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MUJERES DE PARÍS. IVONNE. IJ- Í A venido de Nueva York á poner cátedra en París de moral y de buenas, costumbres. ¡Oh! De l) acnas costumbres, sobre todo. A las dos de la madrugada empieza á bostezar, esté donde esté; á las dos V cuarto se despide de todo el mundo. E s una señorita que se levanta temijrano; que da, en todo tiempo, su aseo matinal á caballo por cl Bos ue, y qiie ijractica el sport higiénico como único remedio contra la vejez premattira. las arrusjas denunciadoras V la grasa... La gordura, principalmente, la asusta. Si, mis queridos amigos: á vosotros no os gustaría la señorita Ivonne, esta es ccie de pájaro escajjado de una jaula de la Quinta Avenida ncoyorkina. o me negaréis que una artista que se retira á las dos de la madrugada y se levanta temprano, es una mujer de buenas, de excelentes costumbres. Ha venido también á jioner cátedra de moral. A la señorita Ivonne la veréis en París rodeada de doce ó uince hombres siempre. En el teatro, en el pasco, en las carreras, en los cabarets de nuit. donde quiera que vaya, estará siem re acompañada de una docena de caballeros. Ivonne recibe en su camerino cien invitaciones todas las noches. Ivonne no las contesta. Si un abonado se acerca á hacerla una invitación para sonper. Ivonne, ofendida, la rechaza. Pero si ocho ó diez señores van á invitarla, ya está Ivonne loca de contento, uniéndose á la alegre banda y dispuesta á divertirse de lo lindo. Porque Ivonne sabe ue á un hombre solo hay que tenerle miedo, mientras que con ocho ó diez juntos no se corre el menor peligro. Oué es esto, señoras mías, mas que una máxima moral di, gna de imitación y de ai) lauso? Y sólo asi se com rende que traiga loco á París esta yanqui ideal, de rubios cabellos y ojos de esmeralda. La solicitan, la adulan, la festejan, se la dispu- tan; pero la señorita Ivonne se divierte en camarada con todo el mundo y tiene siempre á flor de labio el mohín despectivo de las altivas americanas para todo el que se propasa en el cumplimiento ó la galantería. i Quién lo había de decir I Pues, sí, señores... Es indudable... De América viene el tii) 0 perfecto de la belleza femenina, y de América también nos llegan las altas enseñanzas de moral, j Para qile nos riaunos luego de los salchicheros de Chicago! y sin embargo, la señorita Ivonne flirtea que es un contento, y lleva siempre al retortero cinco ó seis folletines amorosos comen. ados en el teatro, en el Bosque, en el restaurant ó en la calle; cinco ó seis novelas de amor que se quedan sin final, porque las delicias del flirt, por lo que se ve. consisten en eso; mucha miradita dulce, mucha sonrisa prometedora, algún sus iro que otro, una ligera esperanza de vez en cuando, un i) oquito de morro de cuando en vez... y en resumidas cuentas, tiempo perdido y nada entre dos platos. Este es el flirt americano. Noches pasadas contemplaba yo á la señorita Ivonne, que estaba en un restaurant á la moda en correspondencia telegráfica con cinco mesas á la vez... Sin abandonar la conversación de sus contertulios, mantenía el fuego sagrado en aquellas cinco mesas, alejadas de la que ella ocupaba, lanzando habilidosamente una mirada, una sonrisa, levantando la coi) a de Champagne, haciendo un mohín ó un gesto; en una palabra, enloqueciendo á cinco hombres á la vez. y yo, curioso, la miraba... y los miraba á ellos. Pties señor- -pensé- -esta gente tiene horchata de chufas en vez de sangre... Porque estas modas del flirt se llevarán mucho en Nueva York, y tendrán gran accijtación en París... ¡Pero á cualquier hora hacía eso la señorita Ivonne en la calle de Alcalá! JOSÉ JUAN CADENAS.