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Qué de abrazos, qué de plácemes, qué de decirme j muerco para dos, de Saturnino Esteban Collantes; que había resucitado D. Ramón de la Cruz, y qué de Esos son otros Lopes, de Alvarez; La Carmañola, de asegurarme que yo venía pegando. Nocedal (hijo) que produjo tempestades de aplau- -Parece mentira que lUí joven tan bien educado sos y de prole- tas, y La mtierlc de Jesús, (b ania sapinte con esa fidelidad las costumbres de la gente cro de un joven i) oeta. Me acuerdo l) ien el acto priperdida de JN- ladrid. mero causó verdadero entusiasmo; la versificación, mí C ue no me digan- -exclamaban otros; -ese correcta é inspirada; el carácter de Jesucristo, maliombre se pasa la vida en las tabernas y en otras gistralmentc compuesto, y el ambiente de toda esta casas peores, porque si no, ¿cómo iba á saber trasla- jornada, simpático y religioso. Bajó el telón, y el pi idar á la escena esos dicliarachos y esas ordinarieces? blico, esos millares de ignorantes que sumados forman un sabio infalible, se entregó de. lleno, llamó al- -Pues yo le tengo por ima persona fina, porque autor y, en tma palabra, Itnbo para él palmas y oreesta mañana, al verme fregando los suelos de ias ja... Pero aguárdense un oco, que quiero contar á plateas, me ha saludado diciendo; A los pies de usustedes lo que pasó después. ted y esto no es muy frecuente en el teatro. Era la mujer del conserje, á quien yo saludaba Salió, en efecto, y desprendiéndose de las manos sienqjre con nmclia cortesía, porque han de saber de la inimitable Balbina Valverde y de las de Riustetles que los autores, al empezar su carrera, son cardo IVIorales, que fueron los que le sacaron á esmuy amal) les con todo el mundo, creyendo que capcena, se encaró con el público y dijo: tándose voluntades consiguen aplausos, aunque la -Respetable concurso: la ovación que me prodiobra sea detestable. Así es que yo fraternizaba hasta gáis en estos momentos es prematura; esta llamada á con la gente más inferior de telón adentro; tomaba escena en el primer acto la agradezco, pero la juzgo café (uno para los dos) con el cabo de comparsas, fuera de lugar y peligrosa, porque pudiera ocurrir pagándolo á medias, porque ni él ni yo teníamos que los actos sucesivos no fuesen de vuestro agrado cuenta corriente con el Banco fumaba pitillos y juy, entonces, decidme: ¿No quedaría yo en ridiculo gaba al tute con el avisador, y bromeaba (honestaviéndome rechazado después de haberme visto aplaumente, por supuesto) con la doncella de una de las dido calurosamente? Contened, pues, vuestro entuactrices, la cual me dijo una vez que la tiraba el teasiasmo y al final liquidaremos. tro y que cuánto la llevaría por escribirla un monólogo, porque si era cosa de cuatro pesetas, ó todo lo más de cinco, 3o dia ir haciéndolo. Durante aquella campaña teatral se estrenaron en el teatro á que vengo refiriéndome algunas obras que llegaron á merecer el aplauso iniblico, tales como Cortesanos de chaqueta, de D. Ildefonso Bermejo; Lope de Rueda, drama, de Eguílaz; Línea recta y línea curva, de D. Antonio María Segovia; Un al- El asombro fué general y extraordinario, porque un caso parecido no se había dado nttnca. Siguió la representación del drama, el público guardó un silencio profundo, y a! final ni llamó al autor ni le favoreció con el aplauso antes al contrario, salió diciendo: ¿Te has enfadado porque te hemos aplaudido el primer acto? Pues descuida, que mañana vendremos á patearle. Y cumplió su promesa, en justo castigo á la audacia cometida. Towís LUCFÑO. l) ¡l) i: jos de Medina Vera.