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-Venga d ahí. -Er negosio es cr negosio; de manera que quié desí, que nosotros, en lo tocante ar vino que se compre, ni olerlo. -M ha leío usté er pensamiento, compare. Vaso que sarga der barrí, perra que ha de entra en er borsiyo. ¿No es eso lo que usté ha querío desirme? -Eso mismito. -Pos trato hecho: estos son mis sinco. -Y estos son los míos. Y iras un nuevo apretón de manos, Juanito Montoya, el fundador Üe la sociedad regular colectiva Mosquito, Purgatorio y Compañía, echó á andar calle abajo, haciendo saltar alegremente dentro del vaso las cuatro relucientes plumas que constituían el capital social. Una hora más tarde, bajo un sol que achicharraba, caminaban los dos socios por la carretera del Puerto, sudando á chorros y transportando cada uno un ratito el pesadísimo barril. ¡Lo que, pesa er vino, compare! ¡Unas ganitas me están dando de aligerarle asté la carga... -Poi no piense usté en eso- -repuso Purgatorio canibiando al barril de colocación. -Er trato es trato V de aquí no sale una gota sin que venga er dinero por delante. -i E a! Pos haga usté er tavo de pararse una mijita y despácheme usté un vasito é vino, que pa eso ten j yo con qué pagarlo. Y diciendo esto, alargó á Purgatorio los diez céntimos que poseía. despacharme á mí, porque también tengo monises para enjugarme la boca. Y ceremoniosamente depositó s o b r e la abierta mano del Mosquito la misma moneda que éste le había entregado minutos antes. -Estas té en su derecho, compare; eso es lo tratao; er dinero por delante. Y Purgatorio bebió con avidez y casi con los ojos en blanco, e gusto. En marcha, compare? -añadió relamiéndose. -No, señó; cojo no voy yo ni á la gloria. Venga otro vasito. Y de nuevo pasó la moneda de la faltriquera del Mosauito á la de Purgatorio. -Lo mismo digo, compare. Y volvió á circular la moneda como antes. Y toma y daca, y despácheme usté, y vuélvame usté á despachar, se bebieron los dos compadres la media arroba de vino, pescando, como es lógico, la consiguiente pítima. -i Compare, compare... -dijo Purgatorio tambaleándose y escurriendo el barril. Sabe usté una cosa? Pos que esta socieda liquida; y no es eso lo peo, sino que yo he vendió muchos vasos. é vino, y no -Señó, mientras que usté cobre lo que yo beba, y cobre yo lo que beba usté, no creo que haiga perjuisio pa naide. -Tiene usté más rasón que un santo, compare; tome usté y que de salusita le sirva. Y Purgatorio, después de guardar la moneda que le alargó el Mosquito, sirvió á éste un vaso, lleno hasta los bordes, de aquel endemoniado pirriaque. -Ea, vamos p alante- -dijo el Mosquito chasqueando la lengua contra el paladar. -Poquito á poco, compare, que ahora va usté á tengo en er borsiyo ni un meta. ¿Tiene usté er dinero é la venta? -Yo lo que tengo son unas latiguitas mu grandes, C (mparc. -Pos er negosio es er ncgosio, y yo no paro nasta que no jaga usté arqueo. Y el Mosquito, que estaba apoyado contra un árbol, con el cuerpo encorvado y padeciendo terribles arcadas, le contestó con voz doliente: -Comparito é mis ojos, ¿más arqueo que er que estoy hasicndo? PEDRO MUÑOZ SECA. Dibujos de Medina Vera.