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m 7 nu ¿JER Eie? TS? T piedra maléfica, y hasta hace poco, aunque medio en broma, nadie quería llevar un ópalo ante el temor de que les ocurriera al o desag; radable, y por eso las damas de la aristocracia inglesa se han propuesto rehabilitarlo, y lo llevan constantemente entre sus joyas favoritas, demostrando que es inofensivo y no porte malheur. Entre la buena sociedad francesa se empieza á se, a; uir el ejemplo, y es de esperar que dentro de poco los supersticiosos no se privarán de tan bonita piedra. rece un embudo de piel, sujeto á una argolla de acero, que se cuelga en una escarpia de igual metal. p l reloj ideal, el que redime á las amas de casa de la perpetua preocupación de darles cuerda, porque 3i se para el orden de la casa se altera, las comidas se retrasan y todo se trastorna; el reloj ideal, repito, es sin duda alguna el eléctrico, que anda mil horas, es decir, casi mes y medio, con exactitud cronométrica. Además son bonitos, y por su sencillez, lo mismo pueden ocupar un puesto en el salón que en cualquiera de las dependencias interiores de la casa. Hay varios modelos; pero el preferido es todo de cristal, con barritas cuadradas de bronce. Su campana está perfectamente timbrada, y si bien es cierto que las horas son tristes ó alegres, según está el ánimo del que las escucha, este maravilloso reloj las marca con un sonido siempre dulce y melodioso, contribuyendo á que el tiempo inexorable parezca más lento ó menos precipitado. p n el momento de servir los espárragos un criado pasa una bandeja con pequeños caballetes de cristal, destinados á levantar el plato, colocándolo en declive, para evitar que la salsa se extienda. Esta es una invención para abolir la antigua y modesta miga de pan, que llenaba ese objeto. Claro que sólo se utiliza en las casas donde falta el requisito de los platos con distintos departamentos para tomar espárragor. I os baños de mar suelen producir un ligero dusct que estropea mucho el cutis; para hacerlo desaparecer basta con aplicarse durante unos minutos el Pilivore, que devuelve á la piel su blancura transparente, destruyendo para siempre esas sombras que tanto molestan á las señoras. DE TIENDAS el de salir, la J usto enuna momentode polvo en señora advierte que tiene mancha el vestido. Un cepillo, pronto, que es tarde dice al criado, que corre á buscarlo; pero el armario donde se guardan los utensilios de limpieza está lejos, y mientras va y vuelve pasan unos minutos; la señora se impacienta, sacude la mancha con el pañuelo y se va de mal humor, prometiéndose reñir en grande á la doncella por su descuido. Todo esto se puede evitar muy fácilmente. En un rincón del recibimiento, detrás del paragüero de porcelana, debe de colocarse la nonselle la layette, que es una monísima escobilla de juncos muy finos, como las que usan los sastres, y que, según parece, limpia mejor y estropea menos las telas que los cepillos de crin. Estas escobillas tienen un mango de madera, que permite cogerlas con rapidez cuando son necesarias, y volverlas á dejar en su sitio una vez utilizadas. El estuche es una monada, que puede dar idea de todo menos de lo que es en realidad; pa- GABINETE MODERNO De tonos claros, con müebTés esteltos y ligeros. Los cuadros pueden ser japoneses, como en éste, ó de otro estilo que componga y resulte también decorativo.