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diéndosc de cuantos ahorrillos eran en su bolsa, de cuanto i) abía guardado á hurtadillas producto de medias, lana y otras zarandajas que llevaba al mercado, con las sisas del arroz y demás adherentes del día de la fiesta del patrón del pueblo, se lo metió, en las manos diciéndole que con treinta duros se avendría su padre y que los siete restantes, pues tenía treinta y siete justos y cabales, los destinase á adecentarse un poco. Gran contentamiento causó á él semejante donación y bendijo con juramentos las luces de su magín, ya que ideas que consideraba tales como buenas le habían llevado á puerto seguro. Se sintió mucho más hombre con el puñado de duros por suyo y creyó ver la cabeza á ras de cielo. De seguida encarriló los pasos á un villaje sombrío, negro aborto de los tiempos medios y distante cosa de media legua, para hacerse un trajecillo de paño crudo, comprar una elástica de algodón y lana, una faja de estambre, zapatones de cuero con grandes correas de cordobán y una boina inconsútil digna de mejor cabeza, y, ya aseado, con alguna vanidad sobre los hombros, presentarse al padre de la novia y entregarle la cantidad estipulada en concepto de herencia. Pero que si quieres, morena; Satanás no para un instante, cuando se vio tan flamante con los atavíos mercados, diputóse otro homore del üe tiem- ni cómo no, el zafio- Pórtelo se metamorfoseó en obra de unos minutos y su escaso entendimiento se desaguó por desconocidas compuertas en menos tiempo que se dice. Y, movido de tan ruines instintos, retornaba á la aldea con el ceño fruncido, cuando, ¡maldita fatalidad! por el mismo camino, y con el propio andar, marchaba á ancas de un asno tinoso una joven cascada y mal parecida, huérfana de padre y sin un triste hombre que le dijera pío, la cual tenía una fortuna loca en comparación con quien nada contaba... Apareciósele un cacho de cielo en el discurso de sus malezas, y, sin encomendarse á Dios ni al diablo, hizo cucamonas á la fea, y ella, pensando que al no haber pan buenas son tortas y que más vale pájaro en mano que ciento volando, contestóle con zalemas y mal ocultas promesas. Nada; de una en otra, enredáronse los dos, y quedó la pobre Mari- Pepa corrida, burlada y con los brazos abiertos esperando por el ingrato amador: encontró el castigo que cumplía á su pecado. Y cuentan que clandestinamente estrecharon las relaciones la fea y el mozo, mientras que en el hogar: de la abandonada surgían desaguisados sin cuento, y que, á los once meses de haber acaecido lo apuntado- se andaban las últimas amonestaciones de aquéllos, sucediendo, y perdone el lector si de justo se blasona, que al decir D. Bernabé desde el altar Si, ii -iP. pos pretéritos, y empezó á maldecir del mal acuerdo de dirigirse á Mari- Pepa y á fantasear por todo lo alto; le parecía valer mucho más que la cortejada, que vestía refajos de estopa y chambras de escocesa. ¡Santa Lucía bendita, lo que son las ventanas de los sentidos... Sin que se pueda decir cómo Dibujos de Míndcz Bring: mayor, á presencia de todos loa santos y del pueblo en peso, que si había algúnlmpedímento que manifestar, un niño de teta y de un padre anónimo puso en balde el grito en el cielo... La voz del pequeño, era voz sin voto; pero, ¡oh latinos exore parvulónim ventas... GERMÁN G O N Z A L Í Z Y RODRÍGUEZ. De nuestro Concurso de cuentos, tema: Sic itiir ad astra