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RICARDITO Y LA AVIACJON jM uestros héroes, después de la misa, uno de estos domingos, pascaban por Recoletos, y se les aproximó un chico que repartía con profusión el siguiente anuncio, en papeles de diversos colores: Gran suceso para el domingo próximo, á ¡as cinco y media de la tarde. El domingo próximo era el mismo en que se repartía el anuncio, porque había servido para toda la semana. Una señorita en globo libre. La reina de los aires. ¡Bravo, viva! -gritaron entusiasmados ios pequeños paladines de todas las ideas levantadas. Y siguió leyendo Ricardito: Asombroso valor el de la señorita Coraminas, que en su globo Mercedes surcará los aires, completamente sola, el próximo domingo, á ¡as cinco y media de la tarde -No faltaremos, ¿verdad, señores? una amiguita que también se llama Mercedes, y es muy buena, y la otra también lo será, y me llevará por los aires sin que me caiga y me haga daño. -Ya sale éste con sus sandeces- -replicó contrariado Ricardito. ¿No has comprendido que Mercedes es el nombre del globo, y que la señorita que en él sube se llama Corominas? -Pues yo hubiera querido que se llamase Mercedes, porque me gusta más- -añade Julito. -Pero yo quiero subir, sea como sea- ¡Y qué has de subir tú, infeliz! ¿Crees que te van á dejar, acaso? ¿Conoces tú la aviación, la aerostación? ¡La aviación, la aerostación... ¡Qué nombres tan raros! ¿Son otras señoritas? -Otras tonterías tuyas... ¡Sí, mías, sí... ¿A que tampoco lo saben Pepe y Paquito? ¿Tampoco vosotros? -Hombre... la aviación... -dice Pepe. -Cosa así como de ir en automóvil por los aires. -Como si elevasen mía cometa y, ¡zas! de pronto c cortasen el hilo que la sujeta- -añade Paquito. -Veo que no sabéis nada- -dice doctoralmente Ricardito. -Será cuestión de daros algunas lecciones de estas cosas. Afortunadamente, mi papá prciiara un folleto sobre la aviación, y yo, cuando él no lo ve, voy copiando lo que me parece más bonito ó interesante. Esta tarde os daré la primera lección en el mismo Recreo. Llega la hora anunciada, y- ¡oh, decepción! -en el anuncio de la función hay una advertencia que dice que, por la inseguridad del tiempo, se suspende la ascensión de la señorita Corominas hasta el domingo siguiente. Disgusto general en la heroica comitiva. Julito llora, patea y dice que quiere subir y que quiere subir, y da parte al primer policía que encuentra del tremendo desaguisado que un tiempo y una empresa desconsiderados se han atrevido á cometer con ellos. Para calmarlo, empieza á desplegar su peregrina erudición aviatoria Ricardito, como se verá. Con atención profunda le escucha el selecto auditorio. ENRIQUE SÁNCHEZ TORRES. Se continuará. EL GORRIÓN Nunca vieron los humanos una fealdad mayor que la del cuerpo y la cara del tío Pantaleón. Era patizambo el pobre, con una joroba atroz, el pelo como de esparto, la cara como un tizón. La boca de oreja á oreja, y, para mayor dolor, era chato y era bizco, con un aspecto feroz. Y, sin embargo, aquel hombre, tan horrible en lo exterior, tenia dos cosas bellas: el alma y el corazón. Falto de toda cultura, porque nadie le educó. Y sin fijarse ya en los precios, en lo del cinematógrafo y del concierto, ni en el ferrocarril en miniatura y sus portentosos viajes circidares, añadió Ricardito -Quedáis citados para esta tarde á las cinco y media en el Recreo, sujeto del anuncio, donde tan descomunales aventuras se desarrollan entre la gente menuda, sin que se alteren los valores de la Bolsa, ni siquiera tiemblen las esferas, como dijo i otro. -Citados- -prorrumpieron á una Pepe, Faquito y Julito, con decisión y energía de juramentados invencibles. -Oye, tú- -observó el denodado Julito; -yo también quiero subir coa esa Mercedes, porque tengo