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5 jg: OSX 5 á hacer la casa escombros y ceniza. las como el delincuente se turba, y aún ve obscuro el sol luciente, tomó por una orilla la contraria con su tea incendiaria, y al molino que halló á su izquierda lueg; o echó una chispa y condenólo al fuego. A la sazón el viento airado brama, y va tomando pábulo la llama. El dueño en tanto, en lo alto del granero, la vista en la otra orilla, el pecho fiero, con ansia viva espera ver la señal del triunfo en la otra hoguera. Estira el cuello, mira... ¡Qué agonía... ¡La noche cada vez es más sombría... ¡Oh- -dice, -de impaciencia me consumo... Cuando ya á bocanadas entra el humo; pronto penetra la rojiza llama, pronto huye el zorro y el socorro clama; la escalera es ya escombro... El edificio arde todo... y ve sólo un precipich) Buscando, ahogados, aire sus pulmones, sírvenle dos rendijas de balcones, y ve al lobo incendiario con cachaza mirando el espectáculo en la plaza. -Complácete- -le dice, -tu obra mira. Mas el lobo contéstale: ¡Mentira! Al destino le plugo que fueses de tus crímenes verdugo, pérfido; que expiaras el rrial que para el prójimo preparas. Sufre, sufre la muerte; que digno es el perverso de tal suerte. Dañar el hombre á veces busca en vano, y en la red pena que tejió su mano. E L B. RON DE A N D I L L A -El zer. aziztente tiene zu intrínguli. ¡Mia tú que pedirme ahora un chaleco! Y qi é zerá el chaleco? ¿Qué hará ese majadero que no sale? ¡Pascasio! i Vamos, hombre I EL C H A L E C O ¿Cómo está la mañana, Pascasio? -Muy fresca, señorito. -Entrame de ese cuarto un chaleco para poner meló debajo de la guerrera. -No encuentro, zcñorito, lo que usted rne ha pedido. -i Pero hombre, si 16 dejé yo allí anoche mismo! -i Como no zea una chaquetilla sin mangas que hay colgá en la percha!