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facultades para ello. En cambio, le sobraban para la lidia y á ella se dedicó de lleno. No se resignaba á llegar por sus pasos contados á la categoría de matador; antes, por lo contrario, quería rector de lidia, justificaba la predilección que por él sentían los públicos de toda España y de América. Mazzantini renovó en Madrid la hazaña de Panchón. Ello fué el 12 de Octubre de i8 go, con un toro dt Luis Mazzantini. comenzar su vida torera estoqueando rases, y seguro de sí mismo, mató dos, bastante grandes, en Talayera de la Reina, en presencia de varios inteligentes aficionados, el año 1879. Al a ñ o siguiente, cuando tenía veinticuatro de edad, vistió el traje de luces y se presentó en la plaza de Madrid el 5 de Diciembre, revelando sus excepcionales aptitudes. Trabajó luego en Francia, y el año 1882 se trasladó á América, donde su fama creció como la espuma. Al regreso á la península, le dio la alternativa Frascuelo, el 13 de Abril de 1884, en Sevilla, y se la confirmó en Madrid, el 29 de Mayo siguiente, Lagartijo. Como torero es de los que más dinero ganaron. El fué el primero que cobró 6.000 pesetas por corrida. Practicaba el volapié con una elegancia y con una perfección insuperables, y aunque en el manejo de la muleta no sobresalía, su mérito de matador de toros y su inteligencia, no igualada por ningún otro, como di- Anastasio Martín, que saltó la barrera tras él y le encunó contra las tablas del tendido. Mazzantini se agarró á las astas de la res, la obligó á desviar la cabeza y dejarle paso, y salió de aquel arriesgado trance sano y salvo, oyendo una ovación estruendosa que le tributaba el p ú b l i c o asombrado de tanta sangre fría y tanto valor. Mazzantini se retiró del toreo después de tomar parte en más de i.ooo corridas y de estoquear cerca de 000 reses. P. P. CHANELA. LAS E N F E R M E R Í A S T r u c h a s han, sido l a s iniciativas plausibles que se han estrellado contra los mil obstáculos que salen al paso de todo; pero no creemos que se estrelle también la que ahora han tenido los toreros en lo que tiene relación con las enfermerías de las plazas de toros. Sensible es que para acordarse de Santa Bárbara haya tronado de manera tan trágica, muriendo el pobre y pundonoroso espada José Claro (Pe- pete) en la plaza de Murcia. Los clamores que con tal motivo se han lanzado hieren en lo más sensible á los menos susceptibles, y, con protestas ó sin ellas, ha quedado en muy mal lugar el nombre de los que tenían la obligación de velar por que en la enfermería no faltase nada de lo más preciso para curar, no un accidente mortal, sino uno de los muchos que ocurren en casi todas las corridas. Entre las víctimas qué han perecido á consecuencia de heridas producidas por asta de toro, hubo muchas que eran inevitables; pero, desgraciadamente, no pocas pudieron librarse de la tragedia, si tan importante dependencia, como es la enfermería, se cuidara con la exquisita escrupulosidad que debe cuidarse. En la plaza de Madrid se han curado heridas gravísimas, algunas, como la de Cerrajillas en 1900, y la del. desgraciado Pepete en 1907, que habrían sido mortales en plazas en las que hubiera faltado cualquier detalle de los que no deben faltar para atender rápidamente á un accidente de suma gravedad. La cogida que Conejito sufrió en Barcelona el 1903, habría sido también mortal en una plaza mal dotada, y mil casos más hay en los que puede decirse lo mismo. Pero, ¿por qué ha de pensarse así? ¿por qué no han de estar todas las enfermerías provistas hasta del más insignificante instrumento, quirúrgico y de aquellas medicinas que puedan ser necesarias en un caso de peligro? Los toreros, ahora que están asociados, pueden hacer mucha fuerza uniéndose de manera decidida, sobre todo en este caso concreto, en el que va la vida de muchos de ellos. Asesorados por algunos médicos prácticos en la cura de lesiones adquiridas en las plazas de toros, hanpreparado una circular que harán llegar á todas las empresas de plazas de toros de España y Francia. En esta circular hay una enumeración clara y terminante de todos los requisitos que son indispensables en. una enfermería de plaza de toros: luz, ventilación, camas, instrumentos quirúrgicos, sueros, aguas hervidas, gasas, etc. etc. Parece que los toreros están decididos á que no empiece la celebración de corrida alguna sin que antes se hayan cerciorado de la existencia de todo aquello que se necesita para realizar con probalidades de éxito las curas en los casos de mayor desesperación. Noble y heroico propósito que no debe quedar en dicho. Así como la mayor preocupación de las cuadrillas al llegar á una población en que se va á celebrar una corrida es recono-