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RICARDITO Y LA AVIACIÓN CONTINUACIÓN II T legó el día solemne. He ahi el globo Mercedes, ya hinchado. Alrededor, en las sillas de preferencia; más lejos, en los terraplenes por donde traspone horizontes y países, túneles y qué sé yo, raudo é imponente, el ferrocarril, delicia de los niños y aun tal vez más de los mayo- res, que gustamos tanto de la vertiginosa correrá por el círculo de la ilusión y de la vida... Por todas partes gente; niños y grandes, en pintoresca confusión, ansiosos esperan la aparición de la aeronauta. La tarde es de tremenda ventisca, un tanto refrigerante. ¿Subirá la señorita Corominas? Esta es la pregunta que se hacen muchos y que formulan á grito petado unos chicos grandullones, encaramados en los travesanos del tobbogan. -Te digo que no sube. Jo faltaría más, hombre. Que nos devuelvan el dinero. Ricardito y nuestros amigos, empinados sobre unas sillas, pálidos de emoción- -figúrense ustedes lo afec- bandazos del globo son cada vez más terribles, llegando á asustar á la chiquillería, que grita é intenta huir. Parece que al fin se eleva el globo... Pero, ¡ay! unos remolinos furiosos amenazan reventarlo contra la primera pared ó tejado oue encuentre. La señorita Corom. inas ya se despedía con el pañolito. Ya agitaban sus pañuelos, y aplaudían para animarla, algunos niños y niñas. Pero celébrase breve consejo entre los operarios y la aeronauta, y, con anuencia de la autoridad, se acuerda que esta tarde no es posible la ascensión... Y he aquí al globo deshinchándose, deshinchándose, y aterrorizando cada vez más con sus tnovimientos á la infancia. Y he aquí á Julito llorando á lágrima viva, conio era de esperar, por el infausto suceso, y á nuestros restantes amigos cariacontecidos en extremo. En desquite, se vaii á jugar á la ruleta de las provincias; ganan en seguida una cesta de caramelos, y se sientan luego en unos sillones, formando corro. Saca su cuaderno Ricardito y reanuda la interesante lectura, siguiendo el estilo telegráfico ó de oratoria lozana, según le conviene. -Entre lo más notable de este año igo 8 está la ascensión del bailón Cognac. Tripulantes: Beaclair y Riceskeu. Altura: i.ooo metros. Desde Bitterfeld (Alemania) hasta Pisa, pasando los Alpes. Después el Rive, el Risgue Toiit. Desde Rueil. o á 6o kilómetros por hora. Paso de Calais. Escocia. 3.000 metros de altura. Peripecias, caída en el mar. Perdido el globo. Salvados los tripulantes Leblanc y Dupont por el yate Joconde. Gay- Lussac. 4 Abril, 10 mañana. Desde SaintClouel. Tripulado por Mmc. Manon y MM. Panion y Wateau. Caída violenta en el Canal de la Mancha. Mme. Manon se ahoga, y una barca de pescadores salva, después de muchas dificultades, á Wateau y á Panion. Entre las más notables proezas está la del capitán Spelterini, el conquistador de los Alpes. Ataca el gigante de Europa el Montblanch, y se eleva c; 6oo metros. Parte con Reichel de Chamourix, pasa sobre el Mar de hielo y desciende cerca de Locarno. ¡Esto sí que me gustaría! -dice exhalando un profundo suspiro Julito, partidario, como muchos, en hipótesis, de todas las empresas atrevidas. ENRIQUE S A N C H C Z TORRES. rí w rí FÁBULAS E S C O G Í D VS LA ROSA Y LA ZARZA Murmuraba impaciente una Rosa naciente del cautiverio duro que sufría, porque una Zarza espesa la tenía con sus punzantes vastagos cercada. -Yo (sin cesar decía) yo no disfruto aquí ni sé de nada: sin un rayo de sol, tasado el aire, desperdicio, de todos ignorada, y entre espinas incómodas reclusa, mi fragancia, colores y donaire. La Zarza respondió: -Joven ilusa, tu previsión escasa del bien que te hago, sin razón me acusa. Bajo mis ramas á cubierto vives del sol canicular que nos abrasa; tado que se sentirá Julito, -temen, según todos los indicios, que se les agüe la fiesta. Aparece la señorita Corominas. Los operarios van aflojando las amarras del globo, que lleva la etiqueta de Ja casa Lachambre, de París. Queda la barquilla casi en suspensión y le ponen los sacos de lastre. Cuelga uno del cuello de la aeronauta una medalla y una bocina. Entra por fin aquélla en la barquilla. Emoción. A medida que se aflojan las amarras, los