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ron con él, contándose que fué uno de los pocos que alternaron con Giierrita en las célebres novilladas de Marzo de 1887, en las que hizo los ejercicios de reválida el que ya estaba señalado por toda la afición como uno de los grandes fenómenos de la tauromaquia. Era basto, pero sec uro y eficaz, y quizá más modesto de lo que hay que ser para andar por el mundo cuando se tiene que vivir del público, y á esa circunstancia hay que achacar el que no llegase á ser más popular y á ganar más dinero, cosas ambas que pudo lograr sin grandes esfuei zos y con sólo saber aprovecharse de sus verdaderos méritos. En Madrid tuvo gran aceptación en sus tiempos de novillero y fué, durante tres ó cuatro temporadas, uno de los que con más gusto veíamos en l a s m o destas corridas veraniegas. Después de tomar la alternativa toreó aquí mucho menos, y se explica el hecho, pues lo avasallaban todo los volapiés de Mazzantini, las valentías del Espartero, la diversidad de rnanifestaciones artísticas de Guerrita y las emocionantes faenas de Reverte, que se hizo matador al año siguiente de haberse hecho Juan Jiménez. Por estas razones se desdibujó su figura un tanto y acabó de perderse al buscar, en tierras americanas el dinero que por aquí no le daban las empresas, á medida de sus deseos y de la natural ambición de todo el que se dedica á una profesión tan peligrosa como la del toreo. Sin embargo, tuvo años, á raíz de su alternativa, en los que toreaba, por término medio, entre S y 30 corridas, número muy respetable, si se tiene en cuenta que, además de los cuatro citados anteriormente, trabajaban en las plazas el gran Lagartijo, Cara- Ancha, Gallo, Bonarülo, Torerito y otros qua, por razones diversas, tenían el favor de los aficionados, ganado en guerra galana y noble lid. Nació Juan en Ecija, el año i8 s 8, y fueron sus padres Andrés Jiménez y Francisca Ripoll. Sin duda nació su afición cuando de muy joven estuvo en una ganadería andaluza ejerciendo funciones de vaquero, y vio, al familiarizarse con los toros, que lidiándolos en las plazas le potlían proporcionar mayores rendimientos que cuidándolos en el campo. Se dio á conocer como matador de novillos en Sevilla, el año 188.1; con buen éxito, y al poco tiempo vino á Madrid, donde ya se ha dicho que gustó su valentía y su desenvoltura con los toros, y, más que nada, su humildad y modestia, que rayaban en el más alto grado, tanto para su relación con el oúblico, como en lo que se refiere á los compañeros. Durante el tiempo que ejerció de matador de novillos, fué de los que más torearon, y ya consolidado su nombre, se decidjó á tomar la borla de doctor en la plaza madrileña, el día 22 de Mayo de i8 go, en una corrida extraordinaria que, para obsequio á los Isidros, preparó la empresa, con diez toros de Torres Cortina, seis para Ángel Pastor, Guerrita y el debutante, y cuatro en plaza partida, para Almendro y Pepete. No toreó Ángel Pastor, y á esta circunstancia se debe que le diera la alternativa Rafael Guerra. Tampoco t o r e ó en aquella fiesta Miguel A 1 mendro, á quien substituyó el cordobés Rafael Ramos (Meló) y ya puestos á dar detalles referentes á esta corrida, conste que en ella debutó como picador de toros el hoy excelente torero á caballo Salustiano Fernández (Chano) íPOBRES PRINCIPIANTES! C i se tomaran en cuenta las obser vaciones de aficionados sensatos, que no tienen intereses que defender al ocuparse de las fiestas taurinas, se harían muchas cosas buenas que podrían no gustar á los desprovistos de conciencia; p e r o serían aplaudidas por los imparciales que sólo anhelan divertirse cuando adquieren un billete para ver las fiestas de toros. Una de las reformas que se han aconsejado al Sr. Méndez Álanís para si se decide á poner mano en el Reglamento, se refiere á que no se lidien en novilladas los toros grandes, pasados de edad y quizá de picardías y cornamenta, que no deben ser toreados por los que empiezan, y tienen, por lo tanto, más escaso caudal de conocimientos. La fórmula propuesta para evitar tales abusos. no es otra que el fijar un peso máximo para las reses que se lidien en las corridas en que tomei! parte espadas novilleros, y de este modo, si no se piíede cortar del todo la inveterada costumbre de dar siempre el hueso á los desheredados, algo se atenuará, y ese algo iremo ganando. No hace mucho, en la corrida que se celebró el 25 de Julio en Madrid, S corrió un toro de Anastasio Martín, llamado Pitaco, grande, largo, viejo, alto de agujas y con dos cuernos de tamaño exagerado, Capaz era por su tipo de infundir pavor á cualquiera, y, en efecto, lo infundió á muchos, pues oue la empresa lo tuvo durante t o d a la temporada de toros como sobrero, y no hubo medio de colarlo en ninguna corrida, á pesar de que un día sí y otro también la mansedumbre de unos y la mala presentación de otros, hizo que hubiera n e c e sidad de substituir, quedando siempre Pitaco en la reserva. Quién sabe si uno de esos días estaba dispuesto, y á última hora hubo una mano oculta que lo hizo cambiar por uno de Gama. Decimos esto porque en cierta corrida, celebrada en el mes de Junio, se corrió un toro de la ganadería portuguesa con divisa equivocada, pues lució indebidamente las cintas encarnada y verde, que pertenecen á diversas ganaderías, entre ellas la del dueño de Pitaco. Pudieron estar preparadas las cintas y haber una equivocación á última hora. El hecho es que, tras tantas idas y venidas, el toro viejo, largo, cornalón y varios etcéteras, vino á caer en una novillada, casualmente, y vambién por casualidad le tocó ser estoqueado por el tercer espada, Luis Mauro, que debutaba en Madrid aquella tarde. Hay cosas que se harán sin picar- J u a n Jiménez (el Ecljano) En esta corrida no fué sobresaliente el trabajo de Ecijano, pero en cambio gustó mucho en la que se celebró el día 19 de Octubre, en la que a l t e r n ó con Galliio, Mazzantini y Guerrita, al lidiar ocho de Palha, siendo él el único que estuvo valiente y decidido con aquellas que entonces eran más terribles fieras que hoy son las de Miura. Trabajó en casi todas las plazas de España y ocupó un puesto digno, sin ¡legar á ser de los que ganan mucho dinero. Pasó largas temporadas en América, y a consecuencia de una cogida se J e formó una hernia, lesión que no le impedía trabajar, pero que fué causa de su muerte, porque toreando en la plaza de Durango (Méjico) al dar un pase sufrió la estrangulación y falleció el día de Febrero de 1899, á la edad de cuarenta y un años. DULZURAS.