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g f i y d Id, leche, tetera y cafetera. Sobre estos dos últimos objetos llamo la atención á las lectoras que son aficionadas á las novedades que reúnen lo práctico á lo bonito. Se trata de un trípode de níquel, provisto de su correspondiente maquinilla de espíritu de vino, que mantiene en ebullición el agua de un recipiente de igual metal, donde se colocan la cafetera y la tetera, de porcelana ambas, con su pequeña espita cada una. Este nuevo aparato soluciona un conflicto y evita una falta que suele ser muy general, hasta en las casas mejor montadas: que el café y el té no estén todo lo caliente que deben. Con este sistema no pierden su temple, sin llegar á hervir. T Tí contraposición de lo anterior, la afición á las comidas frías va aumentando de día en día. He aquí una bonita manera de servir el consommé: Cada comensal encontrará al lado de su plato una taza grande, del tamaño y la forma de las que se usan para los desayunos, de cristal liso, llena de consommé; una vez colocados cada uno en su puesto, se ponen las tazas sobre los platos, y en seguida se toma su contenido. En algunos casos, las tazas son de plat a pero éste es un lujo que no está al alcance de todo el mundo. Las de cristal tienen también su mérito y son de muy buen gusto. Dicen que el consommé frío es la base de una buena digestión. Debe servirse solo, sin ninguna clase de adorno. h ing, y dedican terribles sátiras para ridiculizar el frac, que desde ahora queda abolido por los americanos chics. Veremos si la cuestión Ilea; a á despertar interés en Europa y la campaña en favor del smoking, le hace triunfar, declarándole este invierno prenda de etiqueta para comidas y recepciones. Dejemos llegar los acontecimientos, reservando nuestra opinión sin adelantar sucesos; la solución no puede hacerse esperar para las primeras fiestas de invierno tiene que estar resuelto el conflicto. DE TIENDAS p n muchas ca. as, sobre todo, en el campo, se conserva la costumbre de reunirse para tomar el desayuno. A la hora convenida suena la campana, y toda la familia, con sus huéspedes, acude al comedor, cuya mesa debe estar dispuesta con sencillez, sin centro de flores ni servicio de plata. Debajo de cada plato se coloca una servilleta de medio metro en cuadro, bordada con algodones de colores para dar una nota alegre; la de la dueña de la casa, si fuese joven, ó la de su hija mayor, será más grande y alargada, porque delante de ella se coloca la bandeja con los utensilios indispensables: azucarero, jarrita para ALCOBA PAHA S E S O E I T á Muebles esmaltados de blanco; pantalla con amplio volante y cortinas de muselina blanca, modelo del profesor Bruno Paul, de Berlín, De la Revista Deutsch Kunst und Dekoration