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EL DRAMA DE LA PASIÓN EN OBERAMERGAU 1 A Pasión del Señor con ser drama y representarse en un teatro, tiene muy poco de obra teatral. Un crítico la llamaría melodrama, pues cada acto está precedido de un prólogo, que canta el coro, el cual lo forman los amigos y amigas de Cristo. Allí vemos, con perfecta unción, á Nicodemo, Lázaro, Magdalena, Verónica, Martha, etc. Entre los 20.000 viajeros que aproximadamente acuden, cada diez años, á la temporada de Oberamergau, presumimos que la mayoría no van en busca de una diversión trivial, ni con el espíritu severo de la crítica, sino atraídoi por una idea inás elevada y romántica: la sublime piedad religiosa. Este año, c ¡público de Oberamergau lo ha formado una romería vie católicos fervientes, que han. tributado al Divino Redentor el homenaje de una oración sin palabras que no se aprende en ningún libro, pero que nace espontánea en el corazón, se concentra íntima en el dolor y que se manifiesta con lágrimas. La Pasión del Señor no es una pieza teatral, ni e: posible juzgarla literariamente. Encierra algo superior á todo arte y á toda literatura, esto es: una narración continua y bien ordenada de una verdad, de una gran verdad humana, que conmueve aun á los inirédulos; porque, con sencillez y simplicidad, los humildes alpinos hacen revivir á través de los siglos transcurridos el horrible y cruel sufrimiento de un ser divino ó humano, según le juzguen los materialistas, lo que no impide que la Pasión del Señor haya sido cruelmente dolorosa. Oberamergau es un pequeño villorrio, compuesto de 14.000 habitantes, de los cuales 700 toman parte en la representación. Uno de los señores del lugar, que goza fama de santidad, Antón Lang, representa el papel de Cristo, sin pretensión y con dignidad. Cuentan que el año 1633 se declaró una plaga que arrasaba el pueblo, y que los aldeanos, como obra expiatoria, ofrecieron representar el más antiguo drama de la Pasión que existiese. Desde esta época cumplen regularmente dicha promesa cada diez años. Los actores, á pesar de no ser comediantes y de no haber estudiado en Conservatorio alguno, son excelentes artistas y tienen voces frescas y naturalmente armoniosas. Y la tradición religiosa heredada por los hijos del lugar, contribuye á que, con su ingenuidad y su místico fervor, logren emocionar al auditorio con mayor facilidad que los más eminentes trágicos, á pesar de encontrarnos lejos de un centro c e cultura, en el valle frondoso de obscuro verdor, en medio de casitas blancas como palomas, en un teatro improvisado al aire libre, que tiene por fondo la montaña perdiéndose entre las nubes. El aspecto en general de la representación, más que mímico es plástico. Las actitudes inamovibles durante espacios prolongados, los pliegues de los mantos y de las túnicas, que conservan su rigidez ritual, y, en general, todos los detalles, perfectamente estudiados, producen una ilusión completa escultórica. A ello contribuyen agradablemente los preciosos cuadros vivos, representando escenas de la Bibliai mientras los coros entonan un canto hermoso en su monotonía conventual. El drama principia con la entrada de Jesús de Nazareth en Jerusalén, y sin apartarse de la narración sagrada en sus más mínimos detalles, nos hace presenciar vivificada esa epopeya del mártir del Gólgota, de amor, de sacrificio y de dolor, jamás suficientemente apreciada por la humanidad. La 1 epresentación termina con una apoteosis final: la resurrección de Jesús Cristo, Nuestro Señor. El público se retira silencioso, poseído de un sentimiento de piedad religiosa, casi sin producir ruido, á pesar de que lo forman 4. Í 00 personas, lo que nos hace pensar que la Iglesia, perseguida antaño por los enemigos de nuestra religión y hogaño por los mismos católicos, no dejará jamás de tener fervientes adeptos por los siglos de los siglos EVANGELINA.