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TAURINAS concedida la oreja, y los que habían íilbado el miedo que demostró ante Cucharero, aplaudieron frené t i c aniente el derroche de valentía y arte ante Cigarrero. La gran figura taurómaca de Raíael presentó en aquella corrida el anverso y el reverso. Así era aquel gran torero. Cuando veía claro un peligro no exponía una lentejuela de su vestido; pero fueron muchas más las veces en que patentizó la superioridad de su arte, muchas veces hermanado con el valor. rrida que se celebró en Astorga el 23 de Agosto. Cuando sólo contaba seis años de edad, se trasladaron sus padres á Sevilla, y allí continuó la educación Hilario, quien después de aprender las época que las planchas, badanas, fieltros y forros. Lo abandonó todo v se dedicó de lleno á visitar los tentaderos y tomar parte en todas las capeas de que tenía noticia. Cuando sólo tenía diez y ocho años. 1 ÁLBUM BIOGRÁFICO HILARIO GONZÁLEZ (SERRANITO) U e aquí uno de los ejemplos en que nunca quieren mirarse los que empiezan la carrera taurina. En plena vida, -cuando mayores eran sus esperanzas é ilusiones y cuando ya se veía en la categoría de matador de toros, soñada por todo el que se dedica á la peligrosa profesión, echó por tierra todo el inconsciente y certero golpe de un toro, que segó en flor la vida de un hombre que, pletórico de ella, soñaba con todo menos con que su existencia había de tener tan trágico fin. Era un buen mozo, de porte simpático, con mucha afición y no escasa valentía, suma de condiciones que le podían haber llevado muy lejos si la terrible fatalidad no hubiera truncado con tétrico guadañazo su lozana y exuberante vida. En todas las plazas grandes en que apareció, fué agradable la impresión que produjo y siempre su primer contrato arrastraba otros m á s siendo ésta la más incontestable muestra de su valía. Claro es que cuando murió aún le faltaban muchas cosas que h a c e r pero iba por buen camino y no era difícil ni disparatado augurarle un buen puesto si proseguía el camino emprendido, sin esos retrocesos que destruyen en otros las más legítimas esperanzas. Como todos los que se han hecho toreros desde hace unos cuantos años, no aprendió al lado de maestro alguno, sino que se erigió en jeife á las primeras de cambio, haciendo como se hace en la actualidad el aprendizaje, sentado en el sillón del catedrático, original y raro sistema, pero que por ahora es poco fácil de substituir con el primitivo, que era de mayores garantías, por lo menos. Nació en OHvares (Sevilla) el 21 de Diciembre de 1883. Así, pues, tenía sin cumplir los veinticinco años cuando ocurrió su desgraciada muerte, el 13 de Octubre de 1908, á consecuencia de la cogida que sufrió en la co- AK i. í. -ip Í Hilarlo González (Serranlto) primeras letras cursó dos años del bachillerato. No mostró grande apego á los libros y acabó por abandonar los estudios, por lo que le obligaron á que aprendiera un oficio, siendo el de sombrerero el que eligió, como pudo elegir otro cualquiera, pues ya en su cerebro se fraguaba la idea de hacerse matador de toros, para lo cual contaba con graiides facultades y una afición sin límites, que le podía llevar al sitio en que otro se colocara. Poco fué el tiempo que estuvo sujeto á la sombrerería, porque las capeas llamaban más su atención en aquella formó con Antonio Pazos una cuadrilla de niños y vistió por vez primera el traje de luces en la inauguración de plaza del Pilar, de Oporto. La primera corrida que toreó como novillero serio fué en la plaza de Málaga, el 22 de Mayo de 1903, con Fernando Gómez (Gallito) y el referidc Pazos. Una vez declarado novillero formal, comenzó á sufrir los primeros sinsabores de su vida, precisamente en el barrio en que había nac! do y se había criado, y que es el popular barrio de la Puerta de la Carne, en Sevilla. Allí