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encantadora Eugenia de Monlijo, emperatriz de Francia, cuya belleza obscurecía los brillantes reflejos de sus largos pendientes, y un impulso, deliciosamente femenil, las induce á proteger la resurrección de los pendientes encanto de nuestras abuelas. Lo que para una generación es ideal, para otra no representa nada; se dice touf casse, tout passe; pero debe añadirse tout revit. Los camafeos preciosamente tallados, los hilillos de brillantes terminando en una perla, las esmeraldas montadas en plata y los esmaltes rodeados de diamantes, han sido y serán siempre los favoritos de toda muier bonita. Las partidarias de lo práctico alegarán en favor de su oposición que son incómodos, se enganchan con el velillo y tropiezan con los cuellos almidonados: y añadirán que en los tiempos ei. que la mujer no hacía la vida activa de nuestros días, podía usar esas preseas, pero que hoy están completamente en dcs. acuerdo con las costumbres modernas. Empecé diciendo que los extremos siempre son perjudiciales y lo repito. Creo que todo puede compaginarse. La actividad, sana para el cuerpo y para el espíritu, no se avendría á pasar la mayor parte de la mañana ante el tocador con la cabeza entre las manos de un peluquero esto sería un retroceso; pero, ¿por qué al volver de su paseo matinal, ó de jugar un partido de golf, al cambiar de toilette, no recordar que la divina Providencia las ha dotado con muchos atractivos genuinamente femeninos? Para la calle, que se vistan todo lo- más prácticamente posible pero en casa, que dejen su cuello blanco flexible en libertad, que cubran su busto con un delicioso encaje, amarillento por el transcurso del tiempo, y que adornen sus orejas con pendientes largos, evocando épocas lejanas, en las cuales se era menos práctico, pero más feliz, iwrque se sabía soñar. DE TIENDAS C ada día se hace más indispensable le sac á main; con la actual forma de vestidos es imposible que las señoras encuentren medio de llevar el pañuelo y el portamonedas más que en el saco. Los fabricantes, convencidos de la necesidad absoluta de ese artículo, procuran perfeccionarlos con objeto de hacerlos cada vez más prácticos. Le sac Enghien, que al primer golpe de vista no dice nada porque se diferencia muy poco ó nada de los más vulgares, examinándolo detenidamente se aprecia su superioridad sobre los que hasta ahora se conocen. Está provisto de un mecanismo que le preserva de los rateros más experimentados. Tiene un bolsillito en forma de hucha con una abertura automática, que sólo la persona que conoce el resorte puede hacerlo funcionar. Su utilidad será siempre muy grande; pero, sobre todo, en los sitios donde la afluencia de gente favorezca á los escamoteadores de bolsillos. TTntre los miuchos objetos, en su mayoría útiles, de que están provistos estos grandes bolsillos, ninguno lo es tanto como el diminuto reloj, que en uno de los rincones se esconde debajo de una carterita algodonada para preservarlo de algún golpe. Fs cuadrado, con un cerquito de oro, y tiene su caballete para colocarlo sobre una mesa todo el tiempo que no sea preciso llevarlo en el bolsillo. Cuando se trata de hacer un regalo á personas con quienes no se tiene suficiente confianza para preguntarles lo que desean, la eleccicn de un objeto bonito y no mu 3 costoso constituye un verdadero conflicto. El bolsillo con su diminuto reloj, seguran. entc satisfará el gusto más exigente. Ii í 3 i t ¿J X tl COMEDOR Estilo alemán moderno. Muebles y decorado de gran sencillez y elegancia. Modelo del proíesor Bruno Paul, de feerlín. De a Revista Deutsch Kunst und Dekoration