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PROTECCIÓN A LOS ANIMALES P ESiJii la rápida exlensióu de los Casinos, Ateneos, Coo erativas, cines, tupis y otros establecimientos análogos, ha ido disminuyendo el número de Sociedades protectoras de an. imalcs. Y se comprende. El hombre, enterado por fin de lo mal que vive, procura mejorar sus condiciones de vida y no le ueda tiempo para ocuparse de sus compañeros de escala zoobjgica. ¿H a y nada más justo... Ya se dijo, ó se debió decir, en el templo de Dclfos: Protégete á ti mismo. Aún uedan. sin eml) argo, algunas personas capaces de sacrificar á sus semejantes antes (juc ofender á ciertos animalilos de su particular apareció... Doña aiilita. or ejemplo, m vecina del principal, solterona im crtérrita y sin solución, mantiene á seis gatos y deja al) andonados á dosobrinos (ue tragan cordilla al ver la ue se comen ¡os felinos domésticos... ¡lüen dicen ue en amar á los ainnudes emplea el corazón humano el sobrante de su t e r n u r a! (Tuién no ha visto también K) r esas calles gentes alborotadas ante los conatos reales ó supuestos de aninwlicidios... Cuando los clásicos perreros esgrimen el lazo, en cumplimiento de las Ordenanzas municipales, los espíritus sensibles se indignan y protestan, prefiriendo el peligro probable de la rabia al espectáculo cierto de la esclavitud canina. E s un latido romántico plausible, después de todo, que nos permite comprobar que el sentimiento de la libertad es innato en el hombre y en el perro... No obstan. te, muchos de los que se oponen á que los canes de dominio público corran sueltos por la ciudad, le sueltan dos estacazos al primero de ellos que se les acerca pasado a (iuel instante fervoroso. Ea invención del tranvía eléctrico nos lia evitado ciertas escenas trágicas á cargo del encuarte; del encuartero y de los viajeros de la plataforma. Pero aún las vem s repetidas en los parajes úblicos, siemjjre (jue una muía se cae con el carro (ue conduce y el carretero se indigna y enfurece con una dcscsi) craciün ue no podemos exjjlicarnos, por ue, afortunaclameiite, nunca nos vimos en ese trance... i Y es i) articular... La muía, considerada sicm re como uno de los animales más animales, en el omnímodo sentido de la i) alabra, y despreciada íambién á causa de su falsía, adcpñere en tales momentos nn prestigio colosa! ue rdxíi sí u, isicra su conductor aleve. Todo el mundo la compadece, y hay transeiuite (j uc se detiene i) ara ayudarla, cariñosamente, á salir del apuro... Nadietiene una palaljra de disculpa para el que arroj; tantas de las prohibidas mientras esgrime el láti go, convencido de que no le bastan los razonamientos... Y no falta exaltado que le increpe, le denigre y le denoste, ganándose alguno de los palos que iban para el animal... ¡r ne esc es el sino de todos los redentores públicos 3 privados!