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mmi ER ímLem ñ PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE P A R Í S MIP. HCOf e s Io DE AGCSIO 1 a nota característica de la última moda consis te en el contraste de colores bien tranchants. Blanco y negro, ó negro y blanco, son las combinaciones que han obtenido el triunfo en las últimas reuniones deportivas, donde se han visto verdaderas maravillas de buen gusto y preciosidades que parecían el sueño de una imaginación artística. Gasas combinadas con bordados ingleses y terciopelo, y muselinas pintadas y cubiertas con túnicas de una gran ligereza, bordeadas con pluma del mismo tono que el del vestido, constituyen el máximo de la elegancia. La moda se complace en los contrastes violent o s por ejemplo: un vestido de batista blanca se adorna con liberty violeta; la gasa rubí con terciopelo negro, es de un efecto delicioso; pero la reina de las combinaciones, la que ha obtenido el triunfo, como ya he dicho, es la unión del blanco y negro, ó del negro y blanco. Dos de los moclelos que más han llamado la atención, son los que á continuación describo. Vestido entero de liberty blanco, cubierto por una túnica de gasa negra, plegada con jaretas muy menuditas; al borde, descansando en el suelo, y en el centro formando dos picos en los costados, que se unen con el borde, tiene un bies de terciopelo también negro. El segundo es todavía más original de voile de soie blanco, plegado á máquina, y listado verticalmente con cintas anchas de terciopelo negro, pointillé de blanco. Este es el género de las toilettes que brillan en Trouville, Deauville y otras playas ultra chics. Por el momento, estos contrastes nos sorprenden pero en cuanto la vista se acostumbre, los encontraremos de una armonía encantadora. L a s toilettes miíjnonnes también han sufrido una modificación muy ventajosa. Me refiero á los trajes de hilo, tan bonitos como prácticos, y que se prestan á las más originales fantasías. Casi todos tienen dos faldas; la primera con bastante vuelo, sin entraves, y la segunda con bordados ó aplicaciones de encaje gordo, y unida al cuerpo con cinturón de gamuza flexible. El schantung que pretendió rivalizar con la toile, ha decaído un poco. L a s mangas para vestido de mañana ó de campo son semicortas, y un poquito amplias; para vestido de noche ó de casino, no pasan del codo, y suelen ser rectas. Los sombreros, en su mayoría, inmensos, muy encajados en la frente, pero levantados graciosa y discretamente por un lado. Algunos van guarnecidos por un encaje debajo del ala, sin sujetar aJ borde, sin duda para dificultar aún más la tarer, del que pretende ver la cara que se esconde en su penumbra. Las plumas, por supuesto, siguen imperando como siempre en todos tamaños, formas y coloridos. El furor por el terciopelo negro llega los sombreros á los zapatos, y remontándose hasta las sombrillas. Con vestido blanco resulta de la más exquisita elegancia el zapato de terciopelo negro, y la sombrilla de igual género, forrada de liberty ó de crepé de Chine. El calzado debe de ser igual al vestido, á no llevarlo n e g r o pero en este caso, tendrá el tacón encarnado. Todavía choca un poco, sobre todo de día, pero no hay más remedio que acostumbrarse: la moda ordena y manda. CONDESA D A R M O N V I L L E LAS FLORES este verano á la exageración, descendiendo desde 1 a Sociedad de Horticultura de Metz ha tenido una idea realmente feliz. Se le ha ocurrido dar á cada niña de las escuelas de la ciudad un tiesto, que ella debe cuidar hasta el siguiente otoño. En esa época, la Sociedad adjudicará varios premios á las plantas mejor cuidadas, y las niñas insensiblemente se irán aficionando á las flores, aprenderán á cultivarlas, apreciarán su belleza y poco á poco se irán desarrollando en sus almas infantiles sentimientos artísticos. Recuerdo una frase célebre que dice que no se puede ser bueno é indiferente con las flores. Esto es exacto, como lo es también que el que las cuida y las conserva con amor no puede ser malo. No hay nada que eleve tanto el espíritu como la contemplación de un ramo de rosas. Ante ellas se admira en toda su grandiosidad la obra inmensa de la creación. No hay artífice, por muy hábil que sea, capaz de crear una sencilla amapola, de las que crecen entre los trigos sin que nadie las cultive. La Naturaleza, que tan pródiga ha sido concediéndonos tantos centenares de flores diversas, sólo nos pide que las tratemos con cariño y las cuidemos con solicitud La idea felicísima de la Sociedad de Horticultura de Metz debía de llevarse á la práctica en todos los países, y seria el medio de desterrar esa mala costumbre, muy generalizada entre los chicos, de coger flores para deshojarlas. El otro día, paseando por el campo, vi á cierta distancia un grupo de gente formado por muchachas, muchachos, niños de ambos sexos y alguna mamá de las que hacen crochet y usan gafas. Entre los pequeños se armó una batalla ruidosísima; se pegaron, gritando como fierecillas, y una niña, encarnada hasta la frente, se arrancó con rabia una rosa y, destrozándola con sus manos infantiles, la tiró a! suelo para desahogar su furia, pisoteándola linos cuantos metros más lejos tuvo lugar otra escena parecida, atenuada por el disimulo que impone la diferencia de edad. Hablaban dos muchachos; se suscitó una discusión, cada uno sostenía su opinión; elevaron la voz, interrumpiéndose á cada palabra... De pronto, guardaron silencio; ella anduvo cuatro pasos, alejándose de él, que volvió la cabeza para no verla, y cuando estuvo segura de que no la miraban, clavó sus dientecitos en una preciosa rosa de té, martirizándola sin piedad. Y yo pensé: si entre las cosas de primera necesidad se enseñase á cultivar las flores con verdadero amor, la niña, en vez de destrozar la rosa, la hubiese regado con sus lágrimas, y la muchachita, en lugar de morderla cruelmente, hubiera depositado entre sus pétalos, con un srispiro, el secreto de SU dolor, y las dos hubieran recibido como censué-