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mmi EK ímem ñ PAGINAS F E M E N I N A S CRÓNICA DE PARÍS MlFÜCOl ES 1 1 DE OClUB iE F o d a v í a no puedo dar detalles exactos sobre las toilettes marcadamente de invierno. Por el momento, me limito á decir cjue sigue en boga la encantadora combinación de pieles y telas ligeras. Este año, la baronesa H de R. á fin de Agosto, lanzó á la calle el primer modelo de tan arriesgada combinación. Su vestido era i recioso: de batista blanca, bordada á plumetiz con grandes bandas ie armiño. Después, sobre este tema, se han hecho infinidad de variaciones, pero ninguna tan afortunada. Algunos pretenden encontrar esta moda falta de lógica, pero quién puede pensar ciue la moda tenga lógica? Lo único que debemos exigirle es que sea artística, graciosa y elegante. Si llena estos reciuisitos, cumple en absoluto con su deber. Ahora bien; los partidarios de estas combinaciones no pueden enorgullecerse considerándola invención de su tiempo, porque infinidad de retratos de la escuela inglesa nos deiriuestran que hace muchos años se usaban pieles y gasas intimamente unidas. Acabo de ver, como última novedad, un tailleur de liberty con quillas de piel. Parece que las quillas, relegadas al olvido hace mucho tiempo, vuelven este año á reaparecer, viéndose muy bien recibidas. N o hay más remedio que proclamar la graciosa mezcla de pieles y telas vaporosas, cuj o remedo se prolongará hasta muy avanzado el invierno, sobre todo, en las toilettes de baile y de teatro. Lo cjue no me gusta son las pieles del mismo color del vestido. Puede ser bonito en tonos grises y blancos, pero insufrible cuando se trata del marrón un poco rojizo. Este es un capricho que, sobre ser de un gusto detestable, se presta á disfrazar gatos y conejos. Las bonitas pieles cada día son m, ás difíciles de adquirir; pero yo creo que es preferible usarlas verdaderas, aunque modestas, en vez de acogerse á esa excentricidad de tan mal gusto. L a escasez ó, mjejor dicho, la desaparición completa del verdadero castor, el precio de la nutria y el skungs, que valen lo que pesan en o r o el armiño y la chinchilla, que cuestan una fortuna, han contribuido á ciue vuelva á entrar en juego el topo. Su pelaje no está desprovisto de suavidad, pero tiene el grave inconveniente de carecer por completo de solidez; este defecto se procura corregir todo lo posible por un nuevo procedimiento para curtirlo. El lison y la cibelina, en proporción, no han aumentado de precio, pero nunca podrán ser pieles baratas. Sólo el astracán, absolutamente desechado, como es bonito, sólido y serio, será el recurso de las señoras razonables, que en estos momentos lo adquirirán con gran facilidad, y cuando las esclavas de la moda recurran á él porque las demás pieles se hayan agotado, se encontrarán con magníficos abrigos que en otras circunstancias no hubiesen podido tener. Los sombreros también s i g u e n el ejemplo d etoffes melangées, como lo demuestran esos monísimos bcrets Luis X V I adoptados con gran entusiasmo. El fondo, muy voluminoso, será do terciopelo negro, y el borde lo formará un encaje antiguo ó un entredós de plata oxidada, sencillamente laitonnée y puesta al aire. Los bonitos bonichon de encaje á la Grenge favorecen extraordinariamente. Las plumas ó las aigrettes se colocan á un lado y tan fuera de la calotte como si se dispusieran á volar. Las pleurenscs me parece cjue han caído en desgracia, y en cambio, las plumas rizadas vuelven á recuperar sus derechos. Las veremos como único adorno en los sombreros de mucho vestir, pero en colores completamente distintos al terciopelo. O t r o gran siiccés del momento presente, quizá dentro de ocho días ya esté relegado al olvido, son los sombreros de muselina de seda pintada. Si llegasen á ser populares, ¡cuánto van á sufrir las personas de buen gusto! porque la idea se presta á ciue todas las muchachas habilidosas con aspiraciones de artista, luzcan su talento pintando flores y pájaros. Si Dios no lo remedia, vamos á ver cada sombrero... Más vale no pensarlo. CONDESA D ARMONVTT. LK. TODO VUELVE 1 os pendientes largos, aquellos que tanto encanto prestaban á las fisonomías de aristocráticas damas, han dormido el sueño del olvido dentro de sus estuches. La pasión de lo práctico los había desterrado, como otras muchas cosas y costumbres que esa palabrita ha hecho desaparecer. Los extremos siempre son perjudiciales, y no apruebo que una mujer supedite todas sus inclinaciones y deseos á la exclusiva preocupación de xe fair belle; pero también es triste que deje de ser mujer para competir en destreza y valor con los más arriesgados sportsmen. prescindiendo de todos los adornos V aboliendo las modas aunque sean bonitas, si no son prácticas, ó lo que es igual, si pueden servir de obstáculo para la vida excesivamente varonil de la mujer moderna. A pesar del desdén con que muclias se ñoras dicen: Esto es antediluviano sacando de su joyero aquellos pendientes que sirvieron de marco á una cara bonita, y que escucharon frases apasionadas, reproches amargos, dictados por un sentimiento de celos, y hasta secretos de la más alta política, los retienen entre sus dedos afiladitos, y antes de volver á guardarlos caen en la tentación de ponérselos y mirarse al espejo. Por su imaginación cruzan recuerdos de la corte del primer Imperio y comprende que la emperatriz Josefina rindiese culto, en su alma criolla, á las joyas y á las flores, especialmente á las orquídeas, que eran sus favoritas. Luego, con los ojos de la imaginación ven la época del apogeo de felicidad de la