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cola del bicho y siendo premiados su agilidad y su arrojo con una ovación. Cacheta (Leandro Sánchez y Paredes) nació en Bolaños el 13 de Mayo de 1861. No tenemos noticia de cómo se reveló en él la afición al toreo, y s- ólo sabemos que toreó en varias poblaciones francesas con Villarillo, y que en ellas, viendo á los écarteurs landeses practicar. el salto de testuz, debió de aprender el que luego le dio nombradla. En Madrid se presentó como banderillero en la novillada de 30 de Marzo de 1884, y figuró como matador de novillos por primera vez el 23 de Noviembre del mismo año. No le acompañó entonces la suerte, pues por haber sido cogido y lesionado no llegó á matar ningún toro. bia, con motivo de un pleito que allí tenía, y desde entonces no se ha vuelto á saber de él. Ni su familia ha tenido noticias. P. P. CHANELA. LA ETERNA LUCHA M o es de hoy ni de ayer la lucha entre ganaderos y toreros, en lo que respecta á la forma en que se han de picar los toros. No es invención de los diestros actuales, como quieren hacer creer los que en las disquisiciones sobre toros y toreros muestran más lástima hacia el animal que hacia el hombre. Hace más de un siglo que los picadores querían unas puyas y los ganaderos otras, y ni entonces se arregló la cuestión ni ahora tampoco hay conformidad de pareceres. Ganaderos y diestros acordaron un modelo el año igo 6, modelo que sé impuso de Real orden para todas las plazas españolas, y, á decir verdad, fué muy mal estudiado antes de su implantación, especialmente por los ganaderos, que probaron saber muy poco de lo que á ellos interesa más directamente. No hace mucho. leímos que en Sevilla se trataba de reformar el Reglamento, y al efecto se habían reunido, entre otros, los toreros retirados Antonio Carmona (Gordito) y José Sánchez del Campo (Cara- Ancha) y el ganadero en a c t i v o D. Eduardo Miura El hecho de no ser un ganadero retirado también, ó de no figurar en la comisión un torero en activo, nos hizo suponer que algo se preparaba en contra de éstos, pues sabidas son las relaciones poco cordiales que la Asocien de ganaderos tiene con los toreros desde que se puso al descubierto el asunto de los Miuras. En efecto, la reforma del Reglamento sevillano tiene ciertos puntos que se han puesto á la vergüenza pública con motivo de la celebración de las corridas de toros celebradas en Sevilla por la feria de San Miguel. Todos ellos son á cual más absurdos, y parece mentira que se hayan aprobado por quienes entienden de lo que son las corridas de toros. Se quiere obligar á los picadores á que esperen la salida de los toros más cerca del chiquero que lo hacen en la actualidad, sin que nadie acierte á explicarse qué beneficio puede reportar á la fiesta esta innovación, si no es la satisfacción que experimente el que disfrute con las caídas de lospicadores, y en tal caso son muy tristes las consideraciones á que da lugar la sola suposición de que haya alguien que abrigue tan sanas ideas. Beneficio sí hay para los ganaderos, pues que el toro más manso ha 1 r Leandro Sánchez (Cacheta) Curado de su herida, continuó el ejercicio de la profesión, y el 14 de Octubre de 1888 le dio la alternativa en Madrid Francisco Arjona Reyes (Currito) En la corrida patriótica en que se le dio la oreja del toro, le correspondió matar el primero de los destinados á la suerte de rejones, al cual le habían puesto cuatro D. Antonio Fernández de Heredia y tres D. Rafael Rodit. Cambiada la suerte. Cacheta le dio dos pases naturales, otros dos con la derecha y un volapié que hizo innecesaria la puntilla. El toro e: ra de ganadería de don Faustino Üdaeta. Leandro Sánchez ha trabajado mucho y con fruto en las plazas americanas. Hace diez años se marchó á Colom- de tropezar á su. salida con los caballos, y siempre, para los efectos de la quema, se contarán como varas los refilonazos. Respecto á esto, en la reforma que se ha indicado al jefe de Policía de Madrid se le propone todo lo contrario, y es que los picadores salgan á la plaza después que haya salido el toro, reforma muy en razón, con la que se vela por la vida de los hombres y porque no pasen por bravos los toros que no lo son. Otra de las reformas es que para no ser fogueados, basta con que le pongan á un toro tres varas, en lugar de cuatro que marcaba el Reglamento anterior. Así no habría toro que se le reputara manso, porque con los dos refilones de salida y una vara, que seguramente toman casi todos, irían muy á gusto los ganaderos en el machito. Por si todo esto era poco, otra d e las condiciones del aborto de la comisión es que el presidente no puede mandar foguear á una res hasta que ésta esté en lá plaza ocho minutos por lo menos. Para que esto fuera equitativo, se debía haber dispuesto que no se manden salir los cabestros hasta que el espada lleve cuarenta minutos de faena. Tan absurdo sería esto como lo otro; pero, al menos, sería equitativo. Se ha visto muy claro que sólo se trata de favorecer á los ganaderos, y á los diestros, que exponen algo que yale más que todas las ganaderías juntas, que los parta un rayo. Claro es que la reforma ha fracasado y no se ha cumplido, á pesar de tener todas las sanciones que eran necesarias, porque nadie la ha visto ni medio admisible siquiera. Esas cosas hay que hacerlas, ó con la intervención de empresas, ganaderos, toreros y público, ó con la del público solamente, que es, al fin, quien da dinero para todos. Con todo esto lo que se hace es que el público reaccione, y si hace dos años se puso resueltamente contra la actitud que adoptaron los diestros, puede cambiar la dirección del viento, y una vez hecho cargo de que no se buscan más que ventajas para una de las partes, ponerse al lado de la que se quiere hacer víctima, y dar muy malos ratos á los criadores. Es natural que los ganaderos busquen tales alivios. Ellos lidian reses de tres y cuatro años sin selección de ninguna clase, y como pueden salir muchos toros sin bravura ni poder, hay que buscar el modo de disfrazar ambas cosas, que son indispensables en los toros de lidia. No se aprobará la reforma indicada á las autoridades de Madrid; pero si se aprobara, muchas ganaderías caerían al hoyo indefectiblemente, ó habían de mejorar mucho sus procedimientos, y muchos toreros tendrían