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ÍS 3 s -se decía en sus monólogos íntimos el noble can. -i Emplear la inteligencia, la fuerza y la habilidad en asesinar á un pájaro! i Porque esto es asesinar! A mí que me den un lobo, un jabalí, un animal que tenga fuerza y coraje, con el que pueda luchar y vencerle en noble lid, y que digan: i Ese es Raff Pero esto de andar cazando oajarillos, la verdad, ni es honroso, ni es decente, ni yo lo puedo aguantar. Mi dueño hará jo que quiera después de todo, él sabrá lo que se hace; pero 3- 0 no pienso colaborar en una campana indigna de un perro decente y tal. Y dicho y hecho: salió con su dueño, y al: tirar éste, cayó un paj arillo herido en un matorral. Raff, al verlo, no íiizo caso le mandó el dueño buscar el paj arillo, y tampoco le obedeció, por lo cual se ganó dos puntapiés, y no se ganó además un culatazo, porque presumiéndose el final, tomó camino adelante á toda velocidad. Cuando el amo volvió á casa ató á Raff en el zaguán, y allí le dio una jializa tremenda, monumental. Había un hotel enfrente, donde iba á veranear una señora muy rica, que al ver tantaxrueldad, preguntó al amo- la caus- a de tanto castigo, el cual la dijo lo que Raff hizo y su decisión formal de despedirle ó matarle con tal de no verle más. Y la señora, apreciando como rasgo de bondad lo que el cazador juzgaba rebeldía criminal, acogió al perro en su casa, donde tan mimado está, que recuerda con encanto aquel rasgo de bondad que le valió una paliza y luego su bienestar. CH. 3 aunque sea á rastras, tienes que venir á mi boda i Pues no faltaba más! -Yo veré de convencer al médico, por más que dice que nesecito aún ocho días de cama pa que des- aparezca la pertodistis. Rediez! ¡Fué una coz muy fuerte la que recibí en la pierna izquierda! Pero... ¿cómo te has de casar sin estar yo á tu lau... Nada, nada, cuenta con nú. En esta confianza, se despidió mu 3- contento Telesforo de su amigo Ramón, el cual llamó á su madre y la previno que le tuviera preparada para el sábado la camisa delgada y la ropica de las grandes solemnidades. Ramón pensó, y con razón, que su enfermedad no era cosa de cuidado, sino una precaución exagerada del médico; así es que el sábado, al amanecer, ya estaba vestido de modo irreprochable, y á las seis estalla en casa del novio. Al verle éste entrar, le abrazó, y todos los amigos le preguntaron: BUENA AMISTAD p e r o hombre! ¿No te da vergüenza estar metido en la cama por una pequenez como esa? -i Y qué yoy. á hacer, si. a c me deja, el médico levantar? -Pues tú verás lo que Kaces. El sábado me caso ¿Cómo te las has arreglan pa engañar al médico? Mu fácil contestó Ramón, -L hi enseñan la pierna drecha. T. GASCÓN.