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CRÓNICA DE PARÍS 3 Í DE G SI 0 M 1 RDC 01. ES ué difícil, i) or no decir im osiblc, es en la é oea actual formar una idea exacta de la moda! ¡Cuántas discusiones se suscitarán entre los artistas, de siíílos venideros cuando se trate de re rodeieir escenas de nuestros días! Consuliarán erónicas y retratos, y se verán en un mar de confusiones al encontrarse con figurines del mismo año. y hasta del mismo mes. en un todo diferentes el uno del otro. I. a moda, desde hace unos cuantos años, es el más perfecto cmlílcnia de la volubilidad, líl 5 rimer im erio creó los vestidos iiltra- coliantes y cortos el scnimdo, fué el reinado de crenolinas y falhalás, y ahora, evolucionando rítmicamente, marchamos liacia los volantes y las faldas demasiado am plias uizá. lis aventurado ase. gjrarlo, y debemos conten. tarnos con sa 1) cr tpie rcTíimvc h. a caído definitivamente. ¡P ero- -exclamarán mis Icctora. s- -si no se ve otra cosa! ICs cierto; x- ro son todos vestidos antiguos, de i) rinci io de Julio, y las menos favorecidas or la fortuna no i) uede renovar su gu. ardarropa cada uinz ¿días, y signen usando l ciitrai c hasta la pró. xiina temporada. Las dobles faldas, sencillas y du. i) licadas, se van confirmando cada vez más. y es iosible ue lletruemos á los volantes en forma, que fu. é una de las manifestaciones más felices de la moda. Por suj iuesto, qiie no modificará lo más mínimo la parte superior de las faldas, que seguirán siendo muy ajustadas, rechazando ijliegucs, frunces, y con doble motivo los panicrs con (ue algunas extravagantes, ávidas de novedades, uerían amenazarnos. La mayoría se ha negado á aceptarlos, y cuantas veces intenten el asalto, se verán rechazados con igual persistencia. o valdría la 5 cna de haber proclamado al corsé recto, f uc. en beneficio de la liigiene, aumenta el volumen de la cintura, h. aciendo desai arecer las caderas, para adojitar mía forma (le vestidos ue tienda i recisamentc á lo contrario. Mientras dure el corsé recto no desai) arecerán las faldas con poco vuelo jíor arriba, y como el jírimero, or sus mnclias ventajas, no es probable ue cambie, está la vida de la segurida ascgairada por mucho tiemvjo. Los abrigos de día, amplios y ligeros, son indisiiensables. si no para abrigar. uesLO uc son de libcrty, cubiertos ó forrados de gasa, para utilizarlos como medio de r alzar los encantos e uc la distinción y la gracia de movimientos im rimen en una mujer elegante y, además, bonita. El moverse bien y iii. ancjar con soltura esta clase de abrigos, es nn arte cuyo secreto no conocen la generalidad de las mujeres. Es mucho más fácil resultar bien bajo las severas líneas de un traje taillciir, ue entre un b. arullo de gasas y encajes. P a r a el primero, basta con tener bonita figura y un poco de la rigidez inglesa, mientras que para el segundo son nrecisos todos los atractivos gentiínamcnte femeninos, imidos á la más suprema elegancia. Las cellarpcs siguen haciendo furor, y son innumerables las combinaciones cpie se hacen con hivención tan seductora. Dcs riés de los sencillos de seda negra forrada de blanco, hay los de Chíin, tilly l) lanco rcvoUc de gasa negra, qnc son ideales. riiy originales también los de crespésn imitando los antiguos cachciuircs de la India; se Ikvan como echarpe, ó en i) ico. como los verdaderos diales. También resultan de gran novedad los de encaje gordo de lana, bordeados de cisne. P a r a terminar, recomiendo la manteleta á trois pointes, de un efecto irecioso. Se hace de crespéin paillctcc, con grandes gíands en cada i) unía, y a dicaeiones de pasamanería en la esi) alda. CONDESA D A R M O M V I L L E E L E A I E f asi todos ponderamos la facilidad y rontitiid con que liaceiiios nuestros c tii ajcs, como si con eso quedase demostracio que se ha viajado jior las cinco partes ea que se divide el mundo, y, en efecto, sen) ucos los ue encuentran grandes dificultades) ira ¡leecr su inundo, como vulgarmente se eicc, i ero son iotiavía menos los ue lo hacen bien. ün equi iaje bien heclio debe reunir tres condiciones iii (lis eiisald. es, ue son: primero, colocar niucIúiB cosas en oco terreno; segundo. ue se Cülo ue de modo que no sufra dcs erfectos, y tercero, hacerlo en forma que sin revolver se encuentre en seguida lo (lue se bus uc. La manera de conseguir un e i ipaje crfecto es la siguiente: se hacen bolsas, ó carteras más bien, de dril, de diferentes dimensiones, cerradas con un botón, y se mete en cada una de ellas un objeto ó varios, si son del mismo género, como pañuelos, medias, etc. r) es ués se ata al ojal con una cintila de seda celeste ó de cualc uier otro color, aun ue yo i refiero el azul, un cartón redondo con cerco niquelado, donde se es ecifica lo ue contiene cada cartera. Por cjenqdo: zaiíatos blancos, i) otas de liusia, ijañuelos bordados, ídem lisos, cepillo de sombreros, guantes largos, guantes de hilo, los olsjetos (le toilcilc cada uno por sc arado, y así sucesivamente. Una vez que se ha prcimrado to; lo, absolutamente todo, sin que á nada le falte su corres K) néliente cartera, se procede á meterlo en el baúl, que estará nrcivisto de unas orejetas cerradas con cint. as- para divi (iir en dos dc artameutos el fondo. Po iriniero c ue se coloca son las ¡rendas ele ropa blanca, hasta una altura de veinte centínietros; luego se sujetan, or medio de presillas de elástico clavadas todo alrededor del bai il, las bolsas del calzado, cuidando de colocar las puntas liacia arriba para (jue el movimiento del camino no las estropee y que los golpes inevitables los reciba el tacón. Sobre la ropa iilanea se iioncn las cosas frágiles y cachivaches pe ueños. y encima el resto de ésta. Se cierran las indmcras oreietas y se colocan las faldas, que como tienen que doblarse orquc son más largas que el bai il, es indisiiensalile poner unos cuantos líegos de papel de seda arrugado entre el doblez, para cpie no se i niarciue, y colocarlas trocadas ¡lara ¡ue no coincida