Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
F O L L E T Í N D E BLANCO Y NEGRO LOS BANDIDOS DE LA HOGUERA NOVELA POR ELIAS BERTHET 27. CONTINUACIÓN VI EL PALACIO DE JUSTICIA J erced á los datos suministrados por la seño rita de Mereville, Daniel no tardó en dar con la casa donde se alojaba la pordiosera, y que era un bodegón ó cantina de repugnante aspecto y de muy mala fama, medio oculta entre árboles y matorrales á orilla del camino, como un ladrón, en emboscada. Daniel entró en una habitación ahumada y sucia, amueblada con algunas mesas cojas y bancos lisiados. ...No habia á la sazón consumidores en aquella sala. Una vieja, de sucios vestidos, sin duda la dueña de la casa; estaba sentada delante de una ventana, remendando ropa blanca en muy mal estado. A vista de un parroquiano tan diferente de los que de ordinario recibía, se levantó con presteza, y reparando que Daniel, repelido por la fetidez de aquel sitio, se había detenido después de dar algunos pasos, le dijo, dando á sus innobles fac- ciones cierta expresión. de amabilidad: -Entrad, entrad, ciudadano; ¿qué queréis que se os sirva? Haced el favor de sentaros. Pero Daniel se negó y, venciendo su repugnancia, se dio prisa á preguntar á la tabernera si hospedaba en su casa, hacía algunos días, á una mujer, cuyas señas dio, y que se suponía ejercía la mendicidad. La tabernera, defraudada en sus esperanzas, no pareció muy dispuesta á comprender lo que se la preguntaba. Entonces, cambiando de tono, reveló su cualidad de magistrado, manifestando que si no obtenían franca contestación sus preguntas, se vería obligado á obrar con todo rigor. Estas amenazas dieron su resultado, y la vieja recobró súbitam ente la inteligencia y! a memoria. ¡Ah! i Ah! Ya sé de quién queréis hablar- -replicó con mal disimulada turbación; -es ésa que llaman la Virolosa y que, en efecto, se hospeda en nuestra casa desde la semana pasada... Pero creo que no Jiabrá hecho ninguna maldad y nada, tendrán que decirla por haber honradamente pedido limosna á los transeúntes y á los viajeros. -Es posible; pero si, en efecto, nada tiene que temer de la justicia, ¿por qué habéis fingido al principio no conocerla? ¡Di ántre, ciudadano Porque siempre se teme causar algún perjuicio á una parroquiana... Y, además, ¿quién había de imaginar que un señor como vos tuviese nada que ver con la. Virolosa f, Como puede suponerse, Daniel estaba bien ajeno. de sospechar que aquella pordiosera, á la que llamaban la. Virolosa, fuese Fancheta 3 ernard, la hija deshonrada del antiguo granjero de su tío. Sólo había visto una vez, y muy de ligero, á Fan- cheta; y nunca la había oído llamar más que por su nombre. María, que había recibido á la mendiga en la quinta aquella mañana, tampoco la había reconocido, porque, lo mismo que su primo, no había visto á la hija de Bernard más que una vez, en una sala débilmente alumbrada y en circunstancias muy capaces de turbar su ánimo. Sin embargo, el joven magistrado prosiguió sus investigaciones sin desalentarse por el primer descalabro. -Ahora, buena mujer- -dijo con severidad, -reflexionad, bien lo que vais á responder. ¿No ha venido nadie á vuestra casa preguntando por la Virolosaf ¿No la habéis visto nunca hablar con alguien, bien aquí, bien en otra parte? La tabernera eludió la pregunta- ¡Ah! Ciudadano- -contestó, ¿cómo he de saber yo lo que hace cuando va de una parte á otra á pedir pan? Pero mirad, aunque joven aún, la pobre Virolosa no es bella y no hay riesgo en que los hombres la dirijan la palabra. Y la bruja se echó á reir. -Bien; ¿pero no recibía visitas de ninguna mujer? No tratéis de negarlo, ciudadana, porque tengo razones para creer... -Pues bien; puesto que lo sabéis... sí, sí, creo haber visto dos ó tres veces á una mujer de la ciudad venir á preguntar por la Virolosa. ¿Una mujer joven todavía, muy linda y vestida con cierta elegancia? -Eso es; nuestra huéspeda decía que era una buhonera y se encerraban en el cuarto para hablar juntas. Daniel acababa de aclarar un punto importante; no admitía duda que la buhonera que visitaba á la Virolosa era la misma que había figurado en los acontecimientos de Grandmaison. -Está bien- -dijo; ¿qué día ha venido esa buhonera á vuestra casa, por última vez, á ver á la huéspeda? -Precisamente esta mañana, y no hace una hora que han salido juntas. ¡Han salido! -exclamó Daniel alarmado. ¿Pero la Virolosa volverá? -No sé qué decir, ciudadano; ella ha pagado su gasto anoche, y acabo de advertir que se ha llevado sus efectos, que por cierto no son de gran peso, porque todos ellos cabrían en. los bolsillos de cualquier nrüujer honrada... Daniel se manifestó muy contrariado, y después de recomendar á la vieja que no hablase á nadie de su visita, salió de la taberna. Caminaba pensativo y con rapidez, y tal era su preocupación, que no divisó á veinte pasos de él un hombre bien vestido que venía en sentido inverso y que, al conocer á Daniel, se escondió tras un rnatorral á orilla del camino. Daniel pasó, y cuando estuvo á alguna distancia, elsuj. eto que había evitado su encuentro, y que no era otro que el Guapo Francisco, levantó muy dCs-