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CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES J 9 DE O C r U B ü I as entraves han desaparecido; pero algunos modistos siguen lanzando modelos tan estrechos como si estuviesen entraves. Afortunadamente, las verdaderas elegantes los consideran como una extravagancia de tiempos remotos; pero las que se visten siguiendo á ciegas el consejo de la modista, continúan siendo víctimas de una moda que, sobre sus infinitos inconvenientes, tiene el de ser horriblemente fea. Que la crinolina no ha resucitado, como anunciaban algunos pájaros de mal agüero, ya lo hemos visto. L a s faldas, con bastante vuelo, acarician más que nunca las líneas de la silhoiiette. Los talles, un poco cortos, con tendencia al estilo Directorio, que es tmo de los más graciosos que ha ideado la moda desde hace cerca de dos siglos, son muy bien recibidos. Las mujeres esbeltas se acogen á ellos con verdadero entusiasmo, porque saben que un talle bien hecho tiene dobles encantos cuando se adivina á través de tma tela ligera, que cuando se dibuja aprisionado entre los pliegues de un cinturón. Los tissus hacen furor, siempre que se amortigüe su brillantez bajo dos ó tres gasas de distintos tonos. L a s telas soyetíses que pliegan con facilidad, son la base de todo género de toilettes. Se emplean lo mismo para el sencillo trotteur que para el traje de visita y el vestido de baile ó comida. L a moire fluide satinée, en todos los colores neutros, corbean, bitmne, inyrtil y elephant, son los predilectos, cediendo el primer puesto al recién llegado, que, sin duda en recuerdo de Chantecler, ha sido bautizado humorísticamente con el nombre de patón. O t r a tela preciosa, por su brillo y su solidez, es el raso Janiis; tiene dos c a r a s por un lado, los reflejos luminosos de la seda, y por el otro, el mate satiné, qne es una preciosidad. I or todas partes se oye hablar de un tailleur en Janus, de un gran abrigo rodeado de renard, ó de skungs en Janus fer ó fimiée de Londres. M u y elegante la costura de Janus n e g r o la falíla formando canesú, con galones mohair, es una novedad completamente inédita. U n cuello marinero del mismo raso, sujeto con corbata de tul, terminando con unas borlitas de oro viejo, completan tan atractiva toilette. i Cuántos kodacks indiscretos sorprenderán al paso esta novedad, tan llena de originalidad! L; rUn tailleur, de sorprendente distinción, puede confeccionarse con paño cibelina noir glacé. L a levita hasta el suelo, y completamente floja, a, delgaza extraordinariamente. E l chaleco Luis X V de raso negro bordado con oro viejo y sedas de matices descoloridos, es de un efecto soñado. E n la actualidad no se puede considerar como un oficio la confección de vestidos y abrigos, porque realmente es un arte. Y a no nos contentamos con que nuestros modistos copien un figurín y corten de modo irreprochable ahora les exigimos que estudien nuestras figuras, nuestras fisonomías y hasta nuestras posturas favoritas, y que, después de un detenido estudio, creen tm modelo que modiñc uc los defectos, que por desgracia casi todas tenemos (no digo todas porque entre mis amables lectoras hay muchas que son un conjunto de perfecciones) Pero, volviendo al modisto, exigimos que modifique las imíperfecciones, que haga resaltar las bellezas (esto es lo más grave) que las invente cuando no existen. También es cierto que ellos, en cambio, imponen su soberana voluntad, y hay que someterse sin vacilaciones. L a s personas observadoras disfrutamos de algunas escenas muy graciosas recorriendo los salones de las grandes casas, admirando mil preciosidades, sin abstraemos en absoluto, para poder escuchar diálogos como el siguiente, sostenido entre una monísima extranjera y el modisto. ELL. A. -Quisiera ese vestido exacto al modelo, pero en liberty celeste. EL. -Imposible, señora. Usted no puede vestirse de celeste; es muy morena. Se lo haré en tonos amarillos. E L L A -B u e n o como usted quiera; pero la forma igual. E L (colocándola entre dos espejos) -Imposible, señora, si no se hace inmediatamente un corsé. Con esa silhouette no pretenda ponerse un traje Imperio. ELLA (en tono sumiso) -En cuanto salga de aquí iré á casa de la corsetera. Veamos ahora los sombreros. (Habla en voz baja con ¡a que le acompaña, y volviéndose al tirano dice con timidez. Este me g u s t a voy á probármelo. E L ¡P e r o señora! Imposible esc estilo no va con la nariz retroussé; Iz. señora se llevará éste. que es el indicado para su perfil. E L L A (llevándose la mano á la naris, visiblemente contrariada, dice en su idioma) -Este hombre es insoportable de impertinente. De buena gana me iba sin encargarle nada. E L (entiende aquel idioma y contesta imperturbable) -Como la señora q u i e r a pero mi arte no cede ante caprichos. E L L A (suspira, y poniéndose los guantes, contesta) -Envíeme el sombrero c ue usted quiera, y en cuanto tenga hecho el corsé, volveré. N o hay más remedio; para ser elegante es preciso, en líneas generales, seguir los consejos del modisto; pero la que tiene en sí misma la elegancia, que, como. todo arte, nace, pero no se hace, no puede ni debe extremar su sumisión ni prescindir del cacliet propio, que es siempre el que mayores encantos reúne. CONDESA D A R M O N V I L L E