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3 í- Y apretándose aún más el estómago y sudando copiosamente, más que por el calor de primavera, por el ícf desasosiego de su espíritu y por cierto malestar que atormentaba su cuerpo, continuó Rafaelillo su paseo A- con andar inseguro. Ki seis metros llevaría adelantados, cuando escuchó una nueva detonación y sintió que otra bala le- -Zí, zeñó. atravesaba nada menos que el calañés. -Pero no ha de volver la cara ni una sola vez. ¡San Rafaé bendito! -exclamó loco de terror. -No, zeñó, ¡Que me jazen siseo! -Porque si la vuelve, será confesar que siente Y aunque tuvo intenciones de correr y hasta de pernicdo. dir auxilio, se contuvo y ni aun siquiera ladeó la- -Ya pue jundirsc to Córdoba sin que yo mire, ni cabeza. tan siquiera de reojo. ¡Basta! -diio mister Pilhy deteniéndose. -I stá- -I Ea! Pues vamos. usted probado. Pa onde tiro? ¡Gracias á Dios! -pensó Rafaelillo, volviendo la- -Para donde usted quiera. cara y pugnrndo por sonreír, sin que le saliera la Y Rafaelillo, un tanto preocupado, pero contoneansonrisai dose más que nunca, echó á andar en dirección al- -Es usted un valiente y desde ahora le tomo á mi campo, seguido del grave y estirado mister Pilhy. servicio; usted me acompañará en cuantas excursioA medida que se alejaban de la población, aumennes realice. taban las cavilaciones del cordobés. -Con mucho gusto, zí, zeñó; pero no ha de jasé- ¿Estará loco este tío? -pensaba. ¿Querrá lleosté locuras, porque, la verdá, la faenita que ha Jecho varme á la fuente é la Raja, sin una mala jerramienta osté conmigo no es muy de cuerdo. ensima, pa que. mos jagan cachitos de un trabucase? Y miraba con tristeza su marsellés roto y su calaCaminaba abismado en estas reflexiones, cuando ñés agujereado. sonó á sus espaldas el estampido de una defonación y- ¡Bah! ÍYO se apure por tales pequeneces; esos una silbante bala arrancó de su flamante marsellés un detalles corren de mi cuenta- -repuso el inglés. -trozo de codera. Tome usted estas dos libras para que se compre un- -i Me jago tiestos... -exclamó Rafaelillo palidemarsellés, y esta otra para que adquiera un nuevo ciendo y llevándose ambas manos al estómago, como sombrero- -y colocó sobre la abierta mano de Rafaesi éste, y no la codera del marsellés, hubiera sufrido lillo tres sonoras libras esterlinas. -Yo sé hacer juslas consecuencias del disparo. ¿Ze l habrá escapao ticia, y lo que deterioro lo pago. er tiro á ese gachó, ó lo habrá jecho pa probarme? -Pos entonces... ¡Mardita zea la yesca! ¡Por er canto de un deo no- ¿Qué? m ha Jecho harina! No; po si ha sío nrobatura, ze- -Va osté á tené que echa otra librilla, don Pilili. quea con las ganas: porque yo no güervo la cara ni- Para qué? pa pedi una tasita é mansanilla, y eso que me está ja- -Pa... pa mércame otros carsoncillos blancos. siendo muchísima farta. P. MUÑOZ SECA. Dibujos de Merlina Ver