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NOTAS TAURINAS Junio de 1851. Formó parte de las cuadrillas de Jaqueta, Manuel Hermosilla y Lagartija, y toreó frecuentemente con todos los espadas madrileños. A las órdenes de Jaqueta banderilleó el toro Miranda, de la ganadería de Veragua, último que se lidió en la plaza vieja de Madrid, el 16 de Agosto de 1874. En Montevideo estuvo el año 1880. Era hombre de trato agradable, muy aficionado á la música, y asiduo concurrente al paraíso del t e a t r o Real. Su trágica muirte fué muy sentida por sus muchos amigos, que estimaban en lo que valía á aquel excelente horríbreT- modesto, pero concienzuda lidiador. P P CHANELA. gran escándalo en la plaza de Madrid, precisamente por no haber tenido en cuenta las autoridades los preceptos reglamentarios. El jefe de Policía, Sr. Méndez Alanís, llamó á su despacho á ocho ó diez periodistas de los que se ocupan, en los diarios madrileños, de las cosas taurinas, y les manifestó que estaba decidido á reformar el Reglamento vigente, para lo que solicitaba nuestra cooperación, suplicándonos que hiciéramos un estudio del citado cuerpo legal y le indicáramos las reformas que considerásemos necesarias. Aceptado el encargo, en cinco sesiones se hizo el estudio y redacción, y se entregó á la referida autoridad para que lo aprobara, si después de examinado lo creía conveniente, previas todas las reformas que aconsejaran su. criterio y el de las personas á quienes tuviera á bien consultar. La reforma aconsejada es toda ella en beneficio del público. Las empresas, los ganaderos y los toreros no la verán con gusto; pero el aficionado que paga, sí, porque á la defensa de sus intereses se han dirigido todos los esfuerzos. Lo malo es si ésta, como otras ve ees, va á ser estéril el trabajo realizado por quienes estábamos tranquilos en nuestras casas respectivas y fuimos solicitados, desde luego de buena fe, pero sin contar con los obstáculos que salen siempre: al paso de toda obra justa, matando con la resistencia pasiva las más nobles intenciones. Mal íbamos á quedar los que pusimos mano en la obra; pero no iba á quedar muy alto el prestigio de la autoridad que quiso por un momento evitar las muchas anormalidades que cubren el abusivo proceder de todos los elementos que integran el espectáculo taurino. Colocados en la pendiente de los pesimismos, al ver e 1 tiempo q u e transcurre sin que sea ley el proyecto, comenzamos á creer que va á ser trabajo perdido una vez más, y en verdad que ya sienta muy mal una tercera ó cuarta decepción, que da motivo á que la gente que anda entre barreras se sienta con ánimos para tomar ¡las cabelleras á los que hasta hoy hemos sido románticos como el hidalgo manchego, y por una acumulación de circunstancias, vamos teniendo algo de la natural desconfianza del escudero Sancho Panza. Ocurrirá, porque tiene que ocurrir, que se repetirán las broncas y escándalos, como consecuencia de la repetición de abusos, y volverán las autoridades á pensar en la necesidad de reformar el Reglamento. Entonces, i volveríamos, por milésima vez, á preocupamos ser i a m e n t e de tal asunto? Por nuestra parte, creemos que no tenemos ya tanta tranquilidad para hacer el papel de balón de foot- baÚ sin beneficio para nadie. Queremos creer que el Sr. Méndez Alanís está muy ocupado y no puede resolver tan pronto como quisiera; pero en cuanto pueda realizará la reforma que él fué el primero en juzgar de necesidad imprescindible. De lo contrario, seguiremos viendo cómo se corren utreros en las corridas de toros, y en las novilladas reses de seis ó siete años; cómo se mata á las reses con las lanzas de los picador e s cómo se anuncian unos diestros y toman parte en la fiesta otros, y cómo, en fin, sigue la interminable lista de intolerables abusos que producen las broncas grandes, causa de que en momentos culminantes piensen en las reformas los que dejan pasar el tiempo sin recordar á Santa Bárbara hasta que se oye e l estrépito d e l trueno. ÁLBUM BlOGRÁFICa ¿Y EL REGLAMENTO? V o s que en Madrid nos dedicamos á la tarea no muy grata de escribir de toros, sufriendo constantemente las censuras de todos los que tienen relación más ó menos directa con la fiesta, exceptuando los casos aquellos en que hacemos uso de los adjetivos laudatorios, hace años que nos traen grandes y chicos como zarandillos, en lo que. se refiere á la reforma del Reglamento. Allá por el año 1897 tomamos muy en serio el asunto, y con la promesa de que las autoridades iban á poner mano sobre él, encornendamos á prestigiosas personalidades de la crítica la discusión y redacción del futuro cuerpo legal, que era tan necesario para el buen régimen de las corridas de toros. Don Antonio Fernández de Heredia, D. José Sánchez de Neira y don Pedro Núñez Sampér, solicitaron la cooperación de celebérrimos toreros retirados de la profesión, ganaderos prestigiosos, profesores veterinarios y aficionados de los mejores entre los buenos, y aunque antes de dar cima al trabajo sucumbieron los Sres. Neira y Núñez, prosiguió Hache los trabajos y dio cima á la labor que, aprobada por todos, se presentó á la autoridad en la esperanza de que muy pronto se pondría en vigor. Pasaron años y más años, y otros dos entusiastas de la fiesta de toros, D. Pascual Millán y D. Regino Velasco, con la colaboración de algunos aficionados y periodistas taurinos, redactaron otro proyecto de Reglamento el año 1905, y no tuvo éste más fortuna que el- primero, pues también se le condenó á quedar cubierto de polvo en los estantes de una oficina para in eiernum. Estábamos persuadidos de que ya no había por qué ocuparse de tales cosas, cuando saltó el 14 de Mayo un M I G U E L BAEZ (L I T R 1) p l torero de Huelva es uno de los más valientes que hemos conocido, y es lástima que apareciera en la difícil época en que absorbían la atención de los públicos Ma. zantini, Guerrita, Espartero y otros, á los que siguieron Reverte y Bombita, formando entre todos una barrera que no era posible franquear, y no hacía poco el que lograba que fijaran en él su atención, como lo logró Litri por su poco comunes arrestos, especialmente en la hora de matar, en cuyos momentos nunca se afligió, aunque para ello le Sobraron motivos, pues ha sido uno de los toreros que más cogidas grandes ha tenido é n l o s tiempos en- que ha luchado con los toros. Ha sido muy córtito toreando, y además su figura, con escasez de gracia estética, le ayudaba poco para obtener lucimiento en lo que lo encuentran otros con sobrada facilidad al realizar desplantes y pósturitas que no pueden gustar cuando los intentan toreros á quienes falta esbeltez y garbo para llegar al público. En cambio, en lo que el toreo tiene de verdad pura, en el momento de matar, que es en el que no hay engaño y en el que se prueban los hombres de verdadero temple, fué siempre el Litri de los más bravos, ganándose á pulso los aplausos, en lucha siempre con la fatalidad de su secundaria categoría, que hacía muchas veces que las empresas reservasen para él más huesos que carne magra. Su obesidad le hizo siempre estar más torpe en las plazas de lo que debe estar un torero, y á ella debió muchos de sus percances, que justo