Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Yo bien se que la razón parece siempre del que está debajo, aun tratándose de un irracional; mas, asi y todo, en esos litigios entre la muía y el carretero, suelo ponerme de i) artc del carretero. Esto me parece, naturalmente, más humano, aunque lo otro resulta más sentimental en apariencia... ¡E n a aricncia, sí... l Por ue es algo fuerte eso de ensar (ue hay ue hacerse solidario de la muía para tener buenos sentimientos, aljandonando á nuestro hermano el carretero enfurecido... Cierto que lamento la desgracia del animalito y me desagrada la violencia de palal) ra y obra del otro animal ero estimo ambas cosas como males necesarios, en tanto no se pueda convencer á las muías con un silogismo, se dedi (uen á conducir carros los estilistas, los oradores ó los filósofos. Dudas análogas me asaltan al escuchar las i: eriódicas lamentaciones (jue nacen ante las enormes fuentes de ix ijaros fritos... i Cuántas lágrimas no han vertido al ver á los arientes del jilguero casi moribundos, los ojos ue le contem lan en su jaula casera... Yo, ue amo al i) ájaro como á mi mismo, he llorado también ante su cadáver adobado, al disiwnerme á cumplir en él mi triste misión de sei) ulíurero y sepultura... Y sin oderme contener, he extendido también mi sentimiento á todas las tiernas es ecies animales que me veo recisado á devorar, mientras me llega el turno de que me devoren los miserables gusanos que me cs eran... ¿Quién fué el primer hombre terrible y sanguinario que nos legó ese atavismo devorante que triunfa en nuestra mesa? ¡Pobres pajaritos! Pero obres también de los pichones, de los ollos, de las terneras, de los lecboncillos, de los langostinos, de los bo uerones; de todos esos seres, en fin, más ó menos tiernos, que sacamos cruelmente de su elemento para atender á nuestra alimentación elemental Si ei vegetarianismo no estuviese defendido or razones científicas, no menos vegetarianas que sus latos, deberla bastar á ini onerlo en todo el mundo su sim ático as ecto de protesta contra los crímenes cometidos por la bnn ianidad i) ara nutrirse... ¿Qué iiensarán de nosotros los animales sacrificados al ver que nuestra alegría es siempre su desgracia... Porque, ya se saDe; en cuanto el hombre trata de festejar un suceso fausto, lo primero que hace es matar una gallina, por ejemplo. Estas consideraciones, que si no son inéditas, me arcceii, por lo menos, en buen uso, me desarman el natural instinto cuando me siento protector de los animales. Ai) ago, entonces, la llama del corazón, y creo que nucntras no imitemos sin. X ramentc al Santo de Asís, diciendo h e r m a n o lobo, hermana pulga, hermana bicha, etc. etc. seremos sentimentales incompletos. Ya cjuc no i) oda 4 nos llegar á la santidad, confesemos nuestra limitación de aspiraciones protegiendo sólo á los animales (lue lo merecen. Gil, PARRADO. Dibujo. i de jMctlína Vera. 111 m