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c: el golpe no recibes del granizo cruel que nos deshoja y ese muro de espinas que te enoj? defiende tu hermosura de que una mano rústica la coja. La flor entonces, de despecho roja, -i Mal haya- -replicó- -la ruin cordura, que de riesgos que no hay, tiembla y se apura! Ño fué la maldición echada en vano. A los pocos momentos un villano llega con la cortante podadera: la despiadada mano descarga en el zarzal: hiere, destroza, y tan completamente me le roza, que ni lui retoño le dejó siquiera. Poco de la catástrofe se duele, persuadida la Rosa de que gana, quedándose sin aya que la cele. Descanse en paz la rígida guardiana. ¡Qué feliz su discípula es ahora I Bañada en el relente de la aurora, descoge con orgullo su tierno y odorífero capullo princesa de las flores la proclaman los pájaros cantores. Pero el viento la empolva y la molesta. sol picante la tuesta, la ensucia el caracol impertinente con pegajosa baba, y apenas se la enjuga cuando, voraz la oruga, su venenoso diente una vez y otra en ella clava. Se decolora la infeliz, se arruga, y una ráfaga recia de solano desparramó sus hojas por el llano. Es el recogimiento condición de las jóvenes precisa: falta en la mocedad conocimiento del suelo que se pisa. La niña que imprudente, sola y sin guia recorrer intente la senda de la vida peligrosa, tema la suerte de la indócil Rosa. JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH. sarme con la chica del Patas; pus bien, hoy van á ser los ajustes, y cuando yo diga delante de mi foiuro suegro lo que llevo al matrimonio, tú tienes que desacerar todo lo que yo vaya diciendo; es dicir, que si yo digo que tengo cuatro, tú has de asegurar que tengo ocho. ¿Me has entendido? ¿Estás conforme en hacerme este favor? ¡Pues, hombre, no faltaba más! ¿No sernos amigos de toda la vida... Tú me mandas todo lo que se te ofresga. Y una vez conformes los dos amigos, aparejaron sus cabalgaduras y se trasladaron en menos que lo digo al citado pueWecillo. El Patas los recibió muy afectuosamente: tomaron unas pastas y unas copas que les ofreció la novia y entraron de lleno en el asunto que allí les reunía. El Patas dijo detalladamente todos los muebles é inmuebles que formaban la dote de su hija, y Gervasio, que asi se llamaba el novio, muy conforme con C U E N T O BATURRO -lola, Perico! Siéntate y bebe sí te cumple. Nesecito uno que me acompañe á Aladren, y tú me has paicido el más aparente. Ya sabes que voy á ca- Tg- V la novia y con la dote, hizo relación de su patrimonio en la forma siguiente -Yo tengo en el granero unos cien cahíces de trigo. En mis tinajas... -Aguarda, aguarda- -dice Perico. -No te salgas, del granero. Y sesenta de cebada, y veinticinco de panizo, y las patatas y el centeno. -Y en mis tinajas, trenta arrobas de aceite- -continúa Gervasio. -Más bien cuarenta- -dice Perico, -las hi portean yo. -Tengo tres pares de muías y un carro nuevo. Sais justas... -Aguarda, hombre; cuenta todos los animales. Dos yeguas con sus recrías, tres burros de hato... -Güeno, hombre. D o c e juntas de huerta. -i Pero qué huerta! Que no le falta agua en to el año. -Cien juntas de monte. Una pitntica de ganan. -jRedies, puntica! Mil carneros, doscientos primales, ovejas, borregos... -Tengo mi buena casa. Jn palacio. -Y tres mil duros en metálico. -Esos no los hi visto, pero me paice que te quedas corto. -Y de salú, como está usted? -pregunta el tío Patas, -porque la salú es mti prencipal en estos asuntos. -Pues... estoy muy bien, es dicir, en ios ojos tengo así como unas moscas. ¡Sí, moscas! Güeñas moscas te dé Dios! ¡Que no ve gota! Así acaba su misión el buen Perico. T GASCÓN.