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á EN EL GALLINERO -No se apure usté, señora, que esto es de mentirijillas: el traidor mata á la madre, pero, luepo. resucita. Antiycr, sin ir mus lejos, echaban La honra y la vida, que muere al final la dama y se envenenada hija, y se acabó la- función, y aquí, en la Pastelería de al lao, estaba una de ellas con un señor de patillas, comiendo unos chicharrones y bebiéndose una chica de la Rioja; el teatro es una pura mentira; yo hice de perro una ver. hace años, en La gran vía, y aquí me tie usté, señora, que ni nt han dao la morcilla, ni ladro, ni muerdo, y, vamos, que no es porque yo lo diga, pero era un perro de veras; esto se ve bajo el prisma de que na de lo que pasa, pasa; son cosas artísticas- -Tie listé razón, lo comprendo, pero me da mucha grima que maten á esa inocente, y que la roben la niña, y prendan fuego á la fábrica, y que acabe el arjto en ruinas. -Pues ya verá usté el tercero... y por Dios, no me lo diga! ¿Matan al pobre Rodolfof- -N o pero cuasi lo lisian, porqvie, luecio, los obreros fieles también se amotinan, y la muchacha se queda ciega del too. ¿De la vista... f- -Claro, es lo corriente. Cierto, no sé lo que me decía; i Pobre madre, pobre padre, pobre joven, pobre niña... -Señora, que no es pa tanto; vamos, calle, no se aflija; no llore usté más, ¡caramba! ¡mía que es usté frágil, nincha! -Es que soy como mi madre en esto de ser tiernísima; cuando picaba cebolla lloraba la pobre cita. -Exactamente lo propio que la pasaba á la mía, y á cuasi todas las madres de Madrid y de la India, y si me apura usté mucho, á los padres y á las tías, y á toos los demás parientes y testamentarios. -Diga, ¿cuántos asios faltan? -Uno. ¡Qi c pena, virgen María! ¿Y por qué la habrán matao? -Caprichos del autor, hija. ¡Qué J iereje! ¡L a mar de hereje Miste qué le importaría haberla dejao intasta. -Tie listé rarjón, ¡pobrecilla! -Mia que lo toma usté á pecho; estoy viendo todavía que la va usté á llevar luto. -Pero, ¿está usté de giiasita? -Natural de Caspe. -Hombre, pues no es pa tomarlo á risa. -Ni tampoco pa enfermar, como usté, de hipocondría; pa eso quédese usté en casa con el gato. -Y a prencipia; rállese listé. -No me peta. -Pites que le pete. ¡E n seguida! X ¡Acomodador! ¿Qué pasa? ¡Por santa Tecla bendita! que me quiten este sauce de mi lao, que m cmiquila. ¡Callarse! ¡Q u e no se oye! Silencio! ¡E s aquí, la amiga! ¿Otra ves llorando? ¡Vaya, que la oiga á usté llorar Rita! Es usté una espectadora de alivio de luto; el día que se la muera á usté alguna persona de su familia, pa mí que con tantas lágrimas se va usté á quedar vacía. NTONIO CASERO.