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mTmdER mmsH A pesar de ser objeto de las más exag; eradas demostraciones de cariño, si caen en desgracia se acomodan con facilidad á sit nueva posición y abandonan los salones para refugiarse en las cuevas ó bodegas frías y húmedas, donde pasan el invierno si el amor de sus amas concluye con la temporada de verano y no se los llevan á Londres. Espero que este invierno veremos á nuestras elegantes siempre acompañadas con el animalito de moda, y tendremos que renunciar á la frase tan usual cuando se quiere calificar á alguien de áspero ó desagradable, diciendo: Parece un erizo l sto podría ofender al favorito de muchas bellezas, que quizá, cuando el animalucho sea ingrato, cansándose del exceso de atenciones, piensen, si no se atrc ven á decirlo, ¡Parece un hombre! ducido tamaño, completan la ornamentación de Ja mesa y i) ro orcionan gran comodidad. Son de plata, con cinco frasquJtos de cristal destinados al aceite, vinagre, sal, pimienta y mostaza. Cuántas veces, por no esperar á c uc el criado acabe de servir, se prescinde (le estos accesorios; con las vinagreras en miniatura puede uno utilizarlos cuando le plazca. pr s una cuestión difícil de resolver viajar con todo lo necesario sin pagar una enormidad de exceso de peso, porque los 30 kilos que las Compañías de ferrocarriles nos conceden en líspaña, son casi siempre insuficientes para el transporte de nuestros equipajcs. Pensando en esto, los fabricantes se han ingeniado para hacer unas maletas y baúles de junco sumamente ligeros, mucho más que los de mimbre, cul) iertos de tela im ermcab c. l n cambio, cuestan el doble; pero son cien veces más sólidos. Vale la pena de pensarlo bien y adquirirlos. a nuipurc de Irlanda, tan de moda para blusas y vestidos de verano, ha caído completamente en desuso. Algunas personas pensarán qu. e es im dolor no poder utilizar tanto encaje. Sicmirre serán útiles con un poco de habilidad. Sobre seda blanca puede armarse una deliciosa cubierta para la cliaisc longuc; si todavía hav algunos trozos pued. c hacerse ima bolsa para la labor, con un viso de un tono pálido y grandes lazos de igual color, ó de terciopelo negro, y si aún quedasen pedacitos chicos, se incrustan en batista y sirven para ponerlos debajo de los irascos del tocador. Con un poco de ingenio no hay nada inútil. 1 DE T I E N D A S A ntes, cuando la vida era más modesta, cuando so desconocían los refinamientos del lujo, la mesa para comer se ponía invariablemente lo mismo: los cubiertos, dos botellas para agua, dos para vino y cuatro saleros. Ahora cada día se introducen nuevas variaciones, y las señoras se complacen en proveer su mesa de las mil monerías que la industria moderna ha creado. Es preciso reconocer que los ingleses son maestros en este género de cosas. En uno de sus grandes almacenes he visto los servicios de vinagreras destinados á ocupar su puesto delante de cada cubierto, y que, lejos de molestar por su re- 9 f. af T- 7. 8 Stf. H V- m: -Ík. i? JARDINERA DE TBKRA- COTTA De día en din. esíáa más en bo a, para la ornamentación de las casas, los floreros, los í: cache- pots y las jardineras. El modelo qne reproducimos, uno de los más artísticos que conocemos, es obra del profesor E. Westpíchl, de Berlín. De la Revista Deutsch Kunst und Dekoration