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Después de conseguido este resultado, Francisco, qué comprendía, que no podía añadir nada á la impresión producida, se levantó para retirarse. -Volveréis con frecuencia á vernos, sobrino mío, vendréis todos los días- -dijo la marquesa tendiéndole la mano, que Francisco besó con bastante torpeza; -lo mismo mi hija que yo os recibiremos con mucho gusto. María confirmó con una graciosa sonrisa la invitación de su madre. Ladrange se había levantado también para despedirse. -Supongo, señor Francisco- -dijo, -que volveréis á Chartres, como yo, y en tal caso podemos, si gustáis, hacer el camino juntos. Pero este arreglo no debió ser del agrado del Guapo Francisco, porque contestó: ¡Cuánto siento que esto no sea posible! Tengo el caballo á la puerta, al cuidado de un mozo, y no podemos caminar juntos. -Pues, entonces, decidme dónde os alojáis en la ciudad, á fin de que pueda ir á veros. -Cuando llegué me apeé en la primera posada que encontré al paso, y estoy allí muy á disgusto; así es que voy á echarme á buscar, acto continuo, un hospedaje más conveniente, y tan luego como lo halle, iré yo á visitaros, como está en el orden. De todos modos, no dejaremos de encontrarnos aquí, donde vendré con frecuencia- aceptando la invitación de nuestras parientas. Estas excusas eran tan naturales que Daniel no tuvo motivo para dudar de su sinceridad. Las señoras se empeñaron en acompañar á sus huéspedes hasta la verja del jardín; pero tales cumplidos parecían embarazar al Guapo Francisco, que durante el trayecto intentó varias veces despedir á sus acompañantes, poniendo por pretexto el calor, el sol y la confianza que debía reinar entre parientes; pero no se le hacía caso, y conversando afablemente llegaron á la verja exterior que Juanita acababa de abrir haciendo mil cortesías. Daniel echó una ojeada furtiva á la parte exterior y vio, del lado allá de la calzada, á diez pasos áe la casa, bajo un árbol, un hombre á pie guardando dos caballos. Aquel hombre no tenía apariencia de criado, sino más bien de un charlatán de baja ralea, y hasta le pareció á Ladrange que sus facciones no le eran desconocidas; pero cuando se d i s p o n í a á examinarle con más detenimiento, Francisco se colocó resueltamente delante de él y se apoderó de la puerta, diciendo: -No consentiré que paséis adelante... Señoras, primo Daniel, ¡hasta la vista... No, no permito que os incomodéis más. Y salió, cerrando con presteza la verja tras si. María se reía de todas veras de lo que ella consideraba como una extravagancia de su nuevo conocido. Daniel, impresionado de diferente manera por la acción del Guapo Francisco, se apresuró á abrir la verja, pero ya los dos individuos habían montado á caballo y partían á galope. IV LA BODEGA DEL FONDISTA DOUBLET 1 Guapo Francisco y su compañero, E pueblecito de San Mauricio, tomaronalaldejar e? galope la carretera de Chartres, pero en el primer camino de travesía que encontraron, cambiaron de dirección, internándose por los plantíos y viñedos que cubrían aquella parte de la campiña, hasta que llegaron á un sitio solitario, protegido contra las miradas indiscretas por espesos matorrales Allí se detuvieron y echaron pie á tierra. -Ahora- -dijo el Guapo Francisco con tono imperativo á su compañero- -dame lo que te- he encargado. El otro, con una obediencia pasiva, desató de la grupa de su caballo un vestido cuidadosamente arrollado en forma de capa y que era un gran redingote de cuello alto, como se usaban entonces. El Guapo Francisco se lo puso acto continuo sobre su traje de increíble, y en seguida se apoderó sin ceremonia del sombrero redondo, de pelos erizados, que llevaba su supuesto criado, dándole eí suyo, mucho más nuevo en verdad y mlás á la. moda. De esta suerte quedó suficientemente transformado en su exterior para extraviar de lejos á cualquier espía. Mientras se ocupaba en tal operación, dijo al otro individuo: Tú no debes volver conmigo á la ciudad, sino que te irás por el camino de travesía á casa del franco de San Aubin y le dejarás los caballos que podrían hacernos reconocer. Esta noche irás á buscarme donde sabes, pero entrarás en Chartres por distinta puerta que hemos salido y será lo más prudente; ¿me has entendido bien? -Basta, Meg- -respondió su compañero, que noera otro que nuestro antiguo conocido Bautista el Cirujano. ¿Es decir... que el golpe ha fracasado? -No, me parece que no- -replicó el GuapoFrancisco sentándose á orilla del camino, mientras Bautista tenía los caballos de la brida -pero eF asunto será mas difícil y aun más peligroso dé lo que yo creía. Y cuidado que he desempeñado bien mi papel, dicho sea sin jactancia, y he seguido exactamente tus lecciones... Cortesía por aquí, palabra de honor por allá; se me hubiera tomado por un petimetre del Palais- Royal. Por desgracia, aquella gente sabe más y tiene más memoria de lo que convendría; así es que ha habido momentos en que me he visto perdido, y, sobre todo, ese maldito abogado me ha puesto en un brete. ¡El diablo le confunda! ¡Bah -respondió Bautista con sonrisa despreciativa. ¿Qué os puede importar ninguno de esos charlatanes? No son peligrosos, porque toda la fuerza se les va por la boca... Verba et praeterea nihil. ¡Volvemos a 1 condenado latín! -replicó el Guapo Francisco encolerizado; ¿pretendes acaso burlarte de mi ignorancia con esa endiablada jerigonza. Por lo tocante á Daniel Ladrange, mi querido primo que Dios confunda, no hay que fiarse mucho, porque acaba de ser nombrado di-