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ffVfT El ministro de España, conde del Cadagaa, en stt despacho particular. BLANCO Y NEGRO EN LA ARGENTINA EL R E P R E S E N T A N T E DE p r L cargo de ministro de España en Buenos Aires requiere en el que haya de desempeñarlo condiciones especiales de inteligencia, de laboriosidad, de carácter y de fortuna. De inteligencia y laboriosidad, por la importancia y magnitud de los intereses que está llamado á defender; de carácter, porque la rigidez del Protocolo haría aquí poco fructífera la labor de un ministro que no supiera captarse las simpatías particulares; y de fortuna, porque siendo éste un pueblo donde la vida es carísima y en el que se derrocha la fastuosidad, haría muy mediano papel, con perjuicio grave de su misión, el ministro que viniese sin contar con grandes recursos de fortuna propia. Por este camino, España ha dado el primer paso haciendo preceder á la em bajada extraordinaria que presidió la infanta Isabel, el nombramiento de ministro plenipotenciario á favor del conde del Cadagua. Aparte sus envidiables dotes de inteligencia y laboriosidad, el conde del Cadagua es la simpatía hecha hombre. Esto, unido á su gran fortuna y á la esplendidez con que sabe gastarla, explica y justifica el éxito por él logrado en la sociedad bonaerense. La brillantez y fastuosidad de las fiestas y banquetes celebrados hasta hoy en el precioso hotel de la aristocrática avenida AÍvear, alquilado por él para su residencia particular en una cantidad exorbitante, tardarán mucho tiempo en borrarse de la memoria de uantos han tenido la suerte de asistir á ellos. En cuanto á su. misión diplomática, es demasiado pronto todavía para que hayan podido trascender sus resultados al dominio público, pero debe esperarse mucho bueno de ella, teniendo en cuenta el brillante éxito obtenido por su gestión en la preparación del viaje de la infanta Isabel, ESPAÑA La primordial misión que el conde del Cadagua trajo á Buenos Aires fué la de recibir á la infantai Isabel, y es aquí declarado unánimemente que la egregia dama obtuvo el recibimiento más brillante y grandioso que en Buenos Aires se ha realizado nunca, recibimiento que no se vio empañado un momento en todo el tiempo que duró su visita. Y para apreciar esto en su justo valor, hay que tener presente la gran efervescencia que entre los elementos ácratas reinaba entonces y que hizo necesaria la declaración del estado de guerra en toda la República. Trabajando diez y doce horas diarias, el conde del Cadagua, después de atender los altos deberes de Estado que su cargo le impone, tiene tiempo para recibir á todos los españoles que acuden á su despacho endemanda de influencia oficial y particular para toda, clase de asuntos. Y es admirable la bondad y el interés con que por él son atendidos todos, desde el millonario que le habla de grandes ne. gocios, hasta el desgraciado que va á pedirle facilidades para trabajar y ayuda en sus apremiantes necesidades. Formarían larga lista los nombres de los españoles de todas las clases sociales, desde ingenieros y doctores hasta simples obreros, que nuestro actual ministro lleva colocados aquí, unos en cargos d l Estado y otros en empresas y casas particulares. Esto aparte dádivas, socorros, repatriaciones por su cuenta, etc. que no se conocen más que por la publicación espontánea quealgunos de los que las reciben hacen de ellas y por las efusivas demostraciones de agradecimiento de otros, pero que seguramente constituyen partida importante en los gastos del conde del Cadagua. Ministros así necesita España en la República A r gentina, GERARDO PARDOS. Buenos Aires, Agosto 910