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fílESARLVUELTA mismo que el sol, y aun la pálida luna. Las italianas, cuando quieren remediar en su cara los efectos del sol y de! aire salino, después de una temporada en sus villas de las orillas del Adriático, toman una clara de huevo, la baten hasta que forma espuma, se lavan con ella, la dejan secar sobre la piel durante un cuarto de hora y rocían en seguida con agua fresca ia parte endurecida. La operación se renueva tres ó cuatro veces, y siempre por la noche, en el momento de meterse en la cama. LEU PARA LIMPIAR LOS LIBROS Y ESTAMPAS GRABADAS, bramantes, desparramando un poco los pliegos en un paraje no muy expuesto al aire ni al sol, pues debe secarse lentamente. Pueden blanquearse las estampas siguiendo el mismo procedimiento, y para secarlas deben observarse las mismas precauciones y colgarlas en unos bramantes sujetos por unas horquillas de madera, como lo practican los mercaderes de papel. LUZ SIN H U M O A m. i. j de limpiar un libro bueno para- volverle su primer lustre y blancura, será útil hacer la prueba en uno que sea inferior y esté grasiento, sucio y ennegrecido. Prepárese una lejía con ceniza de sarmientos que no sea demasiado fuerte. Para. ello póngase algo menos de una fanega de cenizas en cuatro cántaros. de agua; hágase hervir todo muchas. horas, para que se cargue el agua de las sales de las cenizas; déjese en reposo por espacio de siete ú ocho días y saqúese el líquido por decantación. Coii esta lejía puede lir piarse toda clase de libros ó estartpas, con tal que no estén escritos ó pintadas con tintas engomadas. Primero se quitan las cubiertas del libro, y se coloca éste entre dos cartones que se sujetan con un bramante bastante ligeramente, para que penetre la lejía dentro de los pliegos. En este estado se. pone á hervir el libro por un cuarto de hora en la lejía preparada, se saca en seguida, y quitándole el cartón se pone en prensa y se comprime fuertemente, para que suelte, toda el agua de lejía, que saldrá cargada de grasa. Déjese en la prensa por espacio de un cuarto de hora, y poniéndolo en seguida á hervir de nuevo en el agua de lejía (cuidando no esté más tiempo que la primera vez, pues podría alterar la impresión) se vuelve á poner en prensa para exprimir la lejía sucia. Cuando se ha sacado el libro aún oiliente de esta segunda presión, se n ete en un caldero lleno de agua limpia hirviendo, con lo que se acaba de tapiar perfectamente y de quitar oda la grasa y el mugre, sin que por ello sufra nada el papel ni la impresión. Si acaso quedaran algunas partes poco limpias, sería preciso comenzar de nuevo este mismo procedimiento. Es de notar que con estas operaciones repetidas sueltan precisamente las letras una grande cantidad de la cola del papel, y, por consiguiente, teniendo poco cuerpo es fácil que se rasgue. Para remediar este inconveniente métase el libro por dos veces en el agua de alumbre, pues podrá aún sufrir e! escrito sin soltar la tinta; en seguida se pondrá á secar sobre dos T as mechas de algodón para qúinI qués de aceite deben bañarse en una solución de sal de cocina y agua q. ie se filtra previamente para que no contenga más que sal en la disolución. Después de seca la mecha sometida á esta operación, da una luz brillante, sin humo. Para que alumbre aún mejor el quinqué, se hace una mezcla á partes iguales de aceite y de solución salina, se agita un rato, se deja en reposo hasta que todo el aceite sube á la superficie y se decanta para recogerlo. Así dura más el aceite y su luz es más amarilla, porque posee las rayas del espectro del sodio. PROCEDIMIENTO PARA EMBOTELLAR EL VINO A ntes de llenar de vino las botellas es me tester examinar si está bien lixipio, poniendo un poco en un vaso y rnirándolo contra la luz; si no está del todo transparente, se deja tres ó cuatro días, al cabo de cuyo tiempo, no habiéndose puesto claro todavía, se trasegará á otro tonel bien limpio y se aclarará de nuevo. En cualquier tiempo puede embotellarse el vino, con tal que esté claro; pero es más cierto encontrarle tal, y que no se enturbiará, haciendo la operación en estación fría, y en días borrascosos ó que reinan los vientos del Sud y de Poniente. Deben enjugarse las botellas con mucho cuidado, pues el menor descuido en esta parte echaría á perder el vino, por lo que es menester registrarlas una por una después del lavado, para separar las que están cascadas, y llenarlas del vino que ha de consumirse luego, desechando todas las que conservan todavía mal gusto. Suelen lavarse comúnmente las botellas con perdigones y también con clavos pequeños; pero ninguno de estos métodos es bueno, pues los perdigones y los clavos se encajan muchas veces de tal manera entre la pared y el fondo de la botella, que exige cuidados minuciosos el sacarlos, y se consigue con mucho trabajo. El plomo que queda en la botella puede, en contacto con el vino, pasar á un estado de verdadero veneno, y si el hierro no presenta peligro alguno contra la salud, altera el color del vino y ennegrece el blanco. Lo más acertado es emplear, al efecto, casquijo, pues además de lim- piarlas bien, no hay inconveniente alguno en que quede en las botellas. El escoger buenos tapojtes es de mucha importancia, particularmente cuando ha de conservarse mucho tiempo el vino embotellado. Hay corcho rnuy poroso que, aunque parece tapar bien, deja evaporar el vino, cuyo defecto se observa en los corchos duros y secos. Así, pues, deberán escogerse tapones de corcho fino, pastoso, que ceda á la presión de los dedos, y pogo porosos, que aunque son más caros que los otros, ofrecen, no obstante, una verdadera economía. Los tapones que han servido ya sólo deben emplearse para las botellas de vino que han de beberse desde luego, y aun deberán desecharse los que están horadados por el sacatapón. Para colocar la canilla debe trasladarse el tonel á i. s ó i8 líneas del jable, y cuando comienzan á salir algunas gotas de vino se saca el berbiquí y se mete la espita con la mano, sin dar golpe ni sacudimiento alguno, para que no se revuelvan las heces; pero como es fácil que esto suceda, será mejor ponerla la víspera de sacar el vino. Se pondrá debajo de la espita, un va 5o cualquiera, para recoger el vino que sale cuando aquélla no se cierre á tiempo ó el que sobra de. las botellas demasiado llenas. Este vaso debe estar dispuesto de modo que, descansando la botella en su fondo, puede aplicarse á la espita á una posición inclinada, pues si está recia, el vino caerá con fuerza en el fondo y la espurría que se formará impedirá llenarla suficientemente. Las botellas deben taparse á medida que se llenan, regulando al mismo tiempo el conducto de la canilla. Preciadas 20, LA FUNERARIA, Teiéf. 225. No per enece al Trust Funerario. LEA V. ABC El más ameno é interesante de los diarios españoles. Veinte páginas de texto y grabados, 5 CÉNTIMOS