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MUJERES DE PAR) 9 MADAME DE LAROCHE C s habéis enterado de la catástrofe? ¡Desventurada madame de Laroche! Volaba como un pájaro, surcando á bordo íle su aeroplano los límites del campo ¡le Bétheny; el público la aplaudía, las mujeres la envidiaban y, embriagada Dor el triunfo, la pobre avia iris- ¿creéis que debemos llamarla así? -la pobre aviatri. se descuidó un momento, dejó abandonada la rueda del volante, y allá fué el infeliz pajarillo á quebrarse l a s alas sobre la pista. ¡O h madame de Laroche... i Cómo la envidiaban las alocadas parisinas! Era la primera mujer C ue se había decidido á subir en aeroplano; manejaba la máquina con la seguridad de un I athan, la sangre fría de un J 31 eriot v el atrevimiento de na Lambert... Los periódicos publicaban su íotog- aíía, comentábanse sus proezas, ha! íasc hecho una personalidad... Adcmáí estaba monísima... ¿Creéis q u e n o? Con su blusa ajustada de lana, su falda corta, sus botas altas y su gorro, madame Laroche resultaba sencillamente adorable. Va lo habían observado los encerradores de profesión, los viejos millonarios asiduos concurrentes á las mañanitas del BoiSj y los con uistadores de fama que pasean el bulevar. Madame de Laroche e r a u n apetitoso bocado... Cómo no lo habían visto antes? Y cuidado que la mujer hizo todo cuanto pudo para la remarcaran, antes de decidirse á montar en aeroplano. Madame de Laroche quería todo lo que quieren las parisinas: llamar la atención. Lo primero que á una mujer se la ocurre hacer para conseguir este fin es presentarse en el teatro, porque ya se sabe que no hay mejor escaparate para una mujer que un buen escenario, con mucha luz y un gran foco eléctrico que! a inunde con sus rayos. A madame de Laroche la obsesionó primeramente el teatro, y animada por la Réjane hizo su presentación cu la escena iterpretando no recuerdo qué papel en la comedia LaSaveüi... Pero hay mujeres hermosísimas que en la escena dejan de serlo. Es un fenómeno curiosísimo que habréis observado frecuentemente. Otras, en cambio, que en la calle ó en su trato particular no poseen atractivo alguno y pasan inadvertidas, resultan espléndidas bellezas en el escenario. A madame de I aroche sucedíala esto, y en el teatro no tenia atractivos ni encantos que la impusieran á las miradas del público. V como su vocación artística era tan sincera y estaba tan firmemente arraigada, apenas se enteró de que por el camino del arte no había porvenir, renunció á los laureles. ¿Qué hacer? IVIadame de Laroche debió pasar días crueles atormentada por las dudas... Pero asistió á la gran semana de Reims, vio el entusiasmo del público por los aviadores, y pensó: ¡La primera aviatrin que salga se hace célebre! Lna mujer sedienta de popularidad es capaz de todo, y madame de Laroche no vio ó no quiso ver los peligros á que se exponía. Compró una máquina, tomó unas cuantas lecciones con los maestros más afamados, y se lanzó á la conquista de los aires... jAy, ven! ¡Ay, ven! ¡Ven á ver mi aeroplanito! K OL. París se asombró, las mujeres la envidiaron y los hombres la I JSBB mSKrTSSt f BF persiguieron... ¡Ellos, que hasta entonces no se habían fijado en lo adorable que era madame de Laroche! Su pojiularidad fué cues t ón de horas y sus triunfos sucediéronse sin interrupción... Madame de Laroche fué á tomar parte en el gran concurso de Bétheny, ya consagrada como aviatris de renombre universal... Y yo me explico lo que la sucedió... El aeroplano volaba, esbelto y elegante: la multitud aclamábala entusiasmada, y madame de Laroche debió gozar un instante de placer sin límites, de dicha inefable... ¡Era la celebridad! La suspirada celebridad! ¡El triunfo! Y he aquí que al motor le da la idea de detenerse de pronto, y el esbelto pajarillo cierra las alas y cae en tierra... ¡Y la pobre madame de Laroche se hace dos veces célebre... Mientras la recogían del campo de Bétheny, poco menos que en pedazos, seguramente algunas de sus amigas tararearían el ai e del cuplé de moda... ¡Ay, ven! ¡Ay, ven! i Súbete en mi aeroplanito! JOSÉ JUAN CADENAS.