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que apelar á lo extraordinario, motivado casi siempre por las transformaciones que los toros sufren. Ahora se matan muchos toros con los terrenos cambiados, y las causas, son varias. Los ganaderos no seleccionan, sino que, para satisfacer la constante demanda de toros, aprovechan todos los que paren las vacas, resultando que se lidian muchos exentos de bravura casi en absoluto. Además de esto, los toreros abusan mucho del capoteo á dos manos, al paso que con las puyas actuales destrozan los picadores á las reses, todo con la intención, de que lleguen al final agotadas por completo. Faltas de bravura, y quitado con capotes y puyas todo el poder, llegan á la hora de la muerte buscando las querencias, siendo la natural la de las tablas. Én estos casos ya no es el terreno del toro las afueras, y con unos pases de los llamados de latiguillo ó de tirón, de los que fué inventor Guerrita, se saca al toro á los tercios, en la seguridad de que ha de volver á las tablas en cuanto pueda; se le procura cuadrar en forma que la salida de la fiera sea para la querencia, y el espada acomete con su viaje hacia las afueras, en la evidencia de que el toro le ha de dejar libre. Esto es cuando se trata de la querencia natural de las tablas; pero si es accidental, como son los caballos muertos, observa las mismas reglas. Por esto el torero, además de saber cuáles son los terrenos naturales, no debe olvidar ni por un momento las transformaciones que las reses s u fren. Cuando el trabajo de los espadas en los quites, y el de los peones en el resto de la brega, se hacía con una mano, llegaban á la muerte menos apuradas las reses y se estoqueaban en su terreno natural. Si alguna había que matarla en tablas, allí se mataba, empleando las facultades y habilidad que hacían falta para tal empeño. Lo de dar las querencias, puede pasar como excepcional alguna vez; pero es una ventaja que se va adoptando como costumbre, y no debía pasar sin las protestas del público, que serían muy justas el Q por loo de las O reces que se practica. Otro de los puntos que trata nuestro comunicante en su carta es el de que si un espada da fres pases naturales seguidos, necesariamente alguno ha de ser en el terreno contrario. Cierto, ciertísimo pero a h í está precisamente el mérito de lo que clásicamente se llama toreo en redondo. Si el primer pase natural lo toma el toro bien, y el espada sabe ver llegar, templar, aguantar y mandar á la res, puede dar el segundo, aunque en éste Faya el toro por dentro, siempre que enga presente que la fiera se ha de eñir más, y como al tercero vuelve otra vez á las afueras, son. pases de gran efecto y de excelente resultado, porque se castiga mucho con ellos y no hay toro que no pare y cuadre cuando se le torea así. Hace falta para esto que el cornúpeto sea bravo, noble y boyante, además de que el torero lo sea en la verdadera acepción de la palabra. Por último, eh la carta á que nos referimos dice su autor que qué se entiende por pisar el terreno de los toros. Esa frase es más metafórica que real. Se dice eso cuando un torero se muestra tan atrevido, tan osado, que en cada lance se cree segura la cogida y los pies del diestro se confunden con las manos del toro. Suele haber en esto más teatro que realidad, y lo hacen los toreros que no saben aguantar con capote y muleta; dan el lance, y apenas ha metido la res la cabeza, se pegan al cuello, fuera del peligro de los pitones, y hacen creer á los candidos que es heroicidad lo que no pasa de ser una ventaja como otra cualquiera. Mucho más se podía escribir de tan importante asunto; pero ya es este artículo bastante extenso, y ere e m o s con él haber contestado las preguntas que nos hace Un amigo entusiasta de España y de los toros. acometida de la fiera sin moverse del sitio en que cita hasta después que ha herido. Sr. D. C. M. B. S. Oviedo. -Nchemos visto al novillero José (iarcia Vega, y por lo tanto, no podemos decir si se puede esperar algo de él. Ensebio Fuentes no tiene nada de parentesco con el sevillano Antonio ni con el otro Eusebio Fuentes que mUrió ya hace algunos años. Sr. D. C. S. y D. j D. Barcelona La plaza de más cabida entre todas las. de España es la de Murcia. Hace mucho tiempo que no vemos ni tenemos noticias del picador de toros Frutos Díaz (Fortuna) Ignoramos si habrá abandonado la profesión ó será uno más de los que han toma- do carta de naturaleza en las lejanas tierras americanas. Sr. D. F. G. Eibar. -Así, á la memoria, contestamos á su pregunta, sin pretender que no se nos olvide alguno de los diestros guipuzcoanos que han existido. En los tiempos antiguos hubo uno célebre, que fué Martincho. y si por aquella época existió algún otro, no tenemos referencias. AI banderillero B e n i t o Abasólo (Vinagre) hay algunos que le consideran vizcaíno; el Ostión era alavés, como también lo e s CecHio Isas! Mazzantini es guipuzcoano, como oí que fué novillero Juan Arregui, que vive retirado en Méjico, y también lo fué el banderillero Luis Ramírez, que. murió, á consecuencia de la cornada que le dio un toro de Veragua en Madrid el día 8 de Septiembre de 1895. el I. de Noviembre de dicho año. Los. que hay en la actualidad naturales de esas provincias, son demasiado conocidos y no hay necesidad de repetir sus nombres. Sr. D. J. S. Valladolid. -La olaza d e S a n Sebastián tiene capacidad para l. oop espectadores, y la de Valladolid para 11. 542. Sr. D. J. F. Madrid. -li banderillero Salao falleció el i. de Mayo en el cercano pueblo de Pinto. Sobre estos datos y sabiendo que era natural de Valencia, puede usted hacer todas las averiguaciones que considere necesarias. Un Portugalujo. ¿Que quién fue Juan Molina? Un hermano de Lagartijo el Grande, padre de Lagartijo el Segundo, y el mejor peón de brega que hemos conocido en los treinta cuatro años que llevamos viendo toros. No mató toros; era zurdo y no podía salir airoso en tales menesteres; pero en todo lo demás ha sido uno de los mejores toreros d e su tiempo. AVERIGUADOR TAURINO Sr. D. D. J. S. Almoharin. -Los faroles se ejecutan cogiendo la capa como se coge para dar la verónica y echándosela á la espalda como si se la fuera á poner sobre los hombros, dando con ella una vuelta completa, de manera que al terminar quede en la posición primitiva. Los palos á la media vuelta se ponen colocándose el torero á corta distancia, detrás del toro, citándolo con la voz para que se vuelva, y en el momento en que el toro obedece, como lo hará humillado para coger, se le clavan los palos, saliendo el torero con la, mayor ligereza posible. Los pases de pitón á pitón, su misma denominación dice lo que significan. Son aquellos que da el diestro sin que la muleta pase más que de un cuerno á otro, y los de molinete son lo que se Dodría llamar una navarra con la muleta, pues se empiezan como el pase natural, y cuando tiene el toro bien metida la cabeza en el engaño, se saca rápidamente por debajo del hocico y da el diestro una vuelta en la. cara del toro, quedándose en la misma posición que estaba al iniciar el pase, que es de mucho efecto, pero no resuelve nada, como no sea en el sentido de adornarse el torero. Y, por fin, la estocada recibiendo es la que da el matador esperando la