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r TARDE DE DOMINGO EN LOS l A R D i N E S Duermen como encantados los jardines. La umbría su cortinón de sombra, que mata la alegría del sol, tiende á lo larg- o de los blancos senderos. Ofrécense los bancos de piedra solitarios, las flores son minúsculos y dulces incensarios y la fuente suspira cantares mañaneros. La arboleda armoniza sus tonos verde obscuro, verde claro, y se yerguen formando un grácil muro las acacias, los olmos, los álamos, los pinos: se ríen los claveles, efluvia el pensamiento nostalg ia, las violetas dicen su sentimiento y los nardos recuerdos sensuales y divinos. Salpican los g orriones las redes de la fronda cual notas del pentagrama, y la paz es tan honda que se escucha el alegre piar sonoramente, el rumor que en las sendas hace al pasar la brisa, el vuelo de una hoja, que cae como una risa desde el árbol gozoso á la tierra silente. Espónjase en la sombra la hierba. Una cigarra, en el zarzal oculta, su zumbido desgarra. Algo de la pereza de la siesta fatiga... Van pasando las nubes por un azul de lago y sueña, resguardada del luminoso mago, en los jardines solos la soledad amiga. A la luz y el bullicio se abren las plazoletas, las avenidas brindan su ensueño á los poetas y á los enamorados que pasan lentamente: recátanse los rústicos rincones solitarios cuyo silencio buscan los valetudinarios para lograr reposo y adormecer la frente. Muestran algunos troncos sus curvas soñadoras, los olmos entrelazan las ramas protectoras y los álamos blancos de altivez elegante gráciles se dibujan... Despliegan las palmeras sus abanicos, mueven los pinos sus cimeras, sus frondosos penachos de un verde exuberante. Está encantado el sueño de los jardines, pero de repente se quiebra, cuando surge, ligero, el tropel de los niños, la graciosa nidada que invade los jardines y en ellos se disuelve y anda, corre, aletea, palpita y se vuelve haciendo de ellos una bella jaula dorada. El cochecito- cuna rueda candidamente: dentro duerme una niña; sobre su dulce frente el dosel una sombra melancólica nieva... Un niño corre el aro, otro se esconde aprisa. 7: Canta una voz muy tiernaí. -Suena una fresca risa. El encarnado globo de juguete se eleva... Los pájaros desgranan palabras sin sentido Alguno de ellos muestra su plumaje florido en la rama bruñida por el sol de la tarde. Parece que en el aire canta la primavera para todo dolido corazón que la espera... La luz entre la fronda se repliega cobarde. Por los senderos tejen sus sueños los amante. Dulzura de palabras, suavísimos instantes de silencio, suspiros que son como un aroma del corazón... Y bocas que ríen dulcemente... Se escucha cerca el eco del agua de la fuente y la luna por entre los árboles se asoma. La magia de la tarde se apaga. Los confines del cielo van lloviendo su sombra en los jardines. La dulce cabalgata de los niños se aleja riendo... Los amantes caminan despaciosos, con flores que atestiguan instantes venturosos... Se oculta el sol tras una ancha franja bermeja. Silencio. Los jardines se quedan solitarios. Las flores han cerrado sus dulces incensarios y la luna ha encendido su lámpara de plata. La vida ha regresado á las luchas ruines y el alma se ha quedado soñando en los jardines, al ritmo de la fuente, que canta su sonata. J- ORTIZ DE P I N E D O Dibujo de Kexidor.