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III Tres años después corrió por el pueblo la noticia de la muerte de Oliva. El fin de la rival llegó á oídos de Marta. D. Sebastián estaba inconsolable. Oliva había muerto al querer darle un nuevo sucesor. ¡Que se salve ella! ¡Que se salve la tierra fecunda aunque se pierda el fruto! -decíale D. Sebastián al galeno. Pero ella no lo quiso. Con el amor que sienten las madres por sus hijos, hasta por los que aún no han venido al mundo, lo sacrificó todo: ¡la vida! A los ocho días del alumbramiento murió Oliva... Y el niño se salvó. Rafael, el primogénito, y Sebastián, el nuevo retoño de los amores del hidalguillo, no volvieron á ver á su madre. La pena de D. Sebastián fué grande, honda, y su pena aumentaba á la vista de sus hijuelos. ¿Quién cuidaría ahora de sus nenes? -se preguntaba. Pobres huérfanos! Tan pequeños y ya sin el cariño de su madre! Marta apagó las. luces, sentóse en una mecedora, y dijo -Ven, Sebastián. El esposo obedeció. -Ya sé- -dijo Marta- -por qué estás triste. ¿Yo? -Sí, tú. ¡Marta... Callaron. De pronto, bruscamente, ella dijo: -Seba, stián, este hogar está muy triste y en él hacen falta las risas de un niño que le alegre. Trae á tus hijos! Sebastián escuchó sorprendido á su esposa. ¿Era aquello verdad? ¿Era posible tal sacrificio, tal abnegación... Sentíase humillado. ¡Y él había sido tan ingrato... ¡Pobre mujer! ¡Era una santa! Rodó por las mejillas de Marta copioso llanto. Aquel pesar tan hondo é intenso se resolvía en lluvia de lágrimas. Sebastián, sinceramente enternecido, pidió perdón. -Mo- -dijo ella, -que vengan tus hijos y te perdonaré. T. Ifi yíTl O Poco á poco aquel hombre, antes alegre y dicharachero, huyó de la divertida compaña de los amigos para volver al primitivo y olvidado hogar. Marta le observaba. Tiempo hacía que una ¡dea se había apoderado de la preterida esposa. Una noche de estío, después de cenar, estaban frente á frente Marta y Sebastián, pensativos y tristes. Durante largo rato reinó hondo silencio. Del campo venía un aire tibio y perfumado y la luna penetraba radiante por el ventanal. Dibujos de Regidor. El rayo de luna que por el ventanal entraba bañó la rubia cabeza de Marta con su claridad suave y formó sobre ella un nimbo de luz como el que llevan las vírgenes y los santos. Y con los niños en aquel hogar, hasta entonces triste y olvidado, brotó por vez primera la flor de la alegría. FEDERICO T H U J I L L O Pe nuestro Concurso de cuentos. Lema: Por si pega.