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NOTAS TAURINAS AL T O R O AL T O R O D i e n archibién les sentará á los ga naderos el ver que la atención de ios aficionados la llevan muchos de ios que escriben de toros por un camino que á ellos les conviene qutsigan. Si se exceptúa media docena de revisteros entre todos los de España, ni por casualidad nos enteramos de la pelea que hacen los toros en las plazas; no se sabe si son mansos ó bravos, si nobles ó recelosos, si difíciles para la lidia ó de esos que consienten todo lo que con ellos se quiera hacer. ¿Qué más pueden pedir los ganaderos? Ya pueden mandar tuertos, coles y, sobre todo, mansos, pues como, por lo visto, eso no interesa á nadie, teniendo cada res dos cuernos, cuatro patas y un rabo, se le llama toro y no se estudian condiciones ni transformaciones que pueden explicar éxitos ó fracasos. Aquí lo que importa es saber si el torero H gasta las corbatas inglesas y si el diestro R comete el delito de ganar mucho dinero y emplearlo er, papel del Estado, cuando podía tirarlo en rumbo y francachelas, que tanto carácter dan á la clase; lo que hace falta es elevar hasta lo inconmensurable á uno, procurando arrojar al abismo á otro, porque es muy antiguo lo de aplaudir á cada uno lo bueno y censurarle lo malo; lo interesante es hacer campañas personales, que gust a n mucho a l a s fieras, dispuestas siempre á devorar aun á los que ayer han acariciado en todo momento con la misma inconsciencia que muerden después. Nada de términos medios al juzgar á los diestros: han de ser maletas, mamarrachos, cobardes, ó insignes, bravísimos, piramidales, fenómenos; Así da gusto; así cumple su misión educadora el que escribe, que en no pocas ocasiones lo hace de espaldas al ruedo, en la seguridad de que iguab mente claro ha de ver. El caso es saber algo que perjudique á alguien, y si no se sabe, se supone ó se inventa. Ese es el espíritu actual de los aficionados y de los que escriben, con algunas raras y honrosas excepcion e s Afortunadamente, la reacción vendrá, y marcharán las aguas por sus naturales cauces en cuanto los más sensatos se den cuenta de que con el sistema no se beneficia á nadie de los que deben beneficiarse. Anarte todo esto, no es extraño ver en una reseña que el torero Fulano ó Mengano dio una estocada en lo alto, caída, Y vista esa manera de reseñar, no hay que extrañarse de nada de lo que, ocurre. Si tuviéramos especial empeño en hacer reseñas de toros, no pasaríamos por alto lo más importante de lo que pasa en los redondeles. ÁLBUM BICGRAFJCO Sánchez de Neira, que, dicho sea de paso, fué un gran maestro de escritores taurinos, aunque no faltan FRANCISCO BONAL osados entre los que escriben ahora (BONAKILLO) que niegan toda la autoridad reconocida por aouellos infelices de su tiem T ondiciones tenía Bonarillo m á s po que se llamaron Peña y Goñi, Carque ningún otro de los jóvenes mena, Carmona, Palacio, M a z a s que empezaron la carrera con él para Mínguez y muchos más, que estaban llegar á ser gran figura del toreo; perfectarnente enterados de la imporpero un lamentable accidente que sutancia de su misión; el maestro Neifrió, sin gloria de ninguna clase, amira- -repetimos- -recomendaba á los noró sus arrestos precisamente en el que se dedicaran á escribir revistas año que empezaba su popularidad, y de las corridas de toros que no aparsi bien es verdad que no fué bastante taran nunca la vista de las reses, para aquel percance para evitar que su observar toda clase de movimientos, nombre ocupara lugar preeminenteno perder detalle de las suertes que entre los buenos toreros, no es menos los diestros ejecutaran y estudiar la? cierto que le quitó la oportunidad de transformaciones momentáneas que ganar el dinero que un diestro de su sufren las fieras durante la lidia, para ciencia y habilidad debió ganar. de este modo poder juzgar al torero, Hoy mismo, entre los toreros que culpándole unas veces de tales transmás trabajan y ganan, no hay ninguformaciones y disculpándole o t r a s no que pueda enseñar nada al antiguo cuando necesariamente no, pueda ser niño sevillano. Podrá tener más ó su trabajo lucido. menos valentía; pero á saber Jo que De este modo se debe revistear y tiene que hacer con los toros no le apreciar después; p e r o es preciso, aventaja ni el más sabio de la actuapara lanzarse á la tarea estar lo que lidad, aun teniendo en cuenta la falta ilarnamos empollado en el asunto. Un de costumbre de torear en las plazas crítico musical no puede serlo si no españolas, como consecuencia de sus conoce á la perfección la técnica del largas ausencias d e este país para arte, y lo mismo ocurre en toda clase buscar en la hospitalaria América lo de crítica. Pero si los que la conocen que aquí no puede encontrar hace muemplean sus esfuerzos de voluntad en chos añosj ocuparse de las cosas de entre bastiLos que le vimos venir de banderidores, acabará el público por conta- llero en 1 a cuadrilla d e Fernando giarse y no dar importancia á las Lobo (Lobito) hace más de veinte efectivas profanaciones artísticas. años, no olvidamos á aquel rapazuelo Generalmente, de los toros que en que con tanto descaro llegaba á la la actualidad se corren en las plazas, cara de los toros hechos que se jugason inadmisibles el 6o por loo, por ban en las novilladas de entonces, y mansos unos y por defectuosos otros; recordamos cómo el chiquillo aquel de pero son detalles que para la mayoría diez y ocho años hacía cosas con el no deben tener importancia, porque capote y los palos que no hacen muno se hacen constar. chos de los que tienen un puesto enEs más, los toreros, á ciencia y patre los buenos jefes de cuadrilla. ciencia de que obran mal, torean de Cuando poco después de su presencapa á todos los toros, aunque no tación como banderillero se dio á cotengan condiciones para ello, pues sanocer en la categoría de matador de ben que les han de censurar si ha to- novillos, le aplaudíamos entusiasmareado un compañero antes y el otro dos casi todo lo que hacía, pero muy no lo liace; abusan de los quites á especialmente un clásico toreo de capa dos manos, porque se aplauden más. que hacía muchos años no veíamos Para mayor vergüenza, no hace mu- más que á Cara- Ancha, y después de cho que se presentó en la plaza de retirado éste, no le hemos visto á ninMadrid un torero modesto, que hizo gún otro. Era realmente una alegría todos los quites ccn una mano, sistepara los aficionados el ver las espema que se debe seguir siempre, á ex- ranzas que el muchacho hacía concecepción de los momentos de verdade- bir en casi todo lo que realizaba, y ro peligro, para que los toros conserpor esto fué el niño mimado de los ven su poder y nobleza, y no se ente- madrileños en aquellas novilladw que ró la gente. Al contrario, hubo quien toreó el año 1891, acompañado de Relo encontró poco adornado. verte, Pepete y otros, corridas en las Muy bien está que no se deje pasar que se levantó el espíritu de los aficionada de lo que los toreros has- an mal; nados madrileños como no se había pero, sobre todo, debe el aficionado levantado muchos años antes y como fijarse en el toro y saber la diferencia pocas veces volvió á levantarse desque hay entre los que pueden propor- pués. cionar éxitos á los diestros y los que Nadie podía poner en duda que disculnan las malas faenas. aquel joven fuera candidato para uno Todo esto interesa más que saber de los grandes puestos, y ya se ha diquién bebe amontillado y quién ao- ua cho que una de esas fatalidades de la de Vicliy. Por esto no paga el público vida, que se presentan cuando menos nada; por lo otro, sí. esperadas son, le privó de la justa re-