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T WESARLVUELTA mos á las exijíencias y necesidades del turismo. El aparato ciue vamos á describir no será de tanta precisión como un verdadero manómetro, pero sus indicaciones son suficientes para darse cuenta prácticamente de si la presión de un neumático de automóvil alcanza 6 no ese p; ra, do de que hablábamos más arriba, y, por otra parte, ofrece la preciosa ventaja de ser muy sencillo y de ocupar, poco más ó menos, el mismo espacio que un cortaplumas ó ün lápiz; Tiene tan curioso aparatito (ñg. i) siete centímetros de longfitud, y se adapta á la válvula del neumático, en X LA MEMORIA n reguntaba un filántropo á umhombre de ciencia: ¿Cuál es la causa principal de la pérdida de la memoria? -El tabaco. -No, señor. -La morfina... El alcoholismo... -No se canse usted... ¡Un acto benéfico! PPUEBA CONCLUYENTE ü uscaba criada un sujeto, y ponde raba las excelencias de la de un amigo suyo. -Sí, chico- -dijo éste -es excelente. Con decirte que lleva seis años resistiendo á mi mujer. -i Hombre! Más tiempo la aguantas tú. -Pero yo no estoy nunca en- casa. UN PIROPO DOS D Í A S D E A U S E N C I A lugar del tapón (fig. 3) Apenas se le ha colocado en este sitio, se ve surgir de su parte superior una escalilla graduada (fig. 2) La división de esta pequeña escala que quede al nivel de la ranura, de salida indicará la presión existente en el interior de la cámara de aire. Cuando el sencillísimo manómetro es separado de la válvula, la escalilla vuelve por sí sola á introducirse en el tubo. Como se ve, la cosa no requiere prolijas instrucciones. Un niño aprende á manejar el aparato con sólo una vez que vea su funcionamiento. El Yauge- pneus que así se denomina el pequeño y útilísimo instrumento, está llamado á ser un compañero inseparable del automovilista. ¿Diste de comer á todos los animalitos? -Sí, señora; es decir... al gato se me olvidó ponerle comiaa. -i Pobrecito! ¡Se habrá muerto de hambre! -No, señora. Se comió el canario V a cotorra. W a una modistilla por la calle, se guida de un estudiante que la piropea. ¡No siga usted! -le dice. -Basta ya de galanterías, ó me tapo las orejas. ¿Con qué, prenda? -Con las manos. Imposible. ¡Son tan pequeñas! HAY ASCENSOR I ffn señor que busca cuarto, pregunt, v á una portera por uno desalquilado ¿Cuánto renta ese tercero? -Veinticuatro mil reales. i Sopla! i Un tercero! -Hay ascensor. -Sí. Para subir los alquileres. A RÉGIMEN p l médico, visitando á un cliente: -Esa nariz está roja de beber tanto vino... Necesita usted pasar un año bebiendo leche solamente. -Ya he practicado ese régimen. ¿Cuándo? -Durante los doce primeros meses de mi vida. RENGLONES CORTOS MIS CANTAKES CHISTES EN U N EXAMEN No vayas mar adelante, que la barquilla es ligera y muy fuerte el oleaje. No me des mal rato, no me desesperes, ¡que no es justo que abuses ya taiiu de que se te quiere! Yo quisiera variar, devolver males por bienes como hace la humanidad. ¡QUE REMEDIO C e examina de física un alumno, que no está muy enterado de la asignatura. ¿Qué es pila seca? -le pregunta el profesor. Y él se calla. Se repite la escena un par de veces y el catedrático le dice, por fin: ¿Le da á usted que pensar la pre nta? -jQuia, no, s e ñ o r ¡La respuesta! ¿Qué haces ahí, rayartdo la mesa con el yeso? ¿Con qué quiere usted que la raye, si no tengo una navaja? Deja que la gente diga, deja que la gente hable, mientras los dos nos queramos, ¿qué se nos importa nadie?