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G inuí E N D o Ja tradición d e la aristocracia en las letras, la l) aronesa de Pierrebourg como 1 a reina d e Rumanía, la du ue s a de R o li a n la condesa de Noaille y otras disting uidas escr i t oras, une á su alta alcurnia el t a lento literario. Bajo el seudónimo d e Chinde ferval, sus novelas han alcanzado gran popularidad. Entre las más citadas figuran L autre Amone, Le plus fort y Vie de C h ateaii. El mérito literario de su última novela, Cielo rojo, ha cont r ibuído á aumentar la gran repu t ación como novelista de que goza Clattde Fe r val. Apenas se h a n recorrido las primeras líneas de s u hermoso I i bro, el 1 e c t o r queda sugestionado por la amenidad del estilo, que es de un frescor delicioso. Nos cuenta esta distinguida escritora un episodio amoroso que llena toda la vida juvenil de un alma romántica. Laurence fué una hija modelo: amaba apasionadamente á su madre y la obedecía incondicionalmente. Un día ésta le dijo que debía casarse, y le presentó como novio á un oficial; Laurence, sin sentirse enamorada del oficial, se casó con él, y desde entonces su vida fué monótona y triste. Quedó relegada en una apartada provincia, donde la había conducido su marido para poder ejercer libremente su dominio sobre su mujer, lo que le era difícil al lado de los padres de Laurence. Así le imponía su voluntad con el despotismo de su carácter autoritario. E! nacimiento de una niña, Odette, llenó de ternura su alma; no olistante. Cupido interviene antes de que la última juventud de Laurence se marchite. Un poeta sentimental se enamora de Laurence, y ésta le corresponde platónicamente. La temeraria libertad con que proceden los que no han cometido culpa alguna los induce á tales imprudencias, que el oficial, señor de Kermor, los cree culpables y mata en un duelo al poeta. Laurence sufre tal emoción al recibir esta noticia, aue olvida todo sentimiento m a ternal b a j o l a impresión de tan espantoso dol o r y aliando ñ a s u hogar i) ara refugiarse en c 1 d e su padre, huyendo del asesino Kermor se venga impidiéndole que tenga á Odette á su lado. Laurence, entregada a I más profundo sufrimiento, p a s a alguno s m e s e s sin ver á su hija, hasta que le avisan q u e la niña se encuentra enf er m a, 1 o q u e despierta en ella el amor de madre, que durante este tiempo había estado ador m e cido. Gracias al tino y á la buena voluntad de su suegra, Lau r e n c e vuelve á su liogar y continúa al lado del esposo, para lograr la fc 1 i c i (1 a (i de su hija. El amor ha cruzado i) o r su existencia, m o strándole un oasis pasajero, efímero. Su alma tuvo un florecimiento de amor que no duró largo tiempo y uc murió casi al nacer, como las rosas en el invierno. Claudc Ferval tiene el buen tino de que ninguna de las cualidades que sobresalen en su novela tengan una importancia capaz de darle un colorido demasiado realista ó psicológico. Las descripciones son rápidas, justas y llenas de vida. Las disertaciones psicológicas de sus personajes están escritas con vibración y sin vaguedades. Cielo rojo, de Claude Ferval, como las novelas de Gerard d Huville, seduce por la espontaneidad con que está escrita. Pocas veces se encuentra lectura tan recreativa como esta novela tan seductora, que nc. deja en el espíritu huellas de profunda tristeza, sino más bien una sensación agradable, á pesar de no tener un fin alegre. La baronesa de Pierrebourg es una gran dama, hermosa y distinguida en su trato; existe en ella el encanto que es especial de toda mujer bonita y elegante, el que se traduce en una placidez atrayente y comunicativa. Su última novela se encuentra actualmente en prensa, y se titula Ma figure. EVANGFLINA.