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que tiene un filo que afeita, y aprendí allí á raanejarle con ta 1 a r t e y ligereza, que en mis viajes no lle -a 1) a nunca más a r m a que aquella, l n (lía, al volver á casa, la ventana estaba abierta V había luz, i Caracoles! me (lije vo, ¡lUicna es ésla 1 Todo lo dejé ccrr adf) v il. üaiien (hu ante mi ausencia ha i) cnctrado. sin d u d a Acerté, i) orquf asi era. Vi un ne ro que se ocuijaba en a b r i r m e la maleta cu (ue yo g u a r d a b a sicm i- e IOS diamantes v las erlas. Te indigné, v como faltaban p a r a llegar r i la i) uerta lo menos c u a r e n t a pasos, me dije al punto Xo sea que m i e n t r a s llego se lleve ese ilIo lo que quiera. V cogiendo un machete, se lo a r r o j é con tal f crza, r ue á 50 co le vi que huía dando unas voces tremendas. Cuando llegué luego á casa, reconocí la maleta V vi que había, ¡u n a m a n o del negro caída en ella I- Hall I- -le dijo un contertulio. -y rma fina y a r m a buena ara cortar, la de un mozo que se suicidó en m. i tierra, i Z a s! una pierna de un t a i o I 1, se corto zas i otra i) ierna ¡z a s! cavó la mano z u r d a ¡z a s! se cortó la derecha ¡A l t o c o m p a d r e! -l e dijo el embustero con flema. Con ué mano se cort; il) a la derecha? ¡Con la n e g r a! n afiuella misma mano ¡alió usted en la maleta. CH. -P é s a m e libra y media. Eos pesó J a c i n t o los e n t r e g ó y a p u n t ó el importe en el folio corresjjondicntc á la cuenta de lüstefania, que ya habia m a r c h a d o muy ligera á su casa y ya tenia los g a r b a n z o s á remojo en a g u a de sal. r H a S. A la m a ñ a n a siguiente el sastre empezó sus costuras, y la lístefania se (josesionó de la cocina, dispuesta á que las planchas estuvieran candentes siempre que se las i) idieran, y á que la comida rcsultar a digna de su fama en asuntos culinarios. Pero notó con gran disgusto ue los garbanzos no se cocían. Jíran las diez v estaban como cuando los a r r i m ó al fuego. Las once, y los g a r b a n z o s no bland e a b a n Se vio en un com roiuiso serio y tuvo que r e c u r r i r á sus ijroccdimientos ¡ara casos e x t r e m o s bichó en el uch. ero un oco bicarbonato de sosa, y á benericio de esta base los g a r b a n z o s e n t r a r o n en razón. Sirvió la comida á tienqjo. v nadie echó de ver la deficiencia de las legumbres. Pasó el s u s t o pero no su indignación contra el tendero) or haberla e n g a ñ a d o A enas sirvió los ¡ostres, m a r c h ó como un rayo á v e r á j a c i n t o dispuesta á c a n t a r l e las v e r d a d e s m á s agrias. -Te paire medio regular, so g r a n u j a e n g a ñ a r á C U E N T O BATURRO I a tía E s t e f a n í a estaba aciuella t a r d e muy a t a r e a d a con l olonio, el sastre, mojando unos cuantos m e tros de i) año, p r e p a r a n d o forros y carbón p a r a calent ar las planchas. T e n í a que arre. glar de i n v i e r s o á sti marido y á los chicos, y al día siguiente llegaba el sastre, qu. e en los ¡pequeños i) ucblos de su t i e r r a trabajan á j o r n a l en casa de sus clientes. Ultimadas estas operaciones preliminares, se despidió P o l o n i o hasta la m a ñ a n a siguiente, y la tia E s te fania se m a r c h ó á la tienda á c o m p r a r g a r b a n z o s del Sai ico, pues los que tenía de su cosecha eran detestables, y la comida del sastre sólo odía c o m p a r a r se á la que se sirve al predicador el día de la tiesta del Ueb! o. -C fHa, s noclics, Jacinto- -diijo al dueño de Ir. tienda de comestibles. -iV ver ¡ué garbanzos tienes. y el tendero, con dos recipientes de hoja de lata, sacó dos m u e s t r a s de diferentes sacos. -E s t o s tienen güeña cara- -dijo la tía Este Lan í a -e s t á n muy arrugaiic y son muy gordos. ¡Como huevos! -replicó el tendero. una prohc nuijcr, dándole iedras en vez de g a r banzos. Atiende, atiende, l í s t e f a n í a te h a b r á s enr añaii lú, que los lias eligido. -D i j i s t e que eran tan güeñas... -T e dije ue eran como huevos, y n a d a más. Conque, no te e n g a ñ é tú los has prcbmi: son como huevos, que cuanto más se cuecen. m á s duros se ¡lonen. T. GASCÓN. A