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MESA KÜJ Zm ADVERTENCIA p o r un olvido se dejó de consignar en el número anterior que es de nuestro Concurso de cuentos el titulado Un quemao de Juan B. Pont. Su lema es El pinar SOBERANOS POLIGLOTAS VERDADES Y MENTIRAS LA LIMPIEZA DE LAS CALOERAS p a r a facilitar la limpieza interior de las calderas, suelen; éstas tener unas aberturas del sistema que representa el grabado que acompaña á las presentes líneas. Las aberturas son de forma oval, y durante el funcionamiento de la caldera están herméticamente cerradas por un ingenioso procedimiento. TT odos los Soberanos son más ó menos políglotas. El Zar habla francés, alemán y algunos dialectos eslavos. Alfonso X I I I sabe el francés, el alemán, el inglés y el italiano. Guillermo II, el inglés, el francés, el latín, el polaco y muy bien el ruso. El emperador Francisco José, además del francés y del alemán, habla el húngaro, el polaco, el servio, el croata, el rutenio, el dalmato, el rumano, el italiano y sabe algo de hebreo. Víctor Manuel se expresa con la misma facilidad en, francés, y en alemán que en italiano. Eduardo V I I hablaba el alemán, el francés, el español, el ruso y el árabe. Fernando de Bulgaria h a b l a el francés, el alemán, el inglés y él ruso. Sólo hay dos jefes de Estado en Europa que no conozcan más idioma que el de su país: el presidente de la República francesa y el Sultán de Turquía. EL RELOJ M E M O R Á N D U M sencillísimo resorte, se fija al remontoir del reloj. Cada vez que se mira la hora, la placa de marfil en que se habrá hecho la conveniente apuntación, aparece ante nuestros ojos recordándonos aquello que no debemos olvidar. Para borrar lo escrito basta humedecer un dedo ó el pañuelo, pasándolo después por la placa, ó emplear una goma si se quiere hacerlo con mayor limpieza. DIVERSIONES RUMANAS La figura r muestra una caldera en que aparece una de dichas aberturas de limpieza. En la figura 2 puede verse aparte la tapadera que las cierra, advirtiéndose perfectamente el reborde que ajusta á la pared de la caldera por la parte interior. La tercer figura es una sección vertical de la pared, cuyo objeto es demostrar el sistema del cierre. El tornillo. A se encarga de sujetar sólidamente la tapa contra las paredes de la caldera por medio de una tuerca retenida por el puente B. En las grandes calderas estas, aberturas son de tamaño suficiente para permitir el paso de un hombre al interior. El cierre tiene en tales casos, dos puentes en lugar de uno TTrad icional es la costumbre de hacer un nudo en el pañuelo para ay. Jar á la memoria en sus importantes funciones. Este vulgar procedimiento suele fallar frecuentemente, pues el desmemoriado olvida con facilidad el asunto que le animó á emplearlo, y el nudo resulta inútil por completo. Otros medios existen para suplir la falta de memoria, tales como libros de notas y apuntaciones, que siempre son voluminosos y molestos, ó se olvidan sobre la mesa cuando sale á la calle quien los necesita. El sistema que vamos á describir es el más seguro y recomendable. Coiisiste, como puede verse en el grabado, en una pequeña hoja de marfil Ó celuloide que, por medio de un p n la Europa Oriental, regado por el Danubio y el Pruth, se encuentra el reino de Rumania, -cuyo pueblo, descendiente de una colonia romana establecida en Dacia por el Emperador Trajano, tiene costumbres pintorescas y pastoriles á veces. En tiempo de sol, en todos los pueblos y ciudades se ve el Dulap, especie de carróusel ó tío vivo, de primitiva construcción que se instala por gente que entre todos los jóvenes del pueblo ó del barrio pagan. Es el punto de reunión en que lucen las rumanas sus pintorescos trajes y donde se inician las amistades que terminarán en boda. Por parejas suben los concurrentes á esta rueda que pudiéramos llamar del amor, y que al girar va enrsdando más y más los hilillos invisibles de las almas. Los dulapyi, ó sea los que hacen mover la rueda, reciben algunas monedas de cobre por su trabajo, monedas que son tenidas como una promesa que hace el hombre á la mujer por quien las ha pagado. Dar la propina del Dulap equivale á nuestra promesa de matrimonio, representada por una sortija ó una medalla. Desde allí van las parejas á bailar la danza nacional, la Hora, al son de la zampona, especie de gaita más dulce que la española. La Hora tiene tiempo de mazurca, un poco más agitada y se baila en círculo, sin enlazarse las parejas que tienen número variable. Esta diversión dura tres ó cuatro horas. Los delantales bordados de las bellas rumanas, sus faldas de tela gruesa y obscura realzadas con los vivos colores de los bordados y cintas, los tocados originalmente sostenidos por listones, dan un aspecto alegre y bri-