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MESA KL nJPi URín 5 mAhE. 5 ANtCbATA CARICATURAR D lac -in Y una vez que cantaba, pasó el coronel. Era éste un hombre de genio irascible, que tenía á los soldados asustadísimos. ¿Te figuras que has venido aquí p a r a cantar, grandísimo holgazán? Esta tarde, á las seis, pásate por mi casa; yo te arreglaré. Caruso acudió temblando. Pero. el mal genio del coronel se había disipado. Esperaba al soldado en compañía de algunos aficiori. ados á la música, todos inteligentísin Cantó Caruso, y su triunfo en aquella tertulia fué inmenso. -No vayas nunca por el cuartel- -le dijo el coronel al salir. -Siempre serías un mal soldado y puedes ser un gran cantante. Aquella fué la primera victoria de Caruso. PARA COLGAR OBJETOS NUESTRO VERDADES NUMERO i.ooo Y MENTIRAS M o hemos querido transcribir en es tas páginas los elogios que la Prensa de Madrid y, de provincias ha dedicado á BLANCO Y NEGRO, con ocaBANDEJA- MESA sión de su número i.ooo, porque no se volante, ó viceversa. achacara á vanidad lo que hubiese sido deseo de significar nuestra sincera gratitud. Hemos d e hacer u n a excepción ahora, con los periódicos de la Habana, porque en sus juicios vemos el afecto que por Espaiia sienten los hijos de nuestra antigua colonia. La Lucha, El Mundo y el Diario de la Marina, nos dedican frases de cariño fraternal. Como todos saben, el Diario de la Marina, El Mundo y La Lucha son periódicos que gozan en la capital de la República cubana de antiguos y bien ganados prestigios. Basta para ello hacer funcionar las El número i.ooo de BLANCO Y N E pequeñas palancas ad hoc, y, en el CRO- -dice el Diario de la Marina- -es digno de ser celebrado, porque esta acto se despliegan las cuatro patas revista es la que originó en España la disimuladas bajo la tabla. Una maniobra inversa repliega las serie de los semanarios ilustrados populares y baratos, que hoy forman le- patas, convirtiendo la mesita en bangión en España y que han difundido deja. ia cultura y la afición á las bellas leCOMO E M P Z O C 4 RUSO tras en todos los países de habla española. A los diez y ocho años, Caruso, hoy célebre tenor, era un humilde di BL. NCO Y NEGRO es el decano de los periódicos ilustrados populares y bujante, que ganaba, cuando más, cines muy justo que se festeje el gran co liras diarias. Tenía buena voz y quería dedicaracontecimiento de su milésima edise al teatro, pero apenas manifestó al ción. Ninguna publicación ilustrada- -autor de sus días esta decisión, la condice El Mundo- -ha logrado tan larga testación de su padre fué ésta: ¡Vete de casa y que no vuelva á y próspera vida, encontrándose, al alcanzar su milésimo número, en todo oír hablar de t i! Ya que quieres c? cssu apogeo, como sucede con la popu- honrarnos, s i q u i e r a cambia d e nombre. lar revista madrileña. El joven napolitano dirigióse á ver La Lucha escribe, después de celeá un párroco de Ñapóles, el cual, enbrar nuestra grata efeméride: A su labor literaria, de donde se cantado de su voz, le conservó como sacan grandes enseñanzas, hay q u e solista y le recomendó al maestro de sumar su inmejorable sección gráfica, capilla para que le diera lecciones donde se ven reflejados los últimos gratuitas de música. Y en estas andanzas cayó soldado. asuntos de actualidad mundial, porSu capitán le preguntó por su proque abarca todos los particulares y fesión. satisface todas las curiosidades. -Soy cantante- -respondió Caruso. Agradecemos de todo corazón esas Y aquel capitán, para quien, como palabras. Y aprovechamos la, ocasión para testimoniar nuestra gratitud á para Napoleón Bonaparte, la música ios compañeros de Madrid y de pro- era el menos molesto de los ruidos, le vincias que se han expresado en aná- tomó antipatía al momento y no cesaba de imponerle castigos. loga forma. Caruso endulzaba sus desventuras cantando. nombre indica, sa práctica bandeja se transc romoaysuinstantáneamente esta curioió m en raesita r olgar u n cuadro ú o t r o objeto cualquiera en una pared, parece la cosa más sencilla del mundo. A veces, sin embargo, puede ofrecer dificultades, debido á la poca práctica del que ejecuta la operación de clavar las escarpias ó clavos, ó, también, á causa de las malas condiciones del tabique. Se acaba de inventar un sistema cómodo, sencillo y no muy costoso para realizarlo fácilmente y con rapidez. El grabado adjunto n o s evitará prolijas explicaciones, y en él se advierte que el sistema á que nos referimos está integrado por dos partes distintas: el clavo, propiamente dicho, y una especie dé gancho que, sostenido por aquél, ha de sostener á su vez los objetos que se trate de colgar. Él modelo representado en el dibujo lleva dos clavos, con objeto de que se pueda suspender de él toda clase de objetos de gran peso. Los clavos se introducen en el tabique oblicuamente, sin golpear demasiado fuerte con el martillo. Para extraerlos, en caso de necesi-