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ar co- fmC Po REVISTA AÑO X X ILUS TRADA r NUM. 1.006 MADRID, 21 D E AGOSTO D E 1910 i LA ELEGÍA ¡Silencio! -gritó de pronto. -Señor Orozco: le ruego que aticncía y deje atender... ¡Jiménez... ¿No ha oído usted... ¡A ver si hago un escarmiento! Restablecido el silencio, el profesor continuó: -Pues bien; por lo que á mí respecta, y teniendo presente el concepto moderno de la Elegía yo creo con Didymo, que esta palabra se deriva át e e légein, que significa ¡ay! queja lamentación ¡Ay! -exclamó Jiménez en aquel momento. -Sí, señor Jiménez: ¡ay I ó, lo que es lo mismo, e e legéin... -No, D. Cándido... He dicho ¡ay i porque Orozco me ha pellizcado. 1 clase se impacientaba. Próxima ya la hora del A i ecreo, era. para los alumnos una crueldad el prurito del profesor en aprovechar hasta el último minuto. ¿No habían terminado ya con las Odas jno habían escuchado, casi en silencio, las liras de A la flor de Guido ún meterse con el profesor ai con Garcilaso? ¿A qué, pues, comenzar otra lección? ¿Por qué no dejaba las Elegías para otro rato... Aquello no era más que gana de fastidiarles. El murmullo iba adquiriendo intensidad. La voz del profesor de la Academia apenas se oía, ahogada gor el rumor de las conversaciones.