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NOTAS TAURINAS der lo mucho que ignoraba, habría producido sanos frutos y quizá una gloria del toreo que habría ganado tanto dinero como el que más. No se hizo así, y acabó por borrarse una figura que tenía condiciones para no haber caído en el montón en que no deben caer aquellos que tienen algo que se sale de lo vulgar. Nadie que viera empezar á Olmedo se figuraría que no iba á llegar arriba, contando siempre con que los toros le respetaran, pues aplicado su valor frío á aprender el difícil ajetreo de los toros, en lugar de derrocharlo insensatamente, pudo producir mejores resultados para él y para la afición, que se vio defraudada donde creyó encontrar un paladín de los que llenan una época del toreo. Nació en Alcalá del Río (Sevilla) el día 27 de Julio del año 1874, siendo sus padres Antonio Olmedo y Carmen Vázquez. Aprendió muy á la ligera las primeras letras, y se dedicó á la profesión de desbravador de ca ballos, en la que estuvo bastante tiempo. Deí- pués se dedicó á las faenas agrícolas; pero no debió parecerle solución definitiva la de destripar terrones, puesto que el hombre pensó en el toreo, suponiendo que le sobraba el preciso valor para tan complicados menesteres. Su paisano Antonio Reverte estaba entonces en plena popularidad, pues transcurrían los a ñ o s 1892 y 1893 cuando al mozo se le despertaron los entusiasmos toreriles. Como en todos los casos narecidos, la primera lucha fué con la oposición ele su familia, que, como en todos los casos análogos, no quería que fuese torero el muchacho. Saltando por todo, se decidió, y la r) rimera vez que toreó fué en Burguillos, provincia de Sevilla; después lo hizo en Castilblanco y Guillena, también en la misma provincia, y la primera v e z que estoqueó fué el año 1894, en una capea que se celebró en Reai de 1 a Jara. Al año siguiente mató en Alcalá del Río un toro de Arribas y en 1896 vistió el traje de luces en Sevilla, en una. corrida con toros de D. Felipe Salas, acompañado de Cayetano Leal y Guerrerito. Gustó su trabajo y en la misma plaza trabajó aquel año otras tres corridas. Ya en 1897 extendió más su vuelo y toreó en plazas t a n irnportantes como las de Valencia, Barcelona y otras, preparando el debut en Madrid que se verificó el día 2 de Febrero de 1898. Se lidiaron en aquella corrida seis novillos de Veragua, y le acompañaron Jeresano y Ricardo Torres. En los dos toros ganó dos ovaciones y le sacaron en hombros varios entusiastas espectadores. Sufrió dos cogidas horribles de las que creímos que saldría hecho un guiñapo, pero de. ambas se levantó sonriente y sin mirarse la ropa, que la sacó hecha jirones: Le repitió la empresa en los días 6 y 13 del mismo mes, con idéntico resultado en la primera, y en la segunda sufrió un puntazo n la ingle derecha que no le permitió matar su segundo toro, lo que tuvo que hacer Félix Velasco. Algunos calificaron á Antonio Olmedo de suicida, y no era del, todo justo el calificativo, pues en algunas cosas se veía un aplomo y serenidad que no son la característica de los suicidas ante los toros. 7 M desapercibido y apenas se acordó nadie que existía en el mundo tal matador de toros. AI año siguiente logró entrar en una combinación extraordinaria e n Madrid y confirmó el doctorado de manos de Fuentes, el 20 de Junio de 1901, con ganado de Palha. No fué su trabajo sobresaliente, no se vieron en él los arranques de valor que mostró de novillero y más perdió que otra cosa con torear en la corte en corrida de fuste. y demás, en aquellos tiempos estaban recientemente elevados á la categoría de espadas de alternativa los Rafaeles de Córdoba y Ricardo Torres, quienes mostraban en las plazas un deseo de aplausos que borraba todo lo que otros pudieran hacer si no se jugaban el todo por el todo. En lugar de avanzar, Valentín retrocedió y tuvo necesidad de buscar en América lo que aquí no le daban, con lo que perdió el contacto con los públicos españoles, hasta el extremo de haber algunos aficionados que ni le conocen siquiera. Por allá sigue, y, aunque vuelva, poco hará á los treinta y seis años de edad. DULZURAS; EXPLOTADORES DE VERANO laro es que no se puede perseguir judicialmente á ciertos vividores que en esta época del año se dedican a 1 lucrativo negocio d e tomar e n arrendamiento algunas plazas de toros pero si la convicción moral fuera suficiente oara imponerles un castigo, no se irían sin él muchos de los que parece que sólo movidos por su afición, y en bien de la fiesta, hacen, sacrificios para que en algunas plazas de provincias no falten las corridas que, con motivo de las ferias, hay costumbre de celebrar. Ahora precisamente, en los meses de Agosto y Septiembre, es cuando se muestran en toda su actividad y cuando sacan para vivir todo el año á costa de los candidos que se dejan cazar en sus redes. No vamos á negar que haya algunas excepciones; pero que a regla es general, no le quepa duda á nadie. Hay muchas plazas que se edificaron en muchos pueblos con el exclusivo objeto de celebrar alguna corrida por ferias, y, por no molestarse en la. organización, conceden subvenciones á los que mejor programa ofrezcan. En las poblaciones que conocen sus intereses, se forman comisiones que gestionan la celebración de las corridas sin necesidad de que vaya nadie á llevarse las pocas ó muchas utilidades que se obtengan; pero allá donde el abandono y la pereza no permite desarrollar actividades, es donde ¡os ex- Antonio Olmedo (Valentín) Es verdad que algunas veces ocupaba un terreno que no es el que se debe pisar para andar entre los toros, pero todo era perdonable, sobre todo, en esa época en que los toreros empiezan y en la que, sobre todo, se les debe pedir valor, ya que de los valientes se saca todo. En cuanto llegó á provincias el eco de sus hazañas en Madrid, le buscaron las empresas y muy pronto figuró justamente al lado de los novilleros mejores, sumando tantos contrat o s como el que más. Las muchas y frecuentes cogidas que sufrió le restaron algo, por aquello de no p o d e r cumplir todos los compromisos que contraía. Por una precipitación injustificada, tomó la alternativa en la plaza de Murcia, el 8 de Septiembre de 1900, y le pasó lo que á todos los que adquieren el doctorado en plazas que no son de las que dan ó quitan cartel, al individuo: que pasó por de pronto