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¿DONDE ESTÁN LOS M U E R T O S? CONTINUACIÓN E r a t a r d e el toque de silencio había sonado y a Toñín, con la confianza que los niños sienten, sin darse cuenta, porque los ángeles protegen su inocencia, se sentó en el escalón de- la puerta dispuesto á pasar la noche, seguro de que al día siguiente aquel señor tan bueno volvería á darle rancho, y q iizá le dejase quedarse allí al saber su desgracia. El le limpiaría las botas, que para eso había cogido la caja de los cepillos v betunes al abandonar su casa. El centinela le reconoció, y aprovechando un H a n pasado varios m e s e s el regimiento está formado, en traje de campaña, para ir á un pueblo vecino, donde los mineros se han declarado en huelga. Toñín, con aire marcial, ataviado de ordenanza, ostentando un letrero en la gorra que dice C u a r t o de banderas, lo que indica que allí presta sus servicios, espera el toque de corneta para echar á andar. U n a vez que han salido á la carretera se rompen filas; cada uno se agrupa á sus amigos, y el ordenanza del cuarto de banderas se aproxima al soldado que, estando de centinela, le dio albergue en su garita. El soldado le da la mano cariñosamente para que la marcha le sea men s penosa, y siguiendo la broma empezada por sus compañeros, cuenta al niño diversos episodios de fuerra, haciéndole creer que van á encontrar el campo cubierto de muertos, y que las balas cruzarán sobre sus cabezas sin hacerles daíío, porque siempre resi etan á los valientes. El chico parecía interesarse vivamente en estos relatos; pero á medida que se aproximaban al pueblo iba di. sminuyendo su alegría, y ya no preguntaba nada. Continuará. r i FÁCULAS ESCOGIDAS EL ZORRO I N C E N D I A R I O í f -t S. momento en que la más absoluta soledad reinaba en la calle, soltó el fusil, se acercó al pecjueño, le cogió con mucho cuidado y le metió en la garita, acomodándole lo mejor que pudo sobre la paja, con una ternura casi maternal para no despertarle. Toñín soñó que sus padres, desde el cielo, le colmaban de caricias, y vio una legión de niños rubios y sonrosados que le sonreían cubriéndole con unas alas blancas, muy suaves, que le preservaban de todos los peligros. El sueño tenía un fundamento real y verdadero. Toñín se sentía bajo la protección de la caridad, que es el amor más p u r o y desinteresado. A la orilla de un río, de álamos se elevaba un gran plantío entrando por la parte de la villa, y viñas sólo había en la otra orilla. A este río. vecinos se alza 1) an frente á frente dos molino; el uno, i) or lo viejo, ya sin muelas, de un zorro, picarón de cuatro suelas, que, diestro molinero, hacía a uel lugar desolladero; el otro, de una zorra muy ladina, cuatro días no más molía harina; robando parcamente, se llevaba tras sí toda la gente, mientras el zorro en su molino vela, llamada al nuevo imán su clientela. Rabioso apela á un lobo muy dañino y pide que le incendie aquel molino cuando las negras sombras se ai roximeii, ofreciéndole un premio por su crimen. Mas siendo de apartado vecindario, dio las señas el zorro al incendiario: -Entrando por la parte de la villa, el molino se ve á la izquierda orilla... -i Oh- -dijo el criminal, -no tengas miedo! -y al contrario, al tomar por el viñedo. Sepáranse los dos, la noche tiende sus sombras y una luz el lobo enciende, y por sendas ocultas se desliza 4 5 6 7 8-