Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
FOLLETÍN DE BLANCO Y NEGRO LOS BANDIDOS DE LA HOGUERA NOVELA POR ELIAS BERTHET 23 CONTINUACIÓN de clemátidas. Pero ya me consume la impaciencia; antes de ir más lejos decidme nada más una palabra: ¿es buena ó mala la noticia que nos traéis? -Buena para mí y para los que me aman. -Respiro; pero hubiera creído lo contrario al ver vuestro serio continente. Ahora ya podéis dejar ese canastillo y vamos al cenador. Daniel dejó su carga con presteza, y tomando á su prima del brazo se dirigieron hacia un espeso bosquecillo. María se sentó en un banco de piedra. ¡Vaya! No me hagáis consumir- -dijo con su viveza ordinaria. Mi madre sabe, -sin duda, que habéis llegado, y podría ofenderse de vuestra tardanza en presentaros á ella; ya sabéis cuan escrupulosa es en materias de etiqueta. -Sobre todo, conmigo es más severa que con nadie, María; su frialdad me lastima y me alarma cada día más. Temo que vos misma concluyáis por experimentar también las fatales preocupaciones que mi tía parece haber concebido contra mí, y precisamente para oír de vuestros labios una respuesta precisa sobre este punto, he deseado hablaros. María se echó á reír. ¡Cómo! -respondió con tono burlón. ¿Y para decirme esto habéis espantado nuestra alegría con esa cara austera y habéis interrumpido nuestra vendimia? Mirad, Daniel, tengo que advertiros una cosa; vuestra profesión de abogado, que habéis vuelto á ejercer en el foro de Chartres, y la costumbre de hablar ante los tribunales de justicia, dan á vuestras palabras y modales un no sé qué de enfático y extravagante. -No me habéis comprendido, querida María; mi pregunta no es tan extemporánea como creéis, y no debéis hallar afectación abogadesca en mis palabras cuando os ruego me digáis si sentís por mí un afecto sincero, profundo, á toda prueba, semejante, en fin, al que yo siento por vos. ¿Y podéis dudarlo, Daniel? -respondió conmovida la señorita de Mereville. ¿No sois el mejor, el más adicto de nuestros amigos? No trato de evocar los recuerdos de una época, todavía reciente; pero cuando una muerte trágica vino á arrebatarme á mi infortunado padre, ¿quién sino vos nos protegió á mi madre y á mí? ¿Quién veló por nosotras con solicitud y abnegación ilimitadas? ¿Qué hubiera sido, sin vos, de nosotras? La libertad, la vida, todo os lo debemos, Daniel; y i creéis que pudiéramos olvidarlo? -No se trata de agradecimiento, María- -repuso Ladrange con cierta impaciencia, -y vos lo sabéis bien; el sentimiento de que os hablo es de distinta naturaleza. En una palabra, querida María, porque los instantes son preciosos: ¿me permitís que hoy mismo pida vuestra mano á mi tía? La joven volvió á otro lado la cabeza con pudorosa gracia. ¿Es acaso necesario este permiso? -r- balbució, ¿no estamos hace mucho tiempo desposados por el infortunio? ¿No somos desde la infancia hermano y hermana? ¿No han sido comunes nuestras penas y nuestras alegrías? Creo que, de hoy más, nada puede ya separarnos. Ladrange experimentaba una especie de éxtasis y oprimía contra sus labios la mano que su prima le abandonaba. -Gracias, María- -exclamó; -esperaba, ó, por mejor decir, anhelaba, sin atreverme á creerlo, este asentimiento por parte vuestra. Tiempo hace, bien lo sabéis, que aspiro á esa dicha; pero, proscripto como vos, obligado á ocultarme, sin posición fija, sin fortuna, ¿cómo me hubiera atrevido á proponeros que unieseis vuestra suerte á la mía? Hoy, por fin, querida María, han cambiado las circunstancias, y el que solicita vuestra mano no es ya un pobre abogado obscuro, incapaz de daros un rango social, sino el director del Jurado (i) de Chartres, uno de los primeros magistrados de este departamento. ¿Es posible, Daniel? ¡Cómo! Ese cargo de tanta importancia, cuya vacante ponía en conmoción todas las ambiciones locales... -Ese cargo le he obtenido yo, mi querida María, y aquí está la prueba- -contestó Ladrange sacando del bolsillo un papel con el sello del Estado. Y notando la profunda admiración de su prima, prosiguió con una sonrisa melancólica: -Aquí tenéis, María, un efecto muy común de las revoluciones, que elevan súbitamente hasta las nubes al que está más abatido, muchas veces para volverle á derribar. Uno de mis amigos políticos, que escapó, como nosotros, de la muerte, goza al presente de una influencia casi ilimitada cerca del Gobierno. Los horribles crímenes cometidos en esta comarca por malhechores desconocidos, han hecho sentir la necesidad de poner al frente de la justicia, en nuestro departamento, un hombre joven, activo, infatigable, que descubra, en fin, las huellas de esos asesinos invisibles y los persiga con inflexible rigor. El amigo de que hablo me ha designado para cumplir esta misión, y me escribe que ha respondido con su cabeza al ministro de mi energía y de mi sagacidad. Ya comprenderéis, María, si me esforzaré por hacerme digno de esta confianza. Yo lograré al fin arrancar el velo con que se cubren esos forajidos y los perseguiré sin paz ni tregua hasta aniquilarlos. Daniel se expresaba con tanta vehemencia, que asustó á la señorita de Mereville. ¡Tened cuidado, Daniel! El puesto que os dan es peligroso, porque esos bandidos, cuyo solo recuerdo me hace temblar, son numerosos, capaces de todo, y podrían querer castigar vuestro ardiente celo... -Tranquilizaos; no necesitaré ponerme al alcance de esa horda de miserables, y espero que no echaréis de ver mi nuevo cargo, sino por la consi (1) Las funciones de director del Jurado correspondían entonces á las de un procurador general en la época presente.