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É C P o rasgos más salientes de jefes absalutos de sus casas, y una vez vencido el plazo de admisión, emprendió el secretario, ayudado por dos alguaciles á sus órdenes, el estudio de aquellos documentos. Después de una escrupulosa investigación resultó agraciado con el pre- en que se estaba metitia entre la paja, las pulg- as á miles la acometían, y se hallaban tan á pustc; en su cuerpo las isdinas, que pulga que se agarra 1) a á su pe o, no salía. Así fueron aumentando de un modo sus enemigas. que llegó á temer la zorra que se la comieran viva. Se rascaba con la pata en un sitio? Pues se iban de allí y picaban en otro. Tratando de destruirlas 36 restregaba en las liedras por un lado? Pues 1? picaras se pasaban al opues o. i Se echaba al suelo v r iadida se revolcaba? Su pelo á las pulgas protegía. Desesperada la zorra de la picazón continua, ideaba mil maneras de salir de aquella cuita, y así pasaban las horas, y así pasaban los días la zorra, rasca que rasca las pulgas, pica que pica. Por fin ideó una tirde vma solución mas tífica: fué al campo, cor; ó una rania y con la rama cogida en la boca, se fué al río que cerca de allí corría. Y volviéndose de cara á las matas de la orilla, metió en el agua las patas y la cola, muy trancinila. Las pulgas se le subieron al cuerpo, y la muy ladina fué me déndose despacio, sintiendo como acudían las pulgas á la cabeza, la cual chapuzó en seguida, dejando fuera la rama, y cuando ya compreadía que estaban allí las pulgas, la soltó V huyó de prisa. mio, que consistía en un saco de patatas de aumento, el tío (íervasio, el posadero, que consiguió probar que jamás había consentido que su mujer interviniera en sus asuntos. Llegó el día de la fiesta y la hora en que, delante de todo el que quisiera presenciar el acto, habría de hacerse entrega del premio, y se presentó el tío Gervasio muy ufano ante el Ayuntamiento y un numeroso público que le aplaudió frenéticamente por su triunfo. El alcalde pronunció un corto y deshilvanado discurso é hizo que se adelantara Gervasio á tomar posesión de sus patatas. Traía éste colgada del brazo una talega, y hubo de decirle el alcalde: -Has debido trair un saco; en esta talega no coge el premio. -Ya hapía pensau yo írair un saco; pero mi mu- cri. EN VÍSPERAS DE LA F U N C I Ó N ü 1 Ayuntamiento de IV estaba reunido para acordar el programa de las fiestas de la villa, que habían de celebrarse muy en breve. Era un año excepcional; habían cogido una gran cosecha y el vecindario tenía ganas de divertirse. Además de los festejos que se venían haciendo de tiempo inmemorial, convinieron en traer un cinematógrafo, contratar una buena banda de música y abrir un concurso nara premiar al vecino casado que gobernase su casa con más absoluta independencia de su mujer. Este número fué cosa del alcalde, y puso gran empeño en que se procediera con la más estricta justicia. Sedevantó acta del acuerdo, se puso en conocimiento del vecindario y se redactó la convocatoria a! concurso. Pronto se inundó la secretaría del Municipio de pliegos cerrados, en que exponían los vecinos sus I x V jer me ha dicho que me iliais á tomar por un avaricioso. ¿Conque tu muier, eh? ¡Anda, anda, deja las patatas Í j Rediós! ¡A última hora qué salidica! T. GASCÓN,