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instinto, y este instinto jamás me engaña; Por lo- ¿La culpa es, pues, de la casualidad? E n tanto, si cualquiera de esos dos perillanes es con- buen hora; pero no es menos inconcebible que ducido algún día ante vos, examinadle minucio- ni las señoras de Mereville ni yo hayamos tenisamente 3 yo os garantizo... do, hasta el presente, conocimiento de vuestra Interrupiósé de repente, porque un rumor sor- domicilio. do que desde hacía un rato se escuchaba en la ¿Y para qué, puesto que yo iba todos los antesala jpróxima se hizo más perceptible, y se días á San Mauricio? -repuso con indiferencia oyó una voz que decía: el Guapo Francisco cruzando una pierna sobre la- -Repito que para mí está siempre visible; otra. -Pero no es ningún misterio; desde el día i qué diablo! Tengo que hablarle de asuntos de siguiente á mi llegada me hospedo en la posada de familia. las Cuatro Naciones, bien conocida en Chartres, Y ab- endose la puerta con estrépito, el Guapo y allí estaré hasta mi próxima partida. -Pues qué, ¿tenéis intención de dejar tan Francisco, con su traje de increíble, entró repronto la ciudad? sueltamente con la sonrisa en los labios. -Es muy probable, y confesad, primo Daniel, Daniel se levantó de un salto. Miró al oficial de Gendarmería para segurarse de si reconocía en que mi partida no os causaría un gran sentimientoaquel atildado petimetre al buhonero de la granja- ¿Y se puede saber, caballero... del Breuil, y el aspecto serio y reservado de Vas- -Mirad, Ladrange- -prosiguió Francisco, cuya seur no le dejó duda alguna acerca de ello: el voz iba tomando un tinte melancólico, -por más Guapo Francisco había sido reconocido al primer que he procurado captarme las simpatías de la golpe de vista. familia de mi padre, estoy muy distante de haberMientras Ladrange, cogido tan de sorpresa, lo conseguido. Exceptuando la señora de Mereville, que me ha manifestado algún aprecio, sólo permanecía absorto, Francisco entró sin mostrar he hallado frialdad en María, y en vos, Daniel, vacilación ni temor. Caramba, Daniel- -dijo alegremente dejándo- una enemistad mal encubierta. Conozco que mis se caer en una silla que vio desocupada; -no es maneras y lenguaje han debido disgustaros; pero no podía presumir que vuestras prevenciones concosa fácil llegar hasta vos. He tenido que tomar tra mí llegasen á revestir el carácter de las má. í por asalto la entrada de vuestro gabinete... Tal era el aplomo de Gauthier, que el mismo infamantes sospechas. ¿De qué prevenciones habláis? Vasseur no sabía ya qué pensar; pero Daniel, ex- -No tratéis de negarlo, porque las habéis macitado por la grave responsabilidad que sobre él pesaba, recobró en seguida su presencia de ánimo. nifestado desde nuestra primera entrevista. P o r eso antes de separarnos he decidido probaros que- -En efecto, ciudadano- -dijo con frialdad al no merezco vuestras desconfianzas. Guapo Francisco, -tenemos que hablar de asunAquel tono de franqueza impresionó al joven tos graves y nie alegro mucho de veros... Dejadmagistrado. Asaltábale la idea de que tal vez había nos- -dijo á los dependientes, que se retiraron al sido poco justo con aquel pariente, y se preparó á punto. -Y vos, teniente Vasseur, dispensadme un instante y tened á bien esperarme en la ha- oirle con la atención más escrupulosa. bitación inmediata; no tardaré en llamaros para- -C r e o adivinar, Daniel- -continuó el Guapa daros órdenes. ¿Tenéis aquí algunos de vuestros Francisco, -el origen de vuestra enemistad hacia hombres? mí: habéis temido que, abusando de la debilidad de- -Dos gendarmes hay abajo en el patio- -con- la señora de Mereville y de nú situación especial, testó Vaseur con prontitud; ¿hay que llamarlos? me atreviese á pedir la mano de nuestra prima, que os ama y á quien amáis. Lo confieso, al llegar aquí, -Sí, que suban, que se queden con vos, y estad hace ocho días, esperaba poder seguir á la letra las dispuesto á la primera señal. prescripciones de mi padre, y cuando vi á María, Por grande que fuese la fuerza de alma del Guapo Francisco, su situación era de las más crí- me confirmé en mis deseos; pero desde mi primera visita sospeché la naturaleza del cariño que existía ticas y se prestaba á serias reflexiones. entre vos y la señorita de Mereville, y demasiada Hallábase solo, en presencia de un magistrado omnipotente en el ejercicio de sus funciones. Ha- generoso para destruir ese lazo secreto, traté de bía oído las órdenes dadas al teniente Vasseur; la tranquilizaros con frases amistosas, pero sin dudaí puerta estaba bien guardada y parecía imposible no habéis creído en ellas. Ahora bien, ¿sabéis eis qué me ocupaba en Chartres, mientras vos tal ves: escapar ni por la violencia ni por la destreza. Sin intentabais perjudicarme en el concepto de nuesembargo, no demostraba inquietud alguna. Daniel no sabía qué pensar al ver la actitud re- tras parientas de San Mauricio? Pues mandaba posada y tranquila de aquel hombre, que se ponía extender los documentos que veis aquí y que acabarán de persuadiros de mi desinterés y espontánesimente en sus manos. lealtad. Volvió á ocupar su puesto cerca de la mesa Sacó del bolsillo dos testimonios en toda regla cargada de papeles, y dijo con cierto embara. io: ¿Por fin os habéis decidido á visitarme, ca- extendidos por un notario de la ciudad, y los enballero? A fe mía, empezaba á creer que teníais tregó á Ladrange; el uno autorizaba al ejecutor testamentario del difunto Miguel Ladrange para algún motivo para evitar mi presencia. -No es culpa mía, primo Daniel. Una extraor- pagar inmediatamente el legado de Daniel; el otro era una renuncia á la cláusula del testamento que dinaria casualidad ha hecho que no nos hayamos denegaba a María de Mereville toda reclamación S encontrado nunca.