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piernas y sus manos tenían señales de haber sido I cómo, hallándome herido, debilitado por la pérdifuertemente atadas, y veíanse impresas en sus da de sangre y casi sin poder moverme, hubiera rostros las huellas de los cordeles con que se les yo podido unirme á esos infames bandidos. había sujetado la mordaza- -Es natural en vuestra profesión, ciudadano Francisco se apoyaba en el brazo de uno de los cabo- -dijo el Tuerto de Jouy, -creer fácilmente gendarmes; su palidez y la ancha y ensangrentada lo malo. Yo soy bastante conocido... Bueno que herida que surcaba su frente, le daban un aspecto uno se incline á veces á la holgazanería, á charlar más de lo necesario, á entretener á la gente ó á lastimoso. El segundo gendarme venía cargado con el ca- entretenerse uno mismo; puede uno ser aturdido, jón del buhonero y el pequeño morral del Tuerto curioso y aficionado á la botella, como os lo dirá tal vez el ciudadano Bernard; pero no es posible, de Jouy. La apariencia de aquellos hombres, tan distin- hablando con seriedad, que nos acuséis de ser ta de lo que se esperaba, cambió muy pronto las amigos de esos bandidos, que nos han ahogado, sospechas en conmiseración; en lugar de crimina- molido á golpes y tenido con el alma en un hilo les hallábanse con nuevas víctimas del atentado, no durante tanto tiempo. menos dignas de lástima que las otras, y al escuEl cabo mandó sacar de allí á uno de los acuchar sus lamentos acabaron de pronunciarse en fa- sados para poder interrogarlos separadamente; vor suyo las simpatías que su aparición había ya pero por más que empleó toda su habilidad, no despertado consiguió cogerlos en la más leve contradicción. Ambos afirmaron con el acento de la verdad- ¡Santo Dios! dijo Francisco con voz quejumbrosa. ¿Puede darse noche más horrible que que la víspera, por la noche, hallándose encerrala que acabamos de pasar? Pero- -añadió pasean- dos en el pajar y ya dormidos, habían sido desdo sus miradas por aquella escena de desolación pertados por un gran estrépito, y que varios homque presentaba la alquería- me parece que no he- bres, cuyo traje y facciones no habían podido dismos sido nosotros solos los que han sufrido... Y tinguir á causa de la obscuridad, habían entrado aun- -prosiguió reparando en el cadáver del mozo de repente, se habían arrojado sobre ellos y los de labranza, expuesto todavía en un rincón de la habían maniatado. Durante toda la noche, un centinela que se paseaba delante de la casa les sala- -hay quien ha sufrido más que nosotros. ¡Picaros! ¡Malvados! ¡Asesinadores! -gri- había impedido hacer tentativa alguna para estó el Tuerto de Jouy á su vez, amenazando con caparse y habían permanecido inmóviles hasta el puño á un enemigo invisible. ¿Dónde se ha que los gendarmes cortaron sus cordeles- 3 les visto atormentar así á unas pobres gentes duran- pusieron en libertad. te seis mortales horas? En seis meses no me salEsta relación, sencilla y natural, parecía verodrá el susto del cuerpo. símil en todas sus partes. El joven juez de paz y, Bernard no vacilaron, Y se dejó caer sobre una silla, á imitación de Francisco, que se había sentado con trabajo en un pues, en confesar que habían debido equivocarse creyendo reconocer en la noche precedente la voz mueble que yacía por tierra. Sin embargo, el cabo no parecía muy conven- del Tuerto y del buhonero. Pero á medida que parecían aminorarse los cido de la realidad de sus sufrimientos. Mientras escuchaba la relación de sus subordinados, les ob- cargos contra aquellos dos hombres, se aumentaservaba con una atención perseverante, que ellos, ban las desconfianzas del cabo. por su parte, soportaban con imperturbabilidad. Este, á falta de nuevos cargos, les preguntó El gendarme expuso en pocas palabras que ha- si estaban provistos de pasaporte. El Tuerto presentó acto continuo su carta de bía encontrado el pajar cerrado por fuera con llave, y á los dos hombres tendidos sobre el heno, seguridad, de fecha ya antigua, pero perfectaamordazados y agarrotados, en prueba de lo cual mente en regla, expedida por la municipalidad de Versalles, á favor de Germán Bouscaut, conocimostraba las cuerdas de que les había librado. Los aventureros, por su parte, exhibieron con do por el Tuerto de Jouy, de edad de diez y ocho apresuramiento sus brazos y sus piernas leve- años, ex aprendiz en la fábrica de telas estampamente acardenalados, con lo cual acabaron de das de Jouy, y en la actualidad jornalero. Vasseur examinó el pasaporte con atención, disiparse las sospechas de los circunstantes. Sólo le dio vueltas en todos sentidos y acabó por conel cabo persistía en sus dudas. ¿Es decir- preguntó con voz severa, -que frontar minuciosamente la filiación que contenía, suponéis haber sido también maniatados, y ne- con la persona del joven, que se prestaba tranquigáis toda participación en los crímenes de esta lo y sonriendo á todas las investigaciones. -Está bien- -dijo por último el cabo con exnoche? Urio de los acusados manifestó su doloroso presión de disgusto. Llegó la vez al Guapo Francisco, y Vasseur, asombro; el otro, la indignación de un hombre enterado por Daniel de la circunstancia del triple ofendido. -Miradme, pues, ciudadano cabo- -dijo el pasaporte, esperaba que el supuesto buhonero se Guapo Francisco; -ahí está el ciudadano juez de comprometiese por torpes negativas; pero no supaz, que os dirá en qué situación me ha encon- cedió así. Sin. duda, el Guapo Francisco había trado ayer en la carretera, y tanto, que sin él, á previsto el lazo, porque tomando un aire sencillo estas horas ya estaría yo muerto. He ahí tam- y candoroso, sacó del bolsillo la vieja cartera que bién la buena mujer que me ha vendado- -prosi- ya conocemos y la entregó al gendarme, diciendo: -Ya he explicado por qué me encuentro poguió volviéndose hacia la granjera; -y que diga