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fílESA RLVVJELTA ción química, ejerza también ei sol cierta arción calorífica sobre la tierra, y, especialmente, en el interior de los pegotes de tierra, en los cuales no pueden penetrar las radiaciones químicas. El calor, en efecto, fecunda el suelo, y es bien sabido que allí donde se ha encendido fuego, brota más vigorosa la ve? etación. También esto se explica; el fuego esteriliza la tierra, matando los organismos enemigos de las bacterias nitrificantes, exactamente lo mismo que lo hacen los rayos ultra- violeta. El procedimiento es diferente, pero conduce á un mismo resultado. Ahora, que el calor del sol por si solo acaso no bastaiís. para esterilizar un terreno, y esterilizarlo por medio de calor artificial resultaría demasiado caro, en tanto que los rayos ultravioleta del sol no cuestan nada. A LA VISTA P reguntaban á un sujeto acribillado de deudas: ¿Qué hace usted cuando le presentan una letra á la vista? -Pues... cierro los ojos inmediatamente. EN LA PLAYA CANTAR ILUSTRADO T i c e uno en un corro de curiosos: -Miren, miren ustedes al marqués... ¡Qué mal se porta en el agua! ¡Lo que y o digo! -e xc 1 a m a otro. -Ese es un hombre que no sabe nadar más que en la opulencia. RENGLONES CORTOS DULCE KEFUUIO CHISTES Extraña florescencia del árbol en que un día, al beso de la aurora que en él resplandecía, la fe tuvo su altar, paisaje melancólico de aromas impregnado, remotas claridades celestes que el pasado tan sólo alumbran ya. Rientes lejanías y dulces añoranzas de muertas ilusiones y muertas esperanzas de gloria y de placer; vislumbres misteriosos y estelas fugitivas y ritmos vagorosos de todo cuanto fué. Cual yedra trepadora que en el recinto obscuro de vieja fortaleza reviste el viejo muro de pálido esplendor, así el ayer mi alma al surgir ilumina, y la viste cual viste la yedra la ruina, de pálido verdor. Recuerdos melancólicos, vosotros sois mis fieles y dulces compañeros, y yo en vuestros corceles, de rqudo galopar, me alejo del presente y sus tedios esquivo y vuela cual las águilas mi. espíritu cautivo, ansioso de volar. Vosotros sois mis fieles y nobles compañeros, vosotros embotáis los rígidos aceros que esgrimen contra mí; vosotros las palmeras á cuya sombra grata reposa el caminante que de su caminata ya empieza á ver el fin. ARTURO REYES. Vienen a ser las mujeres como las piezas de tela, que resultan diferentes de lo que daba la muestra. ANÉCDOTAS UN ASCENSO D abusson, cuñado del célebre pintor Horacio Vernet, era subteniente de un regimiento de línea. Napoleón le pasaba revista, cuando se le cayó el sombrero, que Rabusson se apresuró á levantar. -Gracias, c a p i t a n e e dijo el Emperador sin fijarse en el grado. ¿En q u é regimiento, señor? -contestó Rabusson. ¡E s verdad... De m i guardia! -repuso Napoleón riéndose de su equivocación y de la sangre fría de su interlocutor. CONVENCIMIENTO S F P A R A C I- N FORZOSA -Y de Rosita, ¿qué me cuentas? ¡La pobrecita muy triste, muy apenada! Ya ves, separada de su marido. Ah, sí? No sabía nada. ¿Pues qué pasó? Cuéntame, cuéntame. -Pero rr. aier. ¿no sabes que se murió? LA IGNORANCIA I í n maldiciente empezó á despotri car contra Mozart en una reunión, y uno de los contertulios, para atajarle, se puso al piano y cantó la cavatina II mió tesoro, del Don Juan. El argumento era aplastante- ¿Qué dice usted ahora? -le preguntó el cantor. A lo que respondió el otro, malhumorado -Que está usted muy ronco. U N 4 FRASE r o s borrachos fueron arrojados de una taberna, y uno de ellos gritaba en la calle como un energúmeno: -i Pues no dicen esos brutos que estoy más borracho que una cuba! -Calla, tonto repuso el otro, despectivamente. ¿Qué entienden ellos de estas cosas? FVecía Diderot de Fontenelle cuando éste, ya muy anciano y en la decadencia natural, sólo de vez en vez tenía algunas felices ocurrencias: -Es un castillo en ruinas donde se aparecen los espíritus. Preciados ¿O, LA FUNERARIA, Teléf. 22 S. No pertejiece al Trust Funerario.