas celdas, desde las cuales se divisan en completa ruina los claustros y las galerías al recorrer aquellos amplios salones con artesonados techos, que tantas veces cobijaron á los Reyes Católicos cuando bajaban á visitar á tan esclarecidos varones como fray Juan de Escovedo, y el prior, Pedro de Mesa; al recordar el esplendor de! monumento en otros tiempos y ver la triste situación en que hoy se encuentra, el ánimo se embarg; de honda pena... Años ha que su numerosa biblioteca, rica en valió sos inmuebles, códices y libros de horas, se sacó dallí para servir de base á la provincial, y que la se vera sillería de nogal que adornaba el coro, obra d Bartolomé Fernández, ocupa en Madrid una sala de: Museo Arqueológico. Muy pronto habrá que pensar en poner á salvo li mucho que aún queda entre aquellos muros si lo; Poderes públicos siguen desatendiendo como hast; aquí las reiteradas gestiones que para incluir el Pa rral en la lista de los nacionales, ha hecho la digna comisión de Monumentos. Pues el crujido de las vigas, el chirriar de las puertas y el golpeteo de las ventanas que mueve el viento, son las últimas voces de auxilio, son los ayes lastimeros, que al presagiar su inminente ruina, lanza un día y otro día el vetusto onastcrio. PELAYO ARTIGAS.